sábado, 31 de julio de 2010

Música

Lady Gaga: súper pornodiva 2.0

16/02/2010

Tito Pullo

Lady Gaga: súper pornodiva 2.0

Seguimos repasando la vida y milagros de auténticos canallas de museo con un viaje a Lady Gagalandia, paraíso del sexo, la provocación y el desenfrano más exquisitos.

Madonna, guapa, retírate. Tu pellejo alisado por el bótox, tus brazos con más venas que la polla de Nacho Vidal y tu rollito místico-cabalístico –por no hablar de tu afición a adoptar churumbeles por la selva– empiezan a darnos ya un poquito de asco. Fuiste grande, sin duda; normalizaste el sexo desinhibido en el pop de consumo e hiciste de la provocación una de las bellas artes, pero resígnate: a menos que te reinventes, que eso lo duda todo el mundo, ahora eres un fósil que ha perdido la gracia, la chispa y hasta el morbo sexual. Puestos a imaginarnos un doggy-style con una GILF (abuela a las que me follaría; o sea, una MILF de más de 50), nos pone más Carmen Lomana, que por tener tiene hasta estilazo y cultura. Y, sobre todo, querida Madonna nuestra, puedes retirarte porque ya está aquí Lady Gaga. Porque ya tienes heredera. Y te va a jubilar.

Lady Gaga: esta mujer va directa a barraca. La única que ha visto claro que no valen las medias tintas, y más en un momento como éste, en el que el poder de la comunicación lo tiene Internet. Antes, para escandalizar, publicabas un libro en el que se veía tu arbusto negro y abierta de patas, que encima el libro costaba un dineral. Ahora, te metes una cuña en la entrepierna, la haces pasar por pene, y te subes a un escenario para que alguien lo grabe con el móvil y lo cuelgue en YouTube. El momento crucial en el éxito repentino de Lady Gaga estuvo ahí. O el guionista que le diseña la carrera es un genio, o ella es así de retorcida. El caso es que ya no se habla ni de promiscuidad, ni de ser bisex, Lady Gaga lo que derribó fue el mito del hermafroditismo. “Soy hermafrodita”, declaró a una televisión alemana, entrevista que al día siguiente fue recogida por todos los periódicos del mundo –y todos picaron–. “Tengo coño y tengo un pequeño pene, y es genial, porque así puedo disfrutar de dos maneras distintas”.

En efecto, el público de uno de sus conciertos apreció un bulto allí donde Lady Gaga debería tener una concha rosada. Existen también fotos donde se le ve marcando paquete como un vulgar chulazo de discoteca. En realidad, sería papel de váter, o un trozo de cartón acabado en punta redondeada, o un calcetín, pero consiguió que se hablara de ella. Porque Lady Gaga siempre busca maneras de que se dispare el gossip, siempre forzando los límites del escándalo. Uno: drogas. No ha llegado a hacer apología de ellas, pero se lo ha tomado todo, y este pasado verano en Ibiza se coló en todos los reservados, en todas las alcobas y en todos los bares que pudo. Subía al escenario con una mierda como un piano encima.
“Soy joven y me gusta pasarlo bien”, es lo que dice siempre. No en vano, nació en el pueblo de Yonkers (Nueva York): seguro que se le pegó algo del nombre.
Dos: Lo curioso es que mezcla este desenfreno tóxico con declaraciones del tipo “me debo a Dios, soy una persona muy espiritual y creo en un poder superior”, que está claro que sólo las da para insistir en su imagen retorcida.
El cóctel de vicio y religión siempre vende bien. Tres: y lo que faltaba, sexo. Lady Gaga utiliza su cuerpo como herramiento de trabajo, ya sea vistiéndolo con trajes imposibles –“siempre he tenido un gusto rarito por la ropa”–, decorándolo con tatuajes –“pienso en mi cuerpo como en un lienzo en el que dibujar obras de arte; tengo siete tatuajes y me haré más: el próximo, una virgen de Boticelli que me ocupe toda la espalda”–, desvistiéndolo y mostrando lencería de puta y, por último, follando por todos los orificios.

“Estoy soltera y no tengo que dar explicaciones a nadie de lo que hago”, ha dicho en más de una ocasión. “Me encanta el sexo y follo todo lo que puedo. Me da igual con quién, si son chicos o son chicas, porque me gusta todo. Normalmente lo hago con los músicos de mi banda, porque están ahí al lado y todo es más fácil”.
En conclusión: Lady Gaga no está gagá, claro que no; es más lista que el hambre y ha dado con la fórmula para subir como la espuma en apenas un año. No ha tenido que acudir a tópicos del lolitismo como Britney Spears o Christina Aguilera, a las que ya se les marchita el sex-appeal: ella simplemente ejerce de zorra robotizada, llevando al show business la estética de las suicide girls –delgada, con pocas tetas, viciosa, muchos tatuajes, algún piercing; para muchos hombres, aunque luego Lady Gaga sea un callo de cara, la suya es una imagen de morbo extremo–, y aprovechándose de la comunicación viral para extender el escándalo y ganar publicidad.

Ella es, pues, la genuina zorra 2.0. Vende sexo y materalismo en grado extremo. Del sexo ya hemos hablado, y lo del materialismo es la guinda del pastel. ‘The Fame’, su primer disco, publicado en 2008, no sorprendió a nadie al principio. Pero empezó a funcionar su primer single, ‘Just Dance’, electropop con sintes analógicos, voz ronca, flow de pop negro y videoclips en los que sale gente vomitando, forrada de pasta, en orgías de alcohol y drogas, pura glorificación del consumismo y la vida ociosa. Después ya fue el álbum el que empezó a vender, y ella fue complicando los clips con coreografías imposibles –baila con muletas en ‘Paparazzi’, la muy sucia–, referencias al lujo, las joyas y el dinero, y se convierte en una superventas aúpada por su márketing políticamente incorrecto.
Ahora, la versión expandida del álbum, ‘The Fame Monster’, que acaba de publicarse, viene con una única intención: coronarla como reina del pop de masas y apuntalar el último clavo en el ataúd de Madonna. ¿Lo conseguirá? Como mínimo, estará cerca. Es demasiado lista como para no obtener resultados.
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