jueves, 02 de septiembre de 2010

Mundo PL

Juanjo Sáez

22/06/2006

Lydia Gopegui / Fotos: Juan Lafita

Juanjo Sáez

'El arte. Conversaciones imaginarias con mi madre' se ha colado en la lista de los libros más vendidos para sorpresa de su autor, un francotirador que durante años fue el azote de la modernidad desde las páginas de varias revistas. Ya instalado en la treintena, y después de superar una crisis de madurez, este brillante ilustrador sigue sin perder la ironía.

Es uno de los mayores talentos, en cualquier disciplina artística, surgidos de Barcelona en la última década. A sus 33 años, este ilustrador ha dejado de ser un ácido cronista de la modernidad y sus miserias para llegar al gran público gracias a ‘El arte. Conversaciones imaginarias con mi madre’, su segundo libro, donde explica con sencillez y humor qué aportaron Warhol, Duchamp, Chillida, Miró, Picasso, Dalí o Tàpies.

Su intención última parece desmitificar el arte y sacarlo de los círculos culturetas, y lo está consiguiendo: hasta Andreu Buenafuente le ha llamado para felicitarle. Con su primer libro, el absolutamente genial ‘Viviendo del cuento’, cerró una etapa en la que se dedicó a lanzar sus afiladísimos dardos desde diversas revistas contra el mundo de la moda, los clubs, la prensa gratuita, el diseño y la publicidad.

¿Este libro es una clase de arte para gente que dice “yo no entiendo”, como tu madre?
Hombre, yo no pretendo eso, porque el libro es muy subjetivo. Hoy precisamente me ha escrito un profe de arte para decirme que se lo va a recomendar a sus alumnos, pero hace poco leí una crítica de un tío que también era profesor y decía que él nunca se lo recomendaría a los suyos, porque no tiene rigor, etc.

Después de Warhol y Duchamp, ¿crees que en el arte ya está todo hecho, como dices en el libro?
En principio sí, pero también porque mi cabeza no da para más. Está todo hecho hasta que llega uno y te demuestra lo contrario. Pero, hoy por hoy, veo que todavía se chupa muchísimo de ellos. El ready-made, la instalación, todo viene de ellos. Cojo esto, lo pongo ahí y, ala, ya es arte.

En el libro criticas a la ilustradora Silvia Prada por copiar el pop-art. Supongo que lo mismo se podría decir de cualquier grupo musical que adopte un estilo del pasado. ¿No eres demasiado severo?
Sí, pero bueno, es un libro de humor y con monigotes. Hay que ser un poco tajante porque, si no, no tiene gracia. De todas formas, la música pop y el arte, para mí, son un poco diferentes. El arte de los museos lo entiendo más como un laboratorio de experimenta ción. Si no la hay, no tiene mucho sentido. Siempre puede llegar alguien que rice el rizo, que es lo que hizo Warhol con Duchamp, pero Silvia Prada se dedica a hacer pop-art con iconografía actual y a lápiz. Conceptualmente, no pone en crisis nada. Respecto a la música, tienes a los Beach Boys y, más tarde, a Teenage Fanclub, que tienen mucho que ver. Pero Teenage Fanclub tienen algo, no sé qué es, que te toca la fibra. Silvia Prada no sé si ha aportado algo que no sea hacerlo a lápiz.

¿Cómo definirías tu estilo para alguien que no te conozca?
La gente suele decir que es naïf, y realmente tiene que ver mucho con el dibujo de los críos. Pero yo lo veo más como un estilo despreocupado, sin pretensiones de que quede bien, sin vir tuosismo. También puede ser una caricatura, pero sin caer en buscar el parecido. Sólo busco un dibujo que se entienda y que tenga gracia.

En el libro dices que te has inventado tu estilo para no crecer, pero que ahora se ha vuelto en tu contra. ¿Me lo explicas?
Lo que se ha vuelto en mi contra es no crecer, más que el estilo.

Tiene que ver con tu vida, entonces.
Sí, con mi carácter. Y creo que es algo muy generacional, a algunos amiguetes también les ha pasado. No quieres crecer hasta que un día te das cuenta de que tienes que manejar tu vida.

¿Cuándo te diste cuenta?
Hace tres o cuatro años. Entré en la crisis de la madurez y se me cruzaron un poco los cables (risas). Lo pasé mal, lo pasé mal… Ansiedad y cosas de esas.

Tampoco tienes muy buena opinión de la educación. Dices que nos deforma para ser útiles a la sociedad.
Sí, es que en el colegio lo pasé fatal.

¿Suspendías muchas?
Todo (risas). Hasta la gimnasia, todo. Pero bueno, con el tiempo me he dado cuenta de que no soy tonto. Igual es que no encajaba bien en el sistema, con el tema de las obligaciones y tal. A mi madre le ponían la cabeza así diciendo que era un vago, un tonto, que no iba a llegar a nada… Y me da rabia porque ahora, joder, dibujando y haciendo el tonto (risas), a la gente le gusta lo que hago. También he visto que no era el único: a muchos de mis amigos les pasaba lo mismo.

En cambio, hablas muy bien de la Escuela de arte y diseño Massana de Barcelona, donde estudiaste.
Sí, porque allí todo lo que se salía de lo normal les parecía genial. Pero también es chungo porque cuando sales te chocas con la realidad. Está bien estar allí aislado porque permite desarrollarte en tu capacidad, que no sirve para nada (risas). Así que, cuando sale, mucha gente se pega la hostia.

Sobre los críticos afirmas que el que no siente no vive, y acumular y analizar datos no es vivir.
Sí, eso lo veo mucho. Hay mucho cerebrito de esos que saben un huevo y se pasan el día en casa leyendo o escuchando música o viendo películas. Y por mucho que vean o escuchen, luego no han vivido nada. Está bien que lo hagan, pero estar aislado, en tu realidad virtual… Hay que vivir.

¿Lees críticas?
Sí, me interesan para informarme. Pero la crítica actual de temas populares, tipo música y cine, la veo muy dirigida. Hay muchísimas que cuando acabas de leerlas no sabes si al crítico le ha gustado o no. Por citar un nombre, Quim Casas es el ejemplo de crítico frío, que sólo se moja cuando no pasa nada si se moja. A mí eso no me gusta, prefiero tener claro el criterio de cada crítico y saber que lo que uno deja bien, a mí no me va a interesar. O al revés, que coincido bastante con el criterio de otro. Y de la crítica de arte paso olímpicamente, porque para empezar me cuesta entenderla. Las referencias son siempre súper rebuscadas y no me fío nada.

En tus dibujos sueles escribir una dirección de e-mail. ¿Te envían muchos? ¿Los contestas a todos?
Hago todo lo posible, pero a veces ha pasado un mes y no los he contestado todavía, porque se acumulan. En general es gente que me sigue y son de buen rollo, aunque también los hay que te cuestionan y eso. Para mí es una forma de ver cómo funciona mi trabajo, qué gusta más y qué gusta menos. Es mi estudio de mercado.

¿Cómo será ese libro sobre música que tienes planeado?
Quiero hacer un falso documental, una biografía inventada. Algo así como ’This is Spinal Tap’ [el film de Rob Reiner] en libro. Pero hasta que lo acabe igual han pasado dos años o más, porque hacer un libro es una matada. Y encima no ganas dinero...

 

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