A Shyla le gustan las mujeres

La polémica está servida. Según se insiste estos días en las redes sociales, la ganadora del AVN a la mejor actriz lésbica de 2016, Shyla Jennings, no es una verdadera lesbiana. Ni siquiera una bisexual o bicuriosa, sino lo que en la industria se conoce como una ‘gay for pay’. Es decir, una heterosexual sin matices que solo se acuesta con mujeres ante las cámaras y por dinero. ¿Es eso cierto? ¿Debería importarnos?

Shyla Jennings
Redacción | 05/02/2016 - 18:55

India Summer fue la primera actriz con la que compartí una escena. Es una mujer muy atractiva y una profesional estupenda, y con ella aprendí gran parte de lo que después he ido desarrollando en mi carrera como intérprete de porno lésbico. Las técnicas básicas para llevar a una mujer al orgasmo por supuesto, pero también hasta qué punto el sexo es un acto de conexión íntima entre cuerpos y almas, algo que no puede resultar satisfactorio ni para el que lo practica ni para el que lo ve si no hay una cierta química, complicidad e incluso afecto”.

Quien así se expresa es Shyla Jennings, nacida en una base militar norteamericana en Stuttgart, Alemania, el 16 de junio de 1989, muy poco después de la caída del muro de Berlín. Shyla tiene ahora 26 años, se dedica al porno desde los 21, escribe y produce algunas de sus escenas, está felizmente casada con un hombre y solo practica el sexo con mujeres ante las cámaras.

Criada en Texas, en un entorno bastante conservador, y muy poco dada a la experimentación sexual en la adolescencia, Shyla se define ahora como bisexual, pero más bien da la sensación de que lo hace para cumplir el expediente: asegura haber tenido relaciones sexuales con cerca de 200 mujeres, pero siempre (o casi siempre) por motivos profesionales, por mucho que insista en que compañeras de reparto como India Summer, Casey Calvert o Vanessa Veracruz le resultan más atractivas que casi cualquier hombre con la excepción de su marido.

“Puede que la idea de acostarme con chicas no me resultase intuitiva ni demasiado apetecible a los 15 años”, explica ella, “pero he aprendido a desarrollar esa faceta de mi sexualidad y hoy puedo decir que la disfruto plenamente. Mentiría si dijese que he llegado al orgasmo en todas mis escenas, pero sí lo he hecho en muchas de ellas, creo que en la mayoría. Así que ahora mismo puedo afirmar que soy cien por cien bisexual y promiscua y, a la vez, fiel a la relación exclusiva que tengo con mi marido”.

 

¿Intrusas?

Desde luego, el caso de Shyla no es en absoluto inédito en la industria. Muchas mujeres heterosexuales, sin el menor atisbo de bi-curiosidad en sus expedientes amatorios previos a entrar en la industria, optan por el porno entre chicas porque resulta menos agresivo, más seguro y más compatible con novios y maridos celosos que el bastante más popular y mejor pagado porno heterosexual.

Para algunas de ellas es una estación de paso, un escalón intermedio que les permite empezar a ganarse el jornal como mercenarias del sexo mientras se deciden a dar el salto a la liga de los miembros masculinos. De hecho, el debut en la heterosexualidad (lo que podríamos llamar ‘la entrada en el armario’) ante las cámaras de actrices que ya se han hecho un cierto nombre en el porno lésbico suele ser un pequeño acontecimiento en la industria, casi a la altura del cotizado rito de paso de las que debutan en el porno el día que cumplen 18 años.

No es el caso de Shyla, a la que nadie podrá acusar de falta de honradez y coherencia. Ella está decidida a seguir haciendo porno entre mujeres porque le parece menos estereotipado, menos contaminado por la lógica patriarcal y le encuentra mayor valor estético. Para ella, se trata de la estación de destino, y piensa seguir compartiendo orgasmos con otras actrices hasta pasados los 30 años.

Eso sí, se toma su profesión con la máxima seriedad y no acepta sucedáneos: “Ahora mismo estoy trabajando en una versión triple X de ‘Inocencia interrumpida’. Es una idea que me resulta muy excitante, porque si algo le faltaba a la relación entre Angelina Jolie y Winona Ryder en la película original eran un par de escenas de sexo explícito. Aún no sé si yo voy a hacer de Angelina o de Winona, pero tengo claro que solo aceptaré trabajar con actrices que, sea cual sea su tendencia sexual en la intimidad, tengan claro que el sexo entre mujeres es eso, sexo, no una especie de ejercicio acrobático vacío”.

El caso es que los haters de la red y los fundamentalistas de la autenticidad a toda costa (por no hablar de los que son incapaces de distinguir realidad de ficción, persona de personaje) la consideran una especie de impostora. Piensan que debería dejar de crear falsas expectativas sobre sus tendencias sexuales y devolver ese AVN al mejor sexo lésbico que consideran que no se merece.

A ella nada de eso parece importarle en absoluto. ¿Debería importarnos a nosotros?

 

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