¿Cuál fue el primer club que pisaste? Uno llamado Extreme, allá por 1997.
¿Qué le falta a la noche de Madrid? Una cadena de terremotos, para empezar de cero.
¿Y qué le sobra? Demasiadas cosas. Los proyectos más interesantes suelen quedarse en el tintero porque no encajan en la visión de los propietarios de las salas.
¿Qué es lo que te gustaría cambiar de tu sala? Los contratos de propiedad, para que estuvieran a mi nombre...
¿Cuáles son tus referentes nocturnos fuera de España? Rex (París), Liquid (Tokio), Cocoon y Robert Johnson (Frankfurt), Watergate y Maria (Berlín) y Fabric ( Londres ).
¿Cuál es la mejor sala de España, aparte de la tuya? Nuestros amigos de BeCool, en Barcelona, y grandes salas como Barraca (Valencia), Amnesia (Ibiza) o Fever (Bilbao).
¿Cuál ha sido el mejor dj que ha pasado por tu club? Larry Heard, Carl Craig, Anthony Rother, Steve Bug, Alter Ego...
¿Y el más antipático, borde, desagradable o poco profesional? Aunque me pese decirlo, uno de los componentes de 808 State, Darren, demostró muy poca profesionalidad.
¿Clubs o discotecas? ¿Por qué? Siempre clubs, sin ninguna duda. Para sentir toda la esencia de una artista, éste tiene que tener una conexión especial con el público, y creo que eso solo se consigue en espacios pequeños donde la cercanía y el ambiente facilitan esta sinergia. Además, el publico de los clubs suele estar más “educado” musicalmente y es allí donde el artista puede sacar su lado más íntimo en vez de dedicarse a mezclar el Top Chart de los más vendidos.
¿Existe el garrafón en la noche o es una leyenda urbana? ¿A estas alturas se siguen haciendo estas preguntas? Quien haya salido de copas y no le hayan dado garrafón que tire la primera piedra.
¿Cómo haces para trabajar y no caer en los peligros de la noche? En nuestro caso, vivimos por y para la música, es el único aditivo que necesitamos para sobrevivir. Hoy por hoy, la música electrónica es algo serio, aunque algunos retrógrados se quedasen con la copla de la “ruta del bakalao”.