sábado, 31 de julio de 2010

Canalleo PL

Guia Canalla México DF, la capital mundial del reventón

20/01/2009

Diego Abad

Guia Canalla México DF, la capital mundial del reventón

Ciudad sucia, caótica y salvaje, de narcos y modelos, México DF es una megalópolis de 20 millones de habitantes, el segundo núcleo de población más grande del mundo tras Tokio. Y además de todo lo anterior, es una urbe dinámica, viva y divertida, que no para nunca y ofrece muchísimo que hacer y que disfrutar.

En DF, siempre hay una fiesta en algún lugar. Solo tienes que buscarla. La gente suele salir de “reventón” los fines de semana, pero ya a partir del miércoles está la cosa muy animada, y los afters dominicales suelen alargarse hasta bien entrado el lunes. Los mexicanos que pueden, sólo paran cuando se desmayan.

¿Por qué esta fiesta continua? En primer lugar, porque en México DF hay pasta. Es la octava ciudad con más riqueza del mundo, y eso se nota. Los clubs son increíbles en todos los sentidos. Buen sonido, buen equipamiento y clientela guapa y con dinero. Las modelos abarrotan los garitos y el alcohol y la droga fluyen sin descanso. DF debe ser la ciudad del mundo con más dealers por metro cuadrado. Un ejército de chavales que sirven a domicilio y con una variedad casi infinita. Después del tequila, los venenos preferidos por los mexicanos son la mota (marihuana) y el polvo (coca). Un bolsón de marihuana te sale por 30 €, y seguramente no podrás ni terminarlo. Pero donde hay verdadera especialización es en el mundo de la coca. Aquí se vende en “pases”, que son medidas de entre un tercio y medio gramo. El precio va desde 3,5 € por la farlopa de peor calidad (similar a la española), hasta los 35 € que se pagan por la “lavada” con sello McArthur (la mejor calidad), una cocaína libre de impurezas, muy blanca y en polvo, que no ataca, no deja resaca y con la que puedes comer, dormir o trabajar. Además, se le añade aroma, y así puedes comprar “lavada” de coco, mango, fresa, maíz… Como contrapartida, es mucho más adictiva y hay gente en DF con verdaderos problemas con el polvo. Y así, con esta gasolina y esta galaxia de garitos, pues claro… ¡La fiesta no termina!

La Condesa

DF está dividido en colonias. La de la Condesa es la que está más de moda en este momento. Los modernos, los fresas (pijos), los artistas o los coolhunters siempre viven en la Condesa. Por ello, la colonia esta llena de bares, restaurantes y garitos enrollados.

Para empezar la noche con buen pie, es imprescindible pasarse por la Mezcalería La Botica. Mitad cantina de pueblo y mitad farmacia de diseño, este minúsculo establecimiento está consagrado a una de las bebidas más tradicionales de México, el mezcal. Conocida en todo el mundo por el gusano que lleva dentro la botella, el mezcal es una bebida radical e incluso peligrosa. Tres chupitos te trasladarán a otra dimensión. Cinco acabarán contigo. Se bebe acompañado de rodajas de naranja, habas fritas y chapulines (saltamontes churruscados). La Botica es parada obligatoria para guiris y mexicanos modernos. La música es impagable. Se puede escuchar desde Kiss a Paquita la del Barrio.

Si no te tumba el mezcal, puedes ir corriendo al Barney“s, acogedor local decorado en satén rojo. Muy poca luz y buena música. Aquí te puedes tomar una buena margarita y comer algo hasta las 3 de la mañana. Recomendamos sus patatas con queso y su increíble pizza. Una vez recuperados, hay que irse de “antros”. Los miércoles por la noche es imprescindible pasarse por el AM, que empieza a ponerse bien alrededor de las 3. Se trata de un mini-club ultramoderno y con unos controles de seguridad que asustan, pero una vez sorteados los matones, la experiencia merece la pena. El AM es el genuino garito de narcos y modelos. Todas las mujeres que bailan en la sala parecen salidas del Vogue. Sí, suena exagerado, pero así es. En contrapartida, todos los tíos del lugar parecen sacados de un capítulo de ‘Miami Vice’. Morenos, bajitos, descamisados y rodeados de botellas y mujeres. La combinación es increíble. Sensación de peligro mezclada con lujuria exacerbada, todo aderezado por dj’s de primera fila.

Al salir del garito, la gente va de cabeza a la taquería El Califa, que nunca cierra y es el centro de reunión de los noctámbulos de la Condesa. Llegar a las cinco de la mañana y ver el garito a tope es toda una experiencia. Tómate una michelada cubana (cerveza con limón, salsa inglesa y tabasco), un jugo de carne (impresionante) y unos tacos al pastor. Mientras devoras tus tacos, puedes investigar dónde va a haber una after-party. Debido a la inseguridad de la calle defeña a altas horas de la noche y debido al ciego que se maneja el personal, casi todo el mundo sigue el “reventón” en alguna casa. Unas bocinas (bafles), unas tornamesas (platos) y ya está montada la fiesta. No se conoce la noche mexicana si no amaneces dando botes en el jardín de algún lugareño. En los afters, los mexicanos muestran su verdadera personalidad y demuestran por qué son los jefes bebiendo tequila, fumando porros, esnifando polvo y comiéndose tachas (pastillas). Sirva de ejemplo mi anfitriona, una jovenzuela de Sinaloa que, en mi primer after, consumió sin pestañear cuatro botellas y media de tequila, además de distintos aderezos químicos. A la cuarta botella dijo: “Bueno, creo que ya me estoy emborrachando un poco…”

Viaje al Centro

La parte que más mola del DF es el Centro, los alrededores de la Plaza del Zócalo. Cuenta con la mejor arquitectura colonial española, calles estrechas, obras que parecen trincheras, gente peligrosa y garitos increíbles. En algunas guías, recomiendan no ir al Centro de noche, pero si no vas, te perderás una de las zonas de farra más auténticas de la ciudad.

