Pensábamos hacer esta semana a Natalie Portman, pero al habernos enterado de que la niña ha perdido toda su credibilidad emparejándose con el cantante folk y piojoso Devendra Banhart, hemos optado por ir a una baza segura y mucho más jamona. Definitivamente, nos pone más Megan Fox.
1. Veintiún añitos tiene la criatura. Vale, está a punto de hacer veintidós, pero lo primero que no nos pone de la chica de “Transformers” es la edad yogur en la que se encuentra. Diríase que acaba de caerse del nido, y dentro de nada estará en plena edad legal. Morbazo, oigan.
2. Hablando de “Transformers”. Qué duda cabe de que lo más espectacular de la película de robots que se transforman en camiones dirigida por Michael Bay no son ni los efectos especiales ni las persecuciones, sino los planos en los que Megan aparece luciendo cacha y culo. Sale tan espectacular que ella misma bien pudiera ser un efecto especial.
3. Pero no lo es. Todo lo que lleva Megan Fox encima, su carrocería –siguiendo con el símil automovilístico, que no se nos ofenda nadie– es de verdad. Tiene uno de los cuerpos más jugosos que han aparecido recientemente en el cine comercial. Algunos detractores le critican que consiguiera el papel de “Transformers” por su cuerpo. Igual preferían a Barbara Streisand, ¿no?
4. Que sea la novia de Brian Austin Green, el actor que hiciera de David Silver en “Sensación de vivir” –y que ya tiene 34 años, le saca trece a su prometida y es todo un ejemplo práctico de asaltacunas– no nos pone nada, pero sí que nos pone el hecho de que a la joven Megan le gusten los hombres mayores. “Tienen más experiencia y eso es lo que busco”, explica. Y también más dinero. No es tonta la niña, no.
5. Vayamos a cosas que sí nos ponen: los morritos. Esos labios rojos y carnosos están a punto de desbancar a los de Angelina Jolie como los más deseados de Hollywood. Al próximo pinchazo de colágeno de la señora de Brad Pitt, se habrá acabado el juego y Megan habrá ganado.
6. Los ojos: esos ojos verdes, con brillo de faca, que se han clavaíto en nuestros corazones. Los ojos de Megan Fox son de lo más hipnótico y penetrante que se ha visto recientemente. Si a eso sumamos la mirada de niña mala y el aspecto de chica que no se anda con chiquitas, volvemos a insistir en lo dicho: morbazo.
7. Los tatuajes. El gran morbo de de Megan Fox recae sobre todo en su afición al tattoo, tanto es así que lleva varios dibujos repartidos por su cuerpo, algunos tan visibles como los que luce en el pubis, los costillares y su antebrazo (la cara de Marilyn Monroe, encima). En las películas se los tienen que eliminar con trucos digitales. Megan asegura que sus tatus van antes que su carrera, que si le dejan de dar papeles porque no gusta su aspecto se busca trabajo de otra cosa. Le encanta su tinta. (En la foto, mostrándolos en la portada de Maxim)
8. Más incluso sobre los tatuajes: la niña se ha escrito citas de Shakespeare en su cuerpo. Encima de estar buena, lee.
9. Desde que interpretara a Mikaela Banes en “Transformers”, su carrera se ha disparado. Pero antes tampoco le iba mal: es chica de portada recurrente en revistas para tíos con pasta com GQ o FHM. En breve nos gustaría verla en Playboy.
10. No hay más motivos, oiga. Está para mojar pan y punto.