La mancha blanca Anita Blonde viene a verme

Con 41 años ya cumplidos y tras una larga temporada alejada del porno, la modelo erótica húngara Anita Blonde ya solo participa en las escenas que se desarrollan en los sueños de Elisa Victoria, una de sus rendidas admiradoras.

Anita Blonde
Elisa Victoria | 02/06/2017 - 10:00

El viernes pasado me fui a dormir temprano. Sobre las cinco de la mañana proyecté en mis sueños una escena de Anita Blonde que no existe y la saqué mil veces más guapa que Andrew Blake.

El color de su melena de Cicciolina iba cambiando como el cielo en un día de verano, siguiendo el orden lógico de la gama cromática. Rojo, rosa, amarillo. Un rato amarillo y después negro, azul, violeta. Con el paso de los tonos cálidos a los fríos su belleza y su actitud se volvían más barriobajeras y cada vez se parecía más a La Veneno. Su piel estaba muy cerca de la cámara y también mutaba desde un naranja pálido hasta un bronceado integral.

Sus tetas siempre han sido muy aclamadas y se entiende porque encajan a la perfección en el canon de teta, pero creo que lo más admirable de Anita Blonde es esa cara de reina de Hungría a la que le quedan bien todas las pelucas. Los rasgos andróginos y el cuerpo fino me hacen pensar en un hermafrodita de gran poderío. Eso explica algunas cosas.

Anita Blonde

 

Soy leyenda

Vestida de Barbie noventera está que cruje, con esa fotografía forzada y calentorra, no lo niego. ¿Que cómo la prefiero? Con traje y corbata. El vídeo en el que aparece con pinta de detective privado es de una calidad ínfima, pero me chifla cómo le queda el traje, igual que las medias con ligueros que le solían estar grandes y le hacían arrugas en los muslitos largos.

Le tenían que haber dado un programa en alguna tele pública señalando una pizarra con cualquier peinado y un anillo de oro en cada dedo. Seguro que hasta el adolescente más desastroso hubiera aprendido algo. Sus ojos atigrados de Sophia Loren se habrían ganado a los bebés y a las abuelas de las dos de la tarde. Hace años que está retirada y todavía sueño con ella. Ojalá me hubiera dado ella la trigonometría.

¿Y lo de rodar junto a su amiga, Anita Dark, que encima había sido Miss Budapest? Menudo chiste entre superheroínas. Qué plan tan redondo, qué colegueo, qué manera de traerse arriba la una a la otra. Las dos tiñéndose el pelo, tomando el sol, sonriendo delante de las pollas gordas cuando todavía no estaba muy de moda reírse en el porno.

Todo los meses, Elisa Victoria publica en la edición de papel ‘Primera Línea’ su sección La mancha blanca, una serie de perfiles dadaístas de estrellas del porno.

 

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