La mancha blanca A Angela White hay que quererla

Elisa y su mancha blanca se centran esta vez en la australiana de los pechos superlativos, una espectacular pantera en celo que, además exuda ternura y pide a gritos ser abrazada y ser querida como solo ella se merece.

Angela White
Elisa Victoria | 25/01/2018 - 17:38

En lo de que a Angela White hay que quererla caben dos imperativos, y los dos son muy importantes.

El primero tiene que ver con lo irremediable del asunto para todo aquel que la mire y tenga aunque sean veinte gramos de corazón latiendo en el pecho, y no lo digo por esas sensacionales pechugas. La exposición de su vulnerabilidad la hace todavía más poderosa y al mezclarse la ternura con la admiración eclosiona un indicio de enamoramiento. Es el destino, sucede.

El segundo tiene que ver con las necesidades de la propia Angela. No vale con tratarla de cualquier manera. Ante ella nos estamos enfrentando a un bicho que reúne las características más bonitas del mundo humano y del salvaje, si es que alguna vez estuvieron separados. Es una pantera en celo, la más cariñosa en kilómetros a la redonda, en constante contacto con su cuerpo físico y sus sentimientos.

 

Lo que ella merece

Bajo sus vídeos hay comentarios llenos de aprecio y no sólo hacia su cara preciosa y sus tetas enormes. Los fans hablan de su capacidad afectiva, de que sus compañeros de rodaje deberían mirarla más a los ojos, abrazarla más fuerte, mantener las posturas hasta que esté saciada, sentirla cerca.

Angela White

 

Si alguien no corresponde su talento amatorio como merece, los seguidores sufren porque saben que ella es frágil en cierto sentido. Sus emociones están a flor de piel y hay que mantenerlas bien hidratadas, que no se marchiten. Pero cuando florece con una cámara delante, el documento que queda es muy preciado.

Manuel Ferrara le hizo un pastelito de crema una vez, se le corrió en el coño en el ángulo perfecto. En cuanto ella notó la explosión no pudo evitar derramarse también. Extasiada ante la compenetración, Angela se deshizo en emociones fuertes y rompió a llorar con la cámara todavía grabando. La escena quedó guardada para quien busque derretirse como un bombón helado al sol.

Ella necesitaba un abrazo largo y sincero, encaramarse a Manuel como un chimpancé enamorado y permanecer allí un rato mirándole a la cara. Es un momento épico. Qué regocijo para una tarde de invierno, verla así regada por las sales minerales más preciadas.

Todos los meses, la escritora sevillana Elisa Victoria publica en ‘Primera Línea’ su sección La mancha blanca. Esta oda a Angela White forma parte de la entrega del número de febrero, ya a la venta.

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Vicki Chase: "Gracias al cine X soy la estrella que siempre quise ser"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados