sábado, 31 de julio de 2010

Música

Spotify, el futuro de la música en la Red

30/11/2009

Spotify, el futuro de la música en la Red

Spotify es el último grito en lo que a música en la Red se refiere. Su premisa no es, en esencia, muy distinta a las de Pandora o Last FM, servicios de música online en stream con capacidad de administración de listas, creación de grupos y demás adornos modernos que ejercen de sustitutos más o menos eficaces de todas esas cosas que perdimos en el fuego del peer to peer, cuando cambiamos el loro por el ordenador, la funda del álbum por la carpeta de Windows y la tienda de discos de segunda mano por la papelera de reciclaje. Pero Spotify ha conseguido revolucionar las cosas gracias a su amplio catálogo y esa indisimulada vocación de dominación mundial que pregona en los medios su creador, el sueco Daniel Ek. Y también, por qué no decirlo, a las prisas propias de nuestro tiempo, a esas ganas locas que tiene todo el mundo de ser testigo en primera persona de grandes revoluciones casi a diario. A la ansiedad de la industria y a la impaciencia y efervescencia online de las audiencias podemos atribuir el terremoto Spotify, un sistema que no sólo amenaza con enterrar la adquisición de copias físicas por humanos menores de 40 años capaces de recordar el nombre de todos los integrantes de The Replacements, sino incluso la descarga legal de archivos. La eficacia del programa es tal que ha logrado anular el buffer, eliminando las pesadas esperas y con ello las pocas razones que a uno le puedan quedar para pagar 1 euro por el nuevo tema de Katy Perry o un poco más por todo el ‘Dare’ de Human League para sentirse luego estúpido por haberse gastado el doble en el de Little Boots.

Una herramienta eficacísima

El software de la aplicación comenzó a desarrollarse en 2006 y empezó a ser operativo a finales de 2008, aunque en sus inicios sólo era accesible por rigurosa invitación de otro usuario. A principios de este año, se ofertó la posibilidad de abrir cuentas, tanto en la modalidad gratis (y con anuncios) del soporte, como en la de pago, libre de anuncios. Los formatos de suscripción varían según territorios, lo mismo que las tarifas y duración de los anuncios. En la actualidad, el programa almacena casi 4 millones de canciones, en una representación algo dislocada e interesada de tanto la historia como la actualidad del pop internacional. Algunos artistas, como Bob Dylan, han retirado parte de su catálogo, reduciendo a la mínima expresión su presencia en Spotify, mientras que otros, sospechosamente no pertenecientes a ninguna de las grandes multinacionales del disco que según se rumorea son accionistas de la página sueca, no están ni representados. Otros creadores de perfil comercial más moderado han retirado sus temas, pues las reproducciones que veían contabilizadas de su obra no coincidían con los cheques por royalties que les llegaban al buzón. AC/DC, Metallica, The Beatles o Led Zeppelin se niegan, de momento, a ser incluidos, pero el catálogo ofrece la discografía completa de Madonna o Eminem, así como más de 1.000 temas de viejas glorias casi sepultadas en el recuerdo como Stevie Wonder.

El crecimiento de Spotify desde principio de este año ha sido descomunal, creando esa mezcla de estupor, terror y avaricia que cualquier novedad relacionada con la música online produce en artistas, sellos, consumidores y cada vez más supuestos emprendedores. Si la industria del disco murió cuando los abogados suplieron a los fans de la música en los puestos de responsabilidad de los grandes sellos, la música online parece que dejará de ser cool y libertaria bien pronto, cuando las firmas de mayonesa con afán expansivo sustituyan a los hackers iluminados.

Éxito descomunal

Según Daniel Ek, cada día se dan de alta más de 50.00 usuarios y éstos pasan conectados al programa casi dos horas diarias. Tras conocerse la muerte de Michael Jackson, sólo en el Reino Unido, los clientes de Spotify reprodujeron sus canciones la friolera de 10 millones de veces en poco más de 20 horas.
Con estos datos, el sueco espera atraer cada vez más anunciantes. “La razón por la que creo que podemos ser eficientes gracias a los anuncios es que ofrecemos un contenido de calidad, no como YouTube, donde puedes ver un buen vídeo o programa de tele, pero luego toca un tipo hurgándose la nariz en su cuarto de baño”, comentaba recientemente el sueco, quien, a pesar de no ocultar sus ambiciones comerciales, mantiene el compromiso de 15 segundos de publicidad cada 25 minutos, algo que, según muchos usuarios, parece no cumplirse  “La compañía vale hoy 220 millones de euros [Ek y su socio, Martin Lorenzon, invirtieron 8 en su creación], pero no pienso venderla por ese precio, ni por ninguno. Creo que poseemos el mejor soporte publicitario de la historia. El gusto musical, la edad y la procedencia son claves para definir el target, y nosotros ofrecemos todo eso”. El tipo está tan seguro de la solidez de su apuesta que no utiliza agencias de publicidad ni centrales de medios para gestionar los anuncios de Spotify, y se niega a crear campañas de publicidad para promocionar su producto. ““Preferimos gastarnos el dinero en mejorar la calidad del programa”, afirma rotundo.

Un elemento que ha ayudado sobremanera a convertir Spotify en el fenómeno que es hoy es, sin duda, sus aplicaciones cercanas al concepto red social, mezclando de manera brillante el vouyerismo de Twitter con el exhibicionismo personal de FaceBook. Así, diarios como ‘The New York Times’ o ‘The Guardian’ ya se han hecho eco de las listas de canciones que algunos famosos han colgado en Spotify. Desde Ed O’Brien (Radiohead) hasta Mark Ronson han confeccionado playlists en esta red, permitiendo de este modo que todos sus fans sepan qué les interesa y qué piensan que debe interesarles. Puedes saber qué escucha en cada momento cada miembro de Sugababes y, además, darle un repaso a los temas favoritos de la redacción de blogs y webs musicales de medio mundo.

El único hándicap con el que se enfrenta Daniel Ek, además de la reticencia de algunos sellos y artistas –un problema a extinguir, si consideramos la historia reciente de la industria musical- se halla en la no portabilidad de su producto. Los responsables de este programa están trabajando a marchas forzadas para tener resuelto el problema  antes de su lanzamiento en EE UU, donde deberá competir con opciones similares ya asentadas en

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