Vicio y subcultura Adriana Chechik, reina del hardcore

Blánquez lo tiene claro: la actriz X más extrema y radical de 2016 ha sido Adriana Chechik. La de Pensilvania se ha pasado los últimos 12 meses explorando a conciencia los límites de la pornografía, y nuestro vicioso de cabecera opina que se merece como ninguna el premio AVN a la mejor performer del año.

Adriana Chechik
Javier Blánquez | 05/01/2017 - 13:04

Una de las mejores vías que tiene una actriz para alcanzar la condición de leyenda en el porno es aspirar –y en este caso nunca mejor dicho, pronto lo veremos– a ser, no la mejor, ni la más glamourosa, ni la más estajanovista en el trabajo, grabando 200 escenas al año; tampoco se trata de tener el mejor mánager ni la productora más cool del momento, ni siquiera de manejarse bien en las redes sociales, sino simplemente esforzarse por ser la más cochina del gremio.

Hay un porno light, pensado para retinas susceptibles que no quieren ir más allá del misionero y un cowgirl invertido, ojos tímidos que a la que ven más de dos barras de carne enhiestas desvían el ángulo de visión de la pantalla, y hay otro porno en el que los límites se van forzando poco a poco, buscando la elasticidad de los orificios, y es así donde, también poco a poco, se ha ido fraguando el mito de Adriana Chechik, en la misma senda por la que, en otro tiempo, caminaron auténticas exploradoras del lado salvaje del sexo como Belladonna.

 

Mucho ruido

Adriana hace apenas tres años que está dando guerra –comenzó en la industria en 2013, a los 22 años, después que abandonara (temporalmente) sus estudios de bioquímica y se dedicara a bailar en clubes de strip tease, para luego pasar al mundillo del porno–, pero ya se ha ganado el título de reina del hardcore.

O sea, que si Rocío Jurado era la más grande, ella es ahora la más guarra. Algo sorprendente, si tenemos en cuenta que antes de debutar ante una cámara solo había mantenido dos relaciones sexuales en su vida, una lésbica con una compañera del instituto –en la que sólo hubo morreos, según cuenta– y otra con el mejor amigo de su hermano mayor, que fue quien la desfloró por delante y por detrás, como se decía antes.

 

Aquí alguien podría pensar que Adriana miente, que ya venía mucho más rodada cuando empezó en el porno, pero conociendo cómo habla, y cómo piensa, y que transmite una seguridad intimidatoria, lo más lógico es aceptar que no tiene ningún motivo para colarnos trolas, máxime cuando ha declarado que el mejor sexo de su vida fue la última vez que recibió una triple penetración en un gang bang, que su postura favorita es la de ser ensartada por dos hombres simultáneamente, que está continuamente citándose con chicos en Tinder para montarse tríos con su novio, etcétera.

Y también porque no hay ninguna estrella del porno actual que sea tan explícita en sus redes sociales. Adriana ha decidido seguir la vía de los extremos, y es por ahí como se alcanza la inmortalidad en el porno.

 

Una inmersión gradual

Las cosas fueron de más a menos, lógicamente. Al principio de su carrera, Adriana Chechik rodaba escenas convencionales, pero al poco tiempo ya empezaron a complicarse las cosas. De una escena de chica y chico, o de un lésbico, rápidamente pasó a los tríos, de ahí a los gang bangs, y como quien no quiere la cosa en menos de un año acabó abriéndose en cuerpo y alma para recibir el empalamiento de tres o cuatro sementales por todos los orificios conocidos de su anatomía, debutando en todas las variedades posibles –interracial, fisting, squirting, lo que se nos ocurra– y convertirse en la más atrevidas de todas las chicas que están en la primera división de la industria en Estados Unidos a día de hoy.

Como no podía ser de otra forma, está en la lista de nominadas para los AVN Awards que se fallarán (y se follarán) en enero de 2017: compite contra Vicky Chase, A.J. Applegate, Riley Reid, August Ames, Abella Danger, Keisha Grey y Verónica Rodríguez, entre otras. Por primera vez, tiene opciones de ganar: su principal rival sería Aidra Fox, que sin haber seguido un camino tan barroco como el suyo, en este 2016 ha rubricado varias escenas memorables, incluido un gang bang del que saltan chispas.

Pero nadie hace lo que hace Adriana. Adriana es de esas que un día te borda un vídeo glamcore para una productora cuyo objetivo es llegar al consumidor medio –un género que le sienta bien, porque su cuerpo es natural y proporcionado, sus ojos tienen el tono turquesa del océano Pacífico y nunca se le borra la sonrisa, siempre y cuando no tenga la boca ocupada en menesteres de esos que implican hacer brotar mucha saliva y tensar la mandíbula como si saliera de Berghain–, y al siguiente se ha desmadrado hasta el punto de acabar con agujetas, con todos sus músculos y sus accesos enrojecidos, lo que pide a gritos una dosis extra de crema para la irritación de las partes sensibles.

Adriana Chechik

Decimos que este año Adriana tiene muchos números para ganar porque por fin se ha consolidado un culto alrededor de su porno visceral, que espera de ella un siguiente paso cada vez más audaz –si es posible la triple penetración anal, que no nos consta, ella la va a intentar–, y que además ha tenido una traslación a su vida privada. Pues el suyo es uno de los primeros casos en los que es más importante el sexo que practica fuera de los platós que el que mantiene dentro.

 

Una caja de sorpresas

Para comprender algunas de sus andaduras, debemos leer las entrevistas que ha concedido y echar un vistazo al interior de su página web y sus canales en las redes sociales. En una conversación de este mismo año con Captain Jack, Adriana aseguraba que su vida sexual se estaba convirtiendo en una caja de sorpresas, sobre todo porque había entrado en una dinámica de utilizar con frecuencia apps para encontrar gente dispuesta a practicar tríos, o el típico contacto de Tinder, con las que saciar su recién descubierta ninfomanía, de la que además queda testimonio en las redes sociales, ya sea en forma de comentarios –hace unos meses, estando de vacaciones en Tahití, anunciaba a sus fans que se disponía salir de caza para traerse a un jovencito local al hotel; imaginad la cara de sorpresa del afortunado– o de fotos extraídas de su canal de Snapchat, en la que se le veía con el cuerpo lleno de semilla, o en el trance de devorar la parte más retráctil de un ser humano, o con la puerta trasera supurante de viscosa humedad masculina.

Si algún día uno se cruzara en su camino por azar, podría ocurrir que Adriana terminara proponiéndonos una cita, a solas o con su novio, y que la utilizara como entrenamiento para sus performances delante de la cámara. Todo ello gratis y satisfactorio. Está sedienta de experiencias de este tipo.

Adriana Chechik

 

¿Dónde está el límite?

La pregunta es: ¿qué le queda por hacer? Belladonna, por ejemplo, o Sasha Grey, que son las dos estrellas retiradas en las que más se ha fijado, avanzaron a base de probar lo imposible, y en algunos casos –los enemas anales de Sasha, o las nuevas fórmulas para convertir el sexo lésbico en una guerra de trincheras, en el caso de Belladonna– innovando en el mainstream.

Adriana tiene el problema de que mucho de lo que ya puede probar está inventado desde hace tiempo, pero si la comparamos con el resto de sus competidoras, queda claro que ninguna otra estrella se ha aventurado tanto como ella, y que cuando parece que no hay límites, se los inventa.

En sus escenas de gang bang, la innovación consiste en ser más dura que los hombres: normalmente, es ella la que pide más intensidad, más violencia física, más tirantez, hasta el punto de que pocos son los sementales capaces de seguirle el ritmo. En sus escenas más convencionales, Adriana opta también por la intensidad y el método Stanislavski, por así decirlo, que consiste en actuar como una bestia si lo que realmente le interesa es convertirse en una bestia.

Adriana Chechik

 

En una escena reciente rodada para la pareja formada por Johnny y Kissa Sins –que van fichando a actrices con un perfil duro para su serie de tríos, gonzo hipernaturalista con movimientos de cámara bruscos y mucho punto de vista del varón–, el toque final y magistral de Adriana fue acercarse al semen que reposaba sobre el pubis de su parteinaire femenina, esnifarlo por la nariz, pasárselo a la garganta y de ahí depositárselo en el ano. No era la primera vez que veníamos tragarse el semen como si fuera cocaína, pero sí la primera vez en que una actriz lo hacía con tanta decisión e inventiva.

Así, Adriana Chechik, mientras aspira en pleno frenesí sexual, aspira también a forzar los límites del porno en 2017; e incluso se lo ha montado con transexuales –tiene una escena nominada para los AVN de este año–. Salvo en las trincheras marginales de LegalPorno y otras productoras que dejan a las chicas para el desguace, nadie ha intentado ir tan lejos y, sobre todo, nadie lo ha conseguido sin perder un perfil mainstream que no le impide, de vez en cuando, rodar con Hard X, Tushy o Elegant Angel, que es ahora lo más mainstream dentro de lo más cerdo.

Pero no es ahí donde está lo mejor de Adriana Chechik. Ni siquiera en sus escenas más duras. Lo mejor de la reina hardcore, sin duda, todavía está por venir y ni nos imaginamos qué puede ser. Por de pronto, nuestro apoyo como Female Performer of the Year ya lo tiene. Si no gana, entonces ya saldremos a la calle a manifestarnos y a romper cristales.

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