Una buena manera de disfrutar del Centro es ir un sábado por la mañana y pasear por el mercadillo de la Avenida Insurgentes. Allí se puede comprar todo tipo de dvd’s y cd’s piratas. Lo tienen todo. También se puede comprar porno mexicano, un auténtico “ítem” de coleccionismo, dado que, al no haber una industria al uso, la pornografía mexicana se limita a sexo amateur con prostitutas. Los DVD están marcados en rotulador con la zona donde se han grabado. Por ejemplo ‘Hoteles la Condesa’, ‘Hoteles Centro’, ‘Hoteles Chapultepec’. Así, se puede ojear el talento que existe en cada barrio. En el mercadillo venden también “fayuca”, es decir, prendas piratas de primeras marcas. Toda una institución en México.

Después, es recomendable pasarse por alguna cantina de la zona a tomarse una cerveza y comer algo. Buenas opciones son El Nivel, una cantina que parece un bar español de Palencia en los años 70 y donde se han tomado un trago de tequila todos los presidentes mexicanos, o La Ópera, que conserva en el techo un balazo que pegó Pancho Villa un día de calentón. Las cantinas son sitios muy especiales y auténticamente mexicanos. Son bares de ambiente principalmente masculino, donde se va a beber y a cantar. En ellas siempre suele haber un par de mariachis que se pueden alquilar para que te toquen unos temas. Pero lo que más abunda en las cantinas son los borrachos. Borrachos mexicanos, ¡ojo! Si vas acompañado de una chica prepárate… Seguramente te invitarán a sentarte en alguna mesa y a beber sin tregua. Y cuando te piden que les acompañes, te están haciendo una oferta que no puedes rechazar.

Si estás por el Centro y toca, tienes que ir a ver las luchas. La lucha libre mexicana es un fenómeno indescriptible hasta que no se vive. Hombretones enmascarados, enanos, chicas en biquini, patadas voladoras, sillas voladoras, ancianas en celo, jovencitas en celo, chicarrones en celo, niños gritando, insultos, seguratas… Algo tan visceral y mexicano como aquí pueden ser los toros y el fútbol mezclados. El sitio para ir a ver las luchas es la Arena Coliseo, en la frontera con Tepito, el barrio más chungo. La Arena es como un circo setentón con bancos de madera y cuatro anfiteatros protegidos por redes que le dan un aspecto de Cúpula del Trueno madmaxiana. Se enfrentan rudos (los malos) contra técnicos (los buenos). La hinchada más salvaje de los rudos está en una jaula para evitar incidentes. Las luchas se repiten con increíble velocidad. El alarde físico es bastante increíble, pero todo se te olvida cuando ves a un enano salir volando y estrellarse contra el público después de recibir una patada voladora. No se si sería fingido, pero al enano se lo llevaron inconsciente en una camilla.

Después de la lucha y tras encargarle un pase a algún dealer, toca ir de ficheras. Las ficheras son señoritas, generalmente orondas y entradas en carnes, que bailan cumbia contigo a cambio de un precio, la ficha. Fuimos al Dos Naciones un sitio en verdad surrealista. Decorado con dibujos de la Plaza de las Ventas, el Obradoiro y asturianos con gaita, con una moqueta que había visto de todo y una maitre de dos metros y pelo rojo, el Dos Naciones es un sitio que hay que conocer. Gordos borrachos dormidos en la silla, viejos intentando meter mano a las ficheras, gente bailando cumbias agarradas en el escenario… El ambiente ultra casposo, la oscuridad, el olor a fritanga, las curvas de las ficheras… Todo un viaje.

Ya por la noche, si continúas vivo, hay que pasarse por La Perla. Decoración ultra kitsch y ambiente bizarro. El dj metido, literalmente, en una concha. Show de travestis con jitazos de Paulina o Raphael. Se ha puesto un poco fresa (pijo) últimamente, pero merece la pena conocerlo. Y para un ambiente más juvenil, más animado y más guay, El Patio de mi Casa. Situado en una destartalada vecindad, en un antiguo banco y decorado con unos increíbles neones, ofrece buena música, se liga mucho y la gente es guapa. Hay actuaciones en directo, ciclos de cortos, exposiciones y todas esas cosas modernas. El servicio de seguridad es excelente, ya que el lugar está situado en una zona bastante peligrosa. De hecho, salir del local todo ciego da un poco de miedo. Y si está la policía, aún más. Cierran cuando se cansa la dueña y echa a todo el mundo…

Y es que México DF es una ciudad inabarcable y salvaje. Esto es sólo una de las caras de la ciudad, pero hay más… Los puteros (puticlubs), las señoritas de la calle Sulivan, los raperos de Tepito, la movida punk del Chopo, los narcos suizos que mueven camiones de coca y recuerdos de la virgen de Guadalupe, la noche fresa y los garitos pijos, Coyoacán y su movida hippie y fumeta, las pulquerías, los tatuadores mexicanos, los dj’s que no duermen… México da para un libro entero. Lo mejor es sumergirse en su noche y dejarse llevar. Eso sí, hay que tener cuidado con los secuestros y siempre llevar 200 pesos en el bolsillo para un taxi. ¡No mames, güey!

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