Tras la caída de la Unión Soviética y la revolución del 1989 en Rumanía, la calidad de vida cayó considerablemente en el país, provocando un éxodo de jóvenes, mayoritariamente a España e Italia, en busca de trabajo y mejores oportunidades.
Hoy, los rumanos son el principal colectivo foráneo, con ya más de 700.000 inmigrantes en nuestro país, de los cuales casi el 80 por ciento son trabajadores activos, porcentaje que se ha reducido considerablemente en este último año por efectos de la crisis, pero que sigue estando muy por encima de la media nacional. La juventud de esta población es la que explica su gran aportación a la seguridad social y a la hacienda española, ya que entre ellos sólo hay un 20 por ciento de personas inactivas (niños, amas de casa, tercera edad, etc.).
De este éxodo selectivo de los últimos años se han beneficiado también los profesionales del negocio del sexo, importando chicas de Rumanía y otros países del Este de Europa (República Checa, Hungría, Bielorrusia...) para trabajar como prostitutas, bailarinas o actrices eróticas. Han proliferado también las agencias matrimoniales que traen chicas a la carta por dinero.
Matrimonio a la carta
De un tiempo a esta parte, cada vez abundan más las agencias matrimoniales y de contactos que basan su modelo de negocio en ofrecer a sus clientes todo un catálogo de potenciales parejas venidas del Este.
Las agencias matrimoniales son una de las posibles vías de acceso para chicas del Este que quieren empezar una nueva vida en España. Las candidatas son seleccionadas por lo general a través de agencias de modelos, anuncios o el boca a boca de amigos y familiares. Las agencias publican una pequeña ficha de cada chica en sus páginas web junto a unas cuantas fotografías, por lo general de una cierta sensualidad pero sin forzar la barrera de lo políticamente correcto y “moralmente asumible”.
Generar confianza es básico, pues según cuentan algunos usuarios hastiados, el coste de conocer a una de estas chicas, ya sea viajando al país de origen o trayéndola a España, suele ser superior a 2.000 €. Eso hace que el perfil habitual de usuarios buscadores de novias a la carta sean hombres, de clase media-alta y de edades superiores a los 35 y 40 años que han perdido la fe en su atractivo y tiran de cartera.
Roberto, gerente de la página www.chicasdeleste.com , nos explica que “a veces hay hombres que creen que se trata de comprar una novia, cuando no tiene nada que ver con eso.” Y añade, “las chicas no vienen por sexo, vienen para ver si en el futuro pueden formar una pareja”. ¿Cuáles son los porcentajes de éxito? Según Roberto, “depende del perfil y de lo razonable que sea la búsqueda. Tener 50 años y buscar una chica de 22 que mida 1’80 es más complicado y menos razonable que, con la misma edad, buscar una chica de 35.”
Las chicas que suelen anunciarse en esta web son rusas, ucranianas, bielorrusas y checas, por este orden. Según Roberto, “esos son los países más representativos del Este y las mujeres son más guapas, que es lo que busca el 90 por ciento de los hombres: belleza y juventud, aparte de las cualidades intrínsecas de la mentalidad eslava, más familiar que la de las jóvenes española.
Prostitución
Ya en 2003, las bandas rumanas se habían hecho con el control del 70 por ciento de la prostitución en España y facturaban más de 18.000 millones de euros anuales.
El meretricio de jóvenes se alimenta del hambre de los países del Este, en gran medida, y de Rumanía en concreto. Es decir, que las principales víctimas de este entramado son las chicas rumanas bien parecidas que han proliferado en los prostíbulos y calles de nuestras ciudades. “Los mafiosos saben que las chicas del Este son muy rentables, porque suelen ser muy guapas, jóvenes y con cultura, y eso atrae a los hombres que buscan sexo por dinero”, según fuentes policiales de extranjería.
La captación de mujeres en su país de origen se hace a través de vecinos y familiares, anuncios de prensa y agencias de colocación. Su traslado se hace en pequeñas furgonetas, siempre vigiladas por miembros de la organización. Una vez en España, les quitan el pasaporte y las obligan a ejercer la prostitución en condiciones de virtual esclavitud para pagar la deuda contraída. Al principio, muchas jóvenes llegaban bajo el engaño de un trabajo agrícola o de asistenta de hogar. Últimamente la policía ha comprobado que “cada vez son más las que llegan sabiendo que se van a dedicar a la prostitución”. Sin embargo, lo que no esperan es la violencia que luego emplean las mafias contra ellas “para sacarles todo el jugo”, añaden desde la policía. Suelen permanecer encerradas en los clubes hasta que saldan la deuda. Mientras la abonan, no reciben ningún dinero. Cuando lo han hecho, la mafia que la controla vende a la mujer a otro grupo, que inicia con ella el mismo proceso.
