Animal Collective: “Lo último en que pensamos es en vender discos”
Son raros, pero no ejercen. Al contrario, los cuatro miembros permanentes de este colectivo de músicos de Maryland se definen como gente normal, fans de la psicodelia, el ruido y el invierno. Gente que sólo puede parecerla rara a los fans de Beyoncé. A los que todavía no se han rendido a la evidencia de que el futuro de la música son ellos.
Cada cierto, tiempo surge un grupo capaz de lograr que israelíes y palestinos se pongan de acuerdo, que Esperanza y Alberto bailen un agarrado y que Pin perdone a Pon. Animal Collective son el consenso musical del momento, el grupo que no puedes permitirte el lujo de no entender. Se formaron hace una década en Baltimore. La idea primigenia era, simplemente, convertir en plástico las canciones de Noah Lennox, quien se acogió al sobrenombre de Panda Bear (Oso Panda). El experimento salió tan bien, que el colectivo de colegas se convirtió en grupo. Arrancaba el nuevo siglo y, mientras el mundo estaba fascinado con The Strokes, estos colgados iban a lo suyo, mezclando psicodelia y electrónica, pop lo-fi con hip hop.
Hoy, Animal Collective, esa dinámico combo que escribe las canciones a través del email, que varía de formación en cada gira, es la banda que define estos tiempos: “Bueno, eso igual es una exageración. La verdad es que no creo que sea tarea nuestra medir la repercusión del grupo, pero sí es cierto que la banda ha crecido y que esto aún sigue siendo divertido”, comenta Avey Tare, el segundo miembro del bestiario que más éxito ha tenido en solitario tras Panda. Junto a Tare, tenemos a Geologist, el primero en apostar por las canciones de Panda. No tiene muchas ganas de hablar. Mira por la ventana del hotel y se congratula de que, por primera vez, “venimos a un festival en España y no tocamos de a las 4 de la madrugada”.
Después de ocho discos, Animal Collective parecen, por fin, asomarse al mainstream. Eso sí, la tecnología 3G aún no alcanza para convertir los temas de estos tipos en politonos. ‘Strawberry Jam’, el largo que editaron en 2007, fue el primero en entrar en el Billboard norteamericano, mientras que ‘Merriweather Post Pavillion’, su más reciente referencia, lanzado el pasado mes de enero, alcanzó el puesto 13 de las listas yanquis. Han actuado ya un par de veces en late night shows como los de Conan O’Brien o David Letterman y la gente que no sabe qué cojones es Pitchfork (web yanqui de jóvenes con sobrepeso y acné que es la Biblia del esnob musical) empieza a saber qué es Animal Collective. “La popularidad no es algo que nos preocupe demasiado. Hacemos esto porque creemos en ello y nuestra visión siempre ha ido mucho más allá de lo comercial. Cualquiera que escuche nuestros discos sabrá que no están hechos para vender”, comenta Tare, que acepta con una sonrisa que su banda es difícil de entender y realmente jodida de disfrutar en directo. “Esto último ha cambiado. Ahora ya no nos dedicamos a joder a la gente interpretando sólo canciones que no conocen”. Geologist deja un segundo de observar el tráfico y decide iluminarnos sobre aquello de que Animal Collective son una banda difícil: “Depende de lo que entiendas por difícil. Si eres fan de Byoncé, igual te parecemos indescifrables, pero es que lo fans de Beyoncé no nos importan”. De hecho, el grupo ha parecido siempre algo más interesado en lo animal que en lo humano, suponiendo, claro, que los fans de Beyoncé sean humanos. “Eso es algo que está por determinar”, aclara Avey Tare. “La verdad es que siempre nos ha interesado mucho la naturaleza. Nos preguntan por nuestras influencias musicales. La verdad es que me siento mucho más influenciado como músico por las tormentas de nieve que sufría de pequeño en Maryland que por otras bandas. Somos fans del invierno y de lo impredecible del mundo animal”.
Después de ocho discos
Más expansivos que antaño, con más ganas de comunicarse. Así nos llega la última y siempre provisional reencarnación de este colectivo. Hiperactivos y en constante fase de crecimiento, estos tipos afirman que, aunque pueda parecer lo contrario, sus discos son bastante fáciles de grabar. “Tendemos a entra en el estudio con las cosas bien claritas. Nos gusta improvisar, claro, pero si surge una idea durante el proceso de grabación, lo más normal es que la guardemos para próximos discos”. Y lo más probable es que, cuando ese tema se edite en el futuro, El Guincho o Ruby Suns corran a copiarlarlo. “Tenemos un plan”, comenta Tare, “ya hemos empezado a hablar en nuestras canciones, por ejemplo, de tareas domésticas. Queremos hablar de los temas menos comunes y menos estéticos posible para que a nadie se le ocurra escribir jamás un tema sobre pasar la fregona. A nivel personal, debo decirte que las tareas domésticas me relajan mucho. No son nada rock and roll, pero es que nosotros no somos nada rock and roll”. Su compañero asiente. “Al principio, la gente no comprendió demasiado bien cómo éramos. No entendían la obsesión con la naturaleza y la manera de componer y grabar que teníamos. Nos acusaron de infatiles o de bromistas, pensaban que todo en Animal Colelctive era un gran chiste. Cuando vieron que sacábamos muchos discos y que no respetábamos los tiempos de la industria, nos tacharon de, no te lo vas a creer, vagos. Decían que era tan fácil lo que hacíamos que por eso podíamos editar un disco cada diez meses”. Este año, de momento, no hay disco de la banda previsto. El éxito de Merriweather ha sido tal que el grupo va a seguir de gira, añorando planchar en casa y pensando en el film en el que van a trabajar junto a Danny Perez. Las cosas en el colectivo animal jamás se están quietas. Ya lo dijo Darwin.