Vicio y subcultura Alina Lopez, futura diosa del porno

Lleva en el triple X desde noviembre y ya cotiza muy alto. Nacida en Los Ángeles hace 22 años, Alina Lopez tiene un empuje sexual irresistible y una madera de estrella que no podía pasar desapercibida en nuestro Vicio y subcultura.

Alina Lopez
Javier Blánquez | 29/05/2018 - 13:50

En más de una ocasión nos hemos referido al porno como una máquina de triturar, como una rueda de giro y evolución incesante que nunca mira para atrás y que deja por el camino, de manera inclemente y cruel, a quien no sepa ajustarse a su ritmo.

El porno es una industria que se alimenta de carne fresca, continuamente, es como McDonalds poniendo a trabajar a los mataderos de ternera a pleno rendimiento, y una vez esa carne ha entrado en el proceso de producción, no hay que esperar que nadie la trate con cariño. Todas las nuevas chicas que se incorporan al negocio son eslabones en una cadena que no sirven para nada si están fuera, y solo a base de tesón, trabajo, esfuerzo, genética y suerte puede ocurrir que esa pieza de metal oxidado y prescindible acabe por convertirse en un cacho de oro valioso.

Las verdaderas estrellas del porno se forman poco a poco, y salen muy pocas en una década, en comparación con la avalancha de starlettes que se apuntan a jugar año tras año. Uno de nuestros documentales favoritos, ‘Hot Girls Wanted’ (disponible en Netflix), lo explica muy bien: son más los sueños rotos y los abandonos que los éxitos en el porno. Triunfar en el porno es muy difícil, y de conseguirlo no es para siempre. Ese privilegio queda en manos de un selecto grupo de mujeres sobrenaturales.

 

La jungla triple X

El porno es duro porque no concede segundas oportunidades casi nunca. En el caso de los hombres, es evidente: quien no sepa rendir bien, quien no mantenga firme la erección, quien no contenga el lechazo durante varios minutos de frenético bombeo, mejor que se vuelva a su casa.

Alina Lopez

 

Es muy excepcional cuando un actor vuelve –ha ocurrido ahora con Julio Gómez, alias Brake, el semental negro con la herramienta más larga del sector, que vuelve a rodar escenas y parece que ha mejorado un poco mientras tanto–, pero por lo general es más probable que te perdonen por un error garrafal si eres portero del Liverpool que si eres un albañil habitual, de los que tapan agujeros, en Blacks On Blondes y DarkX. Y también es muy excepcional cuando una chica asciende como la espuma y en pocos meses eclipsa a las veteranas y a las mismas actrices de su cuerda.

La fase de formación de una estrella en el espacio consiste en una acumulación de polvo y gas, que empiezan a alcanzar masa y concentrar energía gracias a la fuerza de la gravedad, hasta que la densidad es tan grande que el centro empieza a brillar.

En el porno es igual: hay una acumulación de polvos que van dando forma a una carrera más o menos consistente, estable, con grandes faenas, y poco a poco la chica brilla como si fuera un relámpago en una noche negra. Algunas de las que este año podrían ser aspirantes a mejor actriz del año, como Karlee Grey, Abella Danger o Abigail Mac, que están protagonizando un buen comienzo de 2018, ya no son nuevas en esto: llevan ya tres, cuatro, incluso cinco años de darlo todo delante de la cámara, de follar con pasión y entrega y, sobre todo, de no darse por vencidas.

Alina Lopez

 

Hay que resistir a la pasión de tu entorno, a los trols en redes sociales, a los altibajos del caché, a la degradación física, a los mánagers especuladores. Y si al final todo sale bien, se supera el primer año, luego el segundo, y finalmente te instalas en el circuito durante un largo tiempo, en el que facturas sin parar.

 

Lo increíble

Lo apasionante de seguir la actualidad del porno es cuando aparece una nueva estrella inesperada, y resulta que esta brilla con una intensidad mayor a las demás.

Sucedió en noviembre: una joven de Los Ángeles, que acababa de cumplir 22 años –y que, por tanto, se suponía que llegaba cuatro años tarde para aprovechar el filón de las teens–, comenzaba a rodar sus primeras escenas con algunos estudios importantes del porno californiano.

Su llegada fue fulgurante, porque lo hizo presentando currículum, sin experiencia previa salvo la que hubiera acumulado en su propia habitación en compañía de novios entregados, y confiándolo todo a su belleza deslumbrante, que en su caso le sirvió para entrar en el porno, pero que le hubiera dado también para convencer a un productor de Hollywood o a un magnate del pop, si lo único que nos interesa es la imagen.

Alina era como una Ariana Grande altamente erótica, o sea, pequeña y viciosa: de ubres escuetas y figura esbelta, de ojos grises profundos y pelazo negro, fina y sin mácula, con rasgos faciales suaves y una perfección global de su anatomía como antes sólo habíamos visto en algunas pinturas de Botticelli. Y en sus primeras escenas sucedió el milagro: para ser una debutante, Alina resultó ser una devoradora insaciable, se comía la cámara con la mirada –tiene una escena en la que se pasa un buen rato mirando al centro del objetivo, como Kennedy en su debate televisivo contra Nixon, y parece que le esté perforando con el iris directamente a uno–, y se comía a su pareja artística con una lengua que era larga, serpentina, húmeda e inquieta.

