jueves, 02 de septiembre de 2010

Canalleo PL

Nacho Vegas: “Soy de una generación gris, asexuada y cínica”

12/10/2009

Nacho Vegas: “Soy de una generación gris, asexuada y cínica”

El manifiesto desastre’ es el punto álgido de una carrera inusual en el rock patrio, la de un tipo que lleva mucho años en esto y que, a pesar de ello, sigue en lo más alto. Su nuevo álbum sigue bebiendo de sus fuentes musicales, desde el rock alternativo hasta los crooners posmodernos, y continúa agitando en público las obsesiones de su creador.

Representas bien a la estrella del rock moderna: no eres un machote de pelo en pecho, sino una persona con otra estética, con inquietudes culturales y literarias...

Aunque el rock sea un lenguaje muy joven, todo ha cambiado mucho. Cuando empecé a escuchar música, mis referencias eran grupos independientes de sellos como Creation. Aunque todos hayamos mamado de músicos de los 60 o los 70, vivimos en mundos muy distintos. Además, yo vengo de una generación que es una de las más grises y mediocres de la historia del rock. Una generación asexuada, poco activa, poco involucrada, que veía a la política con desapego y que impregnaba todo de cinismo y humor posmoderno.

Ese cambio se notó mucho en las letras. En la generación anterior a la tuya, se trataba de que las bandas fuesen honestas, que te contaran las cosas de la calle. Vosotros optasteis por otro tipo de sinceridad, la de desnudaros emocionalmente.

El rock es muy amplio, muy bastardo, admite caminos diferentes. Hoy, lo que era alguien como Rosendo lo podría representar gente como Estopa, que tienen ese rollo  auténtico y ese aire de barrio. Yo pertenezco a una generación y a un estrato sociocultural que está más interesado en la canción en sí. Pero esa tendencia ha existido siempre, lo que ocurre es que la figura del cantautor se percibe ahora como más cercana al rock.

Lo que pasa es que ese enfoque caía, en ocasiones, en el rollo pajillero.

Sí, es verdad que hablar de sí mismo era algo muy de los 90 y muy onanista: la gente de mi generación mostró mucho desapego hacia lo social. Creo que el error fue no darse cuenta de que cuando hablas de sentimientos interiores, tienes que contextualizarlos. Hay muchos autores que, aun siendo intimistas, incorporaban una visión del mundo en sus canciones. Y es de los que me siento más cerca.

Se nota en tu último disco. Donde además sacas partido a tus obsesiones, la fatalidad, la culpa, la rebelión contra el destino...

Es algo de lo que me he dado cuenta cuando terminé el disco, no era planeado. En realidad, en las letras domina el tema del paso del tiempo: cuando eres adulto intentas librar una batalla contra el tiempo que sabes de antemano que está perdida, porque eres consciente de que vas a morir. Pero eso no significa que esa batalla sea negativa. Es inútil,  pero las cosas importantes de la vida, la música, el arte, o el amor, también lo son.

Has colaborado últimamente con mucha gente, desde Christina Rosenvinge hasta Bunbury pasando por J, de Los planetas. ¿Te refugias en los demás o es que encuentras en esos procesos de colaboración algo que no te da tu carrera en solitario?

 En los últimos tres años he colaborado de manera profunda con mucha gente y siempre he salido enriquecido de la experiencia. Cuando hice el disco con Enrique Bunbury hablábamos de que en otras escenas, como la bossa nova o el jazz, algunos de sus obras cumbre habían sido discos en colaboración. Son trabajos de los que he aprendido mucho y que me han servido para mi carrera: su huella está en los discos que hice a continuación.

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