Sabías que la Universidad de San Francisco tiene un curso sobre cibersexualidad? Ofrecen un enfoque académico, profesional y adulto sobre un tema tan cercano como es el ñogo-ñogo a base de unos y ceros. Ésa es la excepción, por supuesto. La norma es que los videojuegos traten el tema sexual con la misma sutileza que las películas de Carmen de Mairena.
Señoritas de pechos imposibles con atuendos mínimos adornan las carátulas desde hace más de 20 años. ¿Quién puede culpar a los chicos de márketing? El fuego quema, el agua moja, el sexo vende. Lara Croft no era sólo una fantasía, era un icono pop. Un icono pop, cariño. Hasta salía en conciertos de U2. ¿De verdad tengo que tirar su póster?. ¡Me censuras!
Desde que por primera vez alguien agarró firmemente un joystick con su mano vigorosa y comenzó a menearlo hasta conseguir explosiones de colores, video-juegos y sexo han ido ligados. Ligados, enrollados, acostados, resacosos y te juro que mañana te llamo, chatina.
La cosa comenzó con ‘Gotcha’, la cuarta recreativa de Atari, allá por 1973. La cosa consistía en encontrar a tu compañero a través de un laberinto. Hasta ahí, todo bien. Lo “raro” era que se controlaba estrujando unas tetas. Fue el primer juego que trajo controversia por razones que se desconocen. A lo mejor provocaba epilepsia. O el argumento era mediocre. O por las tetas. Quizá fueran las tetas.
Ésa no fue la primera ni la última maquinita guarrilla. De hecho, unos recreativos no eran unos recreativos si no tenían el juego ése en el que guiabas una nave espacial que descubría un fondo. ¿Y qué había en el fondo, se preguntarán nuestros pícaros lectores? Pues una prima política de Samantha Fox inmortalizada en un dibujo chusco, pero efectivo. Y, con las películas de la RTL de los sábados por la noche, pieza clave en la educación sexual de una generación.
Mientras tanto, en la intimidad del hogar, el tema de la sexualidad se enfocaba de manera no muy romántica. En ‘Custer’s Revenge’ para la Atari 2600, guiabas a un general Custer vestido sólo con sombrero, botas y pañuelo (lo mismo que llevo puesto ahora mismo) portando una majestuosa erección pixelada mientras esquivabas flechas hasta llegar a tu objetivo: una mujer india a la que, sí, violar. Como se puede uno imaginar, no sentó demasiado bien.
Lo que no hay que perderse
Los PC se desenvolvieron con más soltura con los “dos rombos”. Las aventuras conversacionales del principio de los tiempos dieron paso a la saga de ‘Leisure Suit Larry’, posiblemente la única que ha tenido reconocimiento por parte de la crítica esa sesuda, y en España el principal referente fue ‘La Colmena’, con dibujos del genial Alfonso Azpiri. Después, una vez que la gente se enganchó a ‘Los Sims’, comenzaron a salir clones guarretes: ‘Singles: Flirt Up Your Life!’, ‘Playboy: the Mansion’, ‘Primera Línea: Orgía en la Redacción!’ y tal. Mientras, las consolas se comportaron de forma bastante más mojigata. Como esa pareja que cena a tu lado en el VIPS comentando ‘¡Mamma Mia!’ y, mientras esperan el postre, se cogen de la mano sin mirarse siquiera a los ojos. Por esa época, Nintendo no quería ni una gota de sangre en sus juegos, así que las escenas de bukkake tuvieron que verse reducidas a mínimos. Tan sólo CD-ROMS como ‘Plumbers Don’t Wear Ties’ (‘Los fontaneros no llevan corbata’) se anunciaban como material “para adultos” sin serlo realmente.
Sin embargo, cuando los juegos se enfocaron a un público juvenil, mitad moderno, mitad pajillero, comenzaron a rebotar los primeros pechos tridimensionales. Miraras donde miraras, señoritas con problemas de espalda inminentes copaban el mercado. Daba igual el género, desde la lucha mano a mano hasta el motociclismo (‘BMX XXX’), cualquier excusa era buena para programar versiones digitales de posibles playmates. Y, justo, algunas heroínas se desnudaron para el PlayBoy, y la causa “¡los juegos no son para adultos inmaduros!” tuvo que esperar a que el cuarto de baño se quedara libre.
A día de hoy, sigue siendo impensable encontrar cartuchos con las siglas ‘MILF DP POV!’ al lado de ‘Imagina ser veterinaria’, así que los que quieran su dosis de chicha tienen que recurrir a los biquinis (‘Dead or Alive Extreme Beach Volleyball’ o el futuro ‘Onenchabara: Bikini Zombie Slayers’ para la Wii) o a las apariciones estelares de estrellas del porno (como la de Tera Patrick en ‘Saints Row 2’) y sabiendo que las escenas de sexo deben ocurrir a un metro escaso de lo que se muestra (‘God of War’) porque cuando se ve mambo, hasta Hillary Clinton se remanga la blusa y ordena convertir en estatuas de sal a todos los pervertidos. Por no hablar de los “tíos buenos” que se dividen en dos grupos: sensibles y andróginos o rudos marines del espacio. ¿Cuándo eliminaremos barreras y podremos controlar a un marine andrógino?
En resumen, que aún habrá que esperar unos años a que llegue la prometida realidad virtual con tórridas aventuras de chicas bávaras en trajes tradicionales. Mientras tanto, siempre nos quedará Internet: rumores bien fundamentados dicen que, buscando bien, puedes encontrar escenas de sexo ahí. ¡Uuuh!