Playa del Carmen, la ‘capital’ de la Riviera Maya, la Ibiza mexicana, se ha convertido en uno de los centros lúdicos más importantes de la región. La playa de la ciudad está jalonada de bares, cafés y coctelerías que durante el día sirven como clubs de playa, con tumbona, sombrilla, música y un buen servicio de bar y comidas a precios asequibles. Tras la puesta del sol, se transforman en verdaderas discotecas al aire libre, con dj’s locales y grupos de rock, reeage, jazz… Y es que Playa del Carmen siempre tiene puesto el cartel de ‘abierto hasta el amanecer’, sea sábado, martes y domingo. Además, los locales se concentran en un espacio reducido, de manera que uno puede explorar el entorno por sí mismo y encontrar el tipo de diversión nocturna que más le atraiga sin apenas necesidad de desplazarse.
Un destino único
La Riviera Maya comprende el litoral caribeño mexicano que va desde Puerto Morelos, al sur de Cancún, hasta Sian Ka’an. En total, algo más de 150 kilómetros de costa, perfectamente comunicados por carretera que ofrecen al viajero un variado catálogo: los mejores y más suntuosos hoteles de ‘todo incluido’, los más acogedores y exclusivos hoteles de diseño de Playa del Carmen, o los pequeños y económicos alberges playeros que conservan el espíritu hippie que creció junto a la incipiente Playa del Carmen en los años 70 y 80.
Situada entre la península de Yucatán y la región sur de Quintana Roo, el área se define como un queso gruyer, por su composición de tierra caliza que, durante miles de años, ha ido hilvanando cientos de grutas, cuevas y ríos subterráneos, que se unen en más de 500 kilómetros de aguas limpias y frescas que circulan por el subsuelo y que, en innumerables puntos, salen a la luz en los denominados cenotes, enormes pozos excavados de forma natural que los mayas utilizaban para sus ceremonias y para abastecerse de agua.
El valor añadido de viajar a la Riviera Maya es la amplia oferta de excursiones a media jornada o jornada completa. De especial interés resulta la visita a Río Secreto, una cueva descubierta hace 20 años y que, en en los cenotes, coronada por lo general con la degustación de platos tradicionales de la rica gastronomía local.
No se queda atrás el parque natural de Aktun Chen, que además de una cueva seca (sin agua) de casi un kilómetro que nos permitirá explorar el subsuelo de la región y las formaciones milenarias de sus cuevas y cavernas, ofrece la posibilidad de nadar y practicar el snorkel en un cenote subterráneo de aguas cristalinas o dar rienda suelta a nuestra adrenalina con auténticos vuelos en tirolina a través de la selva, conociendo la fauna local y el terrario de reptiles.
Esplendor maya
Pero la culminación de cualquier viaje a la Riviera Maya debe ser, sin discusión, la visita a sus ciudades mayas. Desde cualquier hotel que hayamos elegido, el desplazamiento hasta Tulum o Cobá no nos llevará más de 30 o 40 minutos. La visita a grupos guiados de seis personas, permite recorrer una serie de galerías subterráneas con hermosos estanques (cenotes). Una buena alternativa a este cruce entre turismo naturista y de aventura consiste en visitar un poblado maya. Se trata de auténticas comunidades escondidas en la selva donde, además de entrar en contacto con la ancestral cultura maya, se pueden practicar actividades de aventura como rapel, tirolina, nado en cenote, canotaje… La guinda consiste en una ceremonia maya en los cenotes, coronada por lo general con la degustación de platos tradicionales de la rica gastronomía local.
No se queda atrás el parque natural de Aktun Chen, que además de una cueva seca (sin agua) de casi un kilómetro que nos permitirá explorar el subsuelo de la región y las formaciones milenarias de sus cuevas y cavernas, ofrece la posibilidad de nadar y practicar el snorkel en un cenote subterráneo de aguas cristalinas o dar rienda suelta a nuestra adrenalina con auténticos vuelos en tirolina a través de la selva, conociendo la fauna local y el terrario de reptiles.
Esplendor maya
Tulum es obligada, ya que se trata de una ciudad maya que se conserva casi intacta (pirámide incluida) en una de las playas de mayor belleza de todo el litoral caribeño mexicano. Hay que llevar bañador, ya que existe la impagable posibilidad de bañarse contemplando las ruinas.
También vale mucho la pena visitar Cobá. Esta ciudad interior, aunque cercana a la costa, cuenta con varias pirámides, incluida la más alta de la zona (42 metros, 120 empinados escalones), desde la que se disfrutan estupendas vistas. Cobá cuenta además con un pequeño campo de juego de pelota maya y diversas formaciones que se pueden ir visitando, a pie, en bicicleta o en ‘ciclotaxi’, hasta llegar a la pirámide principal.
Pero no acaba ahí la Riviera Maya. Además de los impresionantes y fastuosos hoteles de todo incluido, entre los que destaca el acogedor Barceló Maya Palace, la zona ofrece una variada oferta de hoteles de menor tamaño, tanto en la playa, como en la ciudad de Playa del Carmen, donde encontraremos algunas maravillas arquitectónicas que destacan por su acogedora atmósfera, discreción y elegancia, como el Deseo, el Mosquito Blue, el Lunata o el In Fashion. Los restaurantes de la zona son suculentos y económicos, no hay que alejarse mucho del centro de la ciudad para degustar la típica cocina méxicana y los pescados y mariscos frescos del día. Especial mención merece el restaurante de cocina maya Yaxche (en la calle 8), donde puede probarse el famoso café maya, flambeado en la misma mesa.
Para los más familiares, la Riviera Maya ofrece diversas ofertas de parques temáticos más o menos relacionados con la cultura maya. Xcaret es, probablemente, el más recomendable, sobre todo si viajamos con niños. Allí es posible bañarse en cristalinas aguas, hacer snorkel en arrecifes, nadar por ríos a través de impresionantes grutas subterráneas, hacer caminatas submarinas apreciando la fauna de la zona, disfrutar de restaurantes y de espectáculos e incluso nadar con delfines (actividad organizada en varios puntos de la Riviera por la empresa Delphinus).
Y es que la Riviera Maya vale la pena por su vida nocturna, su esplendor natural, su gastronomía, su oferta hotelera, su clima, su rico patrimonio cultural... Un destino, en fin, capaz de ofrecer a cada uno precisamente lo que busca.