No hay motivos para el pesimismo. En el último año, había llegado a decirse que el impulso revolucionario de series como ‘Los Soprano’, ‘Deadwood’ o ‘24’, que transformaron la televisión norteamericana hace casi una década convirtiéndola en algo mucho más fresco, moderno y excitante, estaba empezando a agotarse. Por suerte, en los últimos 12 meses se han consolidado en la parrilla un ramillete de series estupendas, de ‘Sons of Anarchy’ a ‘Dollhouse’, pasando por ‘True Blood’, ‘Mad Men’ y alguna otra que seguro que nos dejamos en el tintero, con lo que el panorama de la ficción catódica vuelve a ser de lo más sugerente. Por si fuera poco, incluso estamos asistiendo a la irrupción de nuevos canales por cable que previamente no se habían dedicado a producir sus propias series de ficción, como AMC, y de nuevos genios del formato hasta ahora semidesconocidos, como Vince Gilligan. Tras pasar cerca de una década trabajando como productor ejecutivo para ‘Expediente X’, Gilligan ha encontrado en AMC la cadena dispuesta a hacerle un hueco en la parrilla a una de sus ideas. Y el resultado es una auténtica maravilla, un caramelo repleto de incorrección política, humor subterráneo y amoralidad rampante que se titula ‘Breaking Bad’.
Un hombre rotoLa de Gilligan es una de aquellas series que exigen mucho al espectador, pero recompensan con creces el esfuerzo necesario para familiarizarse con sus nada convencionales personajes y seguir de cerca sus enrevesadas tramas. En ‘Breaking Bad’, asistimos a la historia de Walt (Bryan Cranston, padre de Malcolm en la estupenda sitcom ‘Malcolm in the Middle’), un profesor de química gris y pusilánime al que acaban de diagnosticar un cáncer de pulmón. El capítulo piloto nos mostraba ya como el profesor canceroso aparcaba sus escrúpulos morales y decidía dedicar sus últimos meses de vida a producir una droga sintetizada por él y venderla con la complicidad de Jesse (Aaron Paul), el más desastrado y canalla de sus alumnos. Según explica Gilligan, padre del concepto, "el punto de partida ya es de por sí chocante, pero aún lo es más comprobar cómo Walt va rebasando capítulo a capítulo fronteras éticas y morales para convertirse en un genio del mal". Ya la primera temporada, reducida a siete capítulos por la huelga de guionistas (lo que no fue obstáculo para que ganase cuatro Emmys, el mayor éxito de AMC como factoría de ficción en toda su historia), era rica en secuencias magistrales. Por ejemplo, la del primer asesinato de Walt, una decisión que le repugna y que pone al prueba sus penúltimas reservas de humanidad y decencia, pero que acaba aceptando en un alarde de coherencia con la lógica del relato y con la evolución del personaje. Sin embargo, es la segunda, la que está emitiendo en España el canal digital Paramount Comedy, la que lleva la serie a una nueva dimensión. Resulta magistral el progresivo protagonismo de Jesse, un completo gañán que, a medida que profundizamos en su patética vida, acaba transformándose en una especie de héroe trágico, capaz de inspirar en el espectador una extraña ternura.
Pero la clave sigue siendo Walt, uno de los personajes más ricos de la ficción televisiva contemporánea, perfectamente interpretado por un Cranston que se ha tomado el papel como la oportunidad de su vida. “Queríamos mostrar cómo Mr. Chips, el científico ingenuo y decente, se transforma en Al Capone, y queríamos hacerlo de manera sutil, provocando a cada paso que el espectador se pregunte qué hubiese hecho él en la misma situación”, explica Gilligan. Y Cranston va un paso más atrás: "En el fondo, ’Breaking Bad’ es ’Fausto’ traducido a la tele y a la sensibilidad contemporánea. Es la historia de un tipo que vende su alma, y al hacerlo, se sitúa más allá del bien y del mal. Se convierte en un genio melancólico". Una impresión reforzada por Alessandra Stanley, comentarista de televisión de ’The New York Times’, que da en el clavo al afirmar lo siguiente: "No sólo hay ecos de ’Fausto’, sino también de otros referentes de la gran tradición literaria como ’El Quijote’, con el que comparte el agudo contraste entre los dos personajes principales y el perfecto equilibrio entre comedia y drama". ¿’El Quijote’? Ahí queda eso