Afortunadamente, en nuestro país existe una tirita para cada herida. Por esa razón, actualmente hay un centenar largo de asociaciones de inmigrantes rumanos más o menos operativas, con fuerte concentración en las comunidades de Madrid, Cataluña y Valencia. Con una de ellas pudimos entrevistarnos para conocer de cerca su labor en la lucha contra la explotación sexual y por la integración social de los inmigrados rumanos.
AIPE es una de estas asociaciones. Su presidenta, Ángela, tiene 63 años, pero a los treintañeros nos hace sentir viejos. Su gran vitalidad nace de la intensidad con la que vive su compromiso. A cada pregunta cierra los ojos y visualiza con emoción las historias de decenas de chicas que han llamado a su puerta pidiendo auxilio. Nos las cuenta casi sin respirar. Ella no se rinde, pero reconoce que “una vez están metidas de lleno es muy difícil sacarlas. Ganan demasiado dinero y no son capaces de plantearse un trabajo en el que ganar un sueldo normal.”
Después de sufrir los malos tratos de proxenetas y clientes, pierden la esperanza de una vida mejor y se rinden al día a día de una profesión que les trae dinero y poco más. No hay que olvidar que estas personas huyen de la miseria y en muchos casos, a pesar del calvario que se encuentran, les pintan bastos para volver.
Daniela, por ejemplo, se escapó del burdel donde vivía y trabajaba, y un tipo que la encontró la llevó a la asociación. Llevaba varios meses en Valencia, pero sólo hablaba rumano. Ángela la ayudó a contactar con su familia para que volviera a casa, pero sus padres prefirieron que se quedara en España, pues no podían mantenerla.
María, vino para trabajar y cayó en manos una red de trata de blancas que la obligó a prostituirse. “Al principio fue muy difícil, pero tras algunas semanas ya me había acostumbrado”, asume la joven.
Las chicas pasan de víctima a profesional en pocas semanas, por eso es muy importante una actuación inmediata. Se encuentran solas, en un país que no conocen, sin dinero, sin documentación, sin conocer el idioma, aterrorizadas por sus chulos y desinformadas, pensando que si denuncian serán deportadas o encarceladas.
Ángela nos cuenta que la mayoría utilizan las drogas y el alcohol para refugiarse. “Así pasan los días sin que te enteres”, confiesa Lucía, una nueva meretriz que al tiempo de estar aquí consiguió contactar con una amiga de Rumania que vino en su búsqueda. Las amenazas de sus proxenetas asustaron tanto a Lucía que pidió a su amiga que se marchara. No quería ponerla en peligro por nada. Además ella ya no tenía remedio, “ya no merece la pena”, le dijo Lucía.
Pornografía
Los países del Este, en especial Hungría y República Checa, son los referentes del porno europeo. De estos países viene gran parte del porno que consumimos en España y algunas de las actrices que se han hecho un hueco en nuestra industria. Podríamos decir, de forma generalizada, que en los países del este se hace porno barato y en España se trabajan producciones de calidad, con posibilidades de proyección internacional. La prueba está en que algunas de las actrices originarias del este europeo han acabado por trasladar su oficina a nuestro país, entre ellas, Boroka Balls, Angel Dark, Carla Cox, Candy Alexa, Olga Cabaeva, Sophie Evans, Lucy Belle, Rita Faltoyano, Tarra White o Jennifer Stone entre otras muchas, casi todas con nombres de guerra anglosajones para disimular un poco sus orígenes.
España es un país con unas cifras comparativamente altas de consumo de pornografía. Además, sobre todo a partir de los 90, ha proliferado una industria local de producción, distribución e incluso exportación de porno con epicentro en Barcelona. Sin embargo, esa vía empresarial se ha visto frenada en seco por Internet y por la crisis económica. Por si fuera poco, la puntilla se la está dando la competencia del porno facturado en el Este de Europa, producciones a veces un tanto “artesanales” pero que cuentan con dos argumentos irrebatibles: son baratas y pueden ofrecer quintales métricos de juventud y belleza.
Las diferencias entre pornografía y prostitución (sobre todo, por el estatus legal de la profesión en sí y por la situación y los derechos de quienes la practican) son obvias, aunque algunos consumidores poco atentos no acaben de percibirlas. Sin embargo, más allá de prejuicios, es cierto que ambas tienen un denominador común: el negocio del sexo. Forman parte de los dos reversos (el oscuro y el “luminoso”) de una pujante industria en la que, de un tiempo a esta parte, las mujeres del Este juegan un papel de una centralidad indiscutible.