Alina Lopez

 

 

De qué planeta viniste, Alina

Del mismo modo en que aquel locutor argentino se preguntó de qué planeta había venido Maradona, el Barrilete Cósmico, cuando le cascó aquel gol a Inglaterra en el Mundial regateando a medio equipo desde el centro del campo, nosotros podríamos preguntarnos de qué planeta vino Alina Lopez.

Lleva medio año en el porno y acumula algunas de las escenas con mayor voltaje sexual que hayamos visto en mucho tiempo. No es que estemos asistiendo a la formación de una estrella, sino que ya es una estrella. Ahora mismo, si tuviéramos que apostar toda nuestra fortuna –que incluye propiedades en la costa y varios millones de euros, gracias a los beneficios arrojados por la escritura de este blog–, y nos tuviéramos que mojar por la ganadora del próximo trofeo a la ‘best starlett’ de 2018 en los premios AVN, confiaríamos ciegamente en Alina.

Ya no es solamente la suma de sus cualidades –por ejemplo, una flexibilidad solo superada por Mia Malkova, que es practicante de yoga y se retuerce como un trozo de cartón plegable–, sino las tablas que demuestra tener en cada escena. Hay una en la que se mide a la súper MILF Cherie DeVille, la próxima presidente de Estados Unidos, y no se le nota empequeñecida: sabe follar como una maestra, es la Iniesta de lo suyo.

Alina Lopez

 

Alguien podría pensar que no sería lo mismo si Alina Lopez no le hubiera caído en gracia a Aquel Que No Puede Ser Nombrado, el mayor productor del momento, el Spielberg del porno, el responsable de varias plataformas dedicadas al sexo anal e interracial.

Es cierto que Aquel Que No Puede Ser Nombrado tiene en su mano la capacidad, como el dios Shiva en la mitología india, de crear y destruir mundos, y cuando él te señala con el dedo y te convierte en su modelo del mes y te envuelve en su implacable márketing, parece como si cada hembra insaciable subiera de repente varios escalones en el star system del porno.

Pero lo cierto es que, por ahora, lo que ha hecho Alina es rodar y estar disponible: todavía no ha acumulado premios, ni se le ha diseñado un showcase a su medida; lo único que ha pasado es que cada vez que ha tenido una escena, ella lo ha dado todo, y el público pornófilo no es tonto, sabe reconocer la belleza inmaculada, la entrega salvaje, la audacia en las posturas –hay una escena con Rob Piper, negro y astifino como un morlaco de Victorino, en la que ella se abre de piernas encima de su cara para que él le repase el tesorito, algo que solo hace quien lleve dentro un caudal de sexo volcánico–, y finalmente ocurre que se empieza a convertir en una prioridad tener mayor suministro de nueva mierda de Alina.

 

Algunas incertidumbres

La duda es: ¿se volverá una loca, como le ha ocurrido a otras estrellas medio truncadas como Keisha Grey o Lana Rhoades?

Alina Lopez

 

Recordemos que la primera está rodando cada vez menos, y además con productoras de medio pelo, porque tuvo problemas con las drogas e incluso fue detenida por la policía por posesión de cocaína, y que la segunda no ha sabido digerir su fama y ha empezado a operarse y a pelearse con compañeras de profesión después de varios ataques de celos.

También en su día las señalamos como estrellas para la eternidad, y al final el equilibrio mental y personal en el porno resulta ser muy frágil, y aguantar ahí todo el tiempo no es tarea sencilla. A Alina Lopez la hemos leído en Twitter y la seguimos en las redes sociales, y nos parece una chica con la cabeza más amueblada.

Lo primero que dice en su presentación es que ella no se saca sobresueldos haciendo de scort porque ha entrado en el porno por curiosidad y por explorar su sexualidad, y que además es feliz con su novio. También cuenta que anda cachonda todo el día, pero no hace cualquier tipo de porno: le interesa que las productoras traten bien la luz, el enfoque, el entorno, y si no es bajo esas condiciones no se arrastra por unos dólares.

Alina Lopez

 

Seguramente, Aquel Que No Puede Ser Nombrado le esté pagando bien, porque en las últimas semanas se ha incrementado el ritmo de publicaciones en varios de sus sellos –tríos, interraciales–, y estamos seguros de que sus planes de futuro pasan por solidificar sus opciones para ser starlett of the year, y de cara a 2019 trabajar en exclusivas, como el primer anal (aún no lo ha hecho), el primer anal interracial y demás momentos decisivos en el desarrollo de una estrella. Estamos seguros de que Alina querrá hacerlo. Sabe que si no hay apertura de la puerta trasera, no hay gloria.

¿Es la actriz del momento? Una de ellas, sin duda. ¿La más guapa? Vive dios que sí. ¿La que dominará el porno en la próxima década? Dependerá de su actitud, pero si el modelo de Riley Reid se ha demostrado exitoso, nadie nos dice que Alina Lopez no pueda ser la próxima mujer pequeña en todo y grande en conjunto.

Ojalá pronto podamos llamarla, no Alina, como en la composición de Arvo Pärt, sino Superlopez, como aquel ex directivo de Volkswagen. Porque si algo tiene ella, es fiabilidad. Y la lengua larga. Y la mente sucia.

 

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