Vicio y subcultura Asa Akira, porno para leer

Blánquez lo tiene claro: la segunda parte de las memorias de Asa Akira, gran estrella del cine X que se asoma a la treintena con todo el carisma y el empuje intactos, es una lectura que vale mucho la pena y que los buenos aficionados no deberían perderse.

Asa Akira
Javier Blánquez | 06/09/2016 - 16:47

Hace un tiempo, no mucho, no había otra estrella más resplandeciente en el firmamento porno que Asa Akira.

Su ascenso coincidió con la retirada de Sasha Grey, y ese espacio que quedó libre, en el que cualquier actriz con una cierta sofisticación glamurosa podía desatarse en toda clase de prácticas cochinas, lo terminó ocupando esta neoyorquina con ancestros japoneses que, a la más mínima oportunidad, aprovechaba para contorsionarse en volteretas inconcebibles y dilatar la carnosa entrada a su puerta trasera.

El género gonzo, que no se distingue precisamente por sus sutilezas, le sirvió a Asa Akira para mostrarse como una actriz volcánica, dispuesta a todo, y a cambio del dinero de los productores ella le brindaba al público una exhibición de sexo salvaje capaz de provocar mareos.

No hay más que repasar la trilogía de películas que grabó para Elegant Angel, ‘Asa Akira is Insatiable’, para confirmar que, entre 2011 y 2013, nadie en el porno americano se había entregado tanto como ella, ni se atrevía a ir tan al fondo del asunto. Muchas chicas llegaban y causaban revuelo, pero o bien su estrella se apagaba poco o empezaban a darse circunstancias imprevistas –embarazos y retiradas inexplicadas, principalmente– que las apartaban de la húmeda carrera por el trono de hierro.

No sucedió con Asa Akira: en poco tiempo, ella ya había inmortalizado su primera escena anal, su primera doble penetración, un montón de gang bangs, y se consolidaba como la reina de lo suyo. Incluso acabó congeniando con un rey, el actor español Toni Ribas, y se casó con él. Eran como los Jay Z y Beyoncé del porno.

Asa Akira

 

Nueva etapa

Desde finales de 2013, sin embargo, Asa Akira lleva una vida distinta dentro del porno. Firmó un contrato en exclusiva con la productora Wicked, que aún sigue vigente, y eso significa que ya no graba gonzo, sino películas con una producción sofisticada, con argumento y un voltaje sexual mucho más reducido.

Como ella bien explica en su nuevo libro –ahora iremos al grano–, antes follaba opulentamente, en escenas sin límites morales, y ahora se dedica a un porno que está pensado para consumir en pareja, y por tanto es mucho menos guarro. Tiene sus fans, pero también sus detractores (a nosotros que nos registren).

Esta circunstancia es, precisamente, la que ha propiciado que, poco a poco, en los buscadores de internet y en el corazón de los pornófilos su nombre vaya desvaneciéndose lentamente: de ser la número 1 en su día, ahora ha pasado a la zona baja del top 10. Lo que en su día fue Asa Akira, ahora lo son Adriana Chechik, Keisha Grey y Riley Reid, chicas que aún están en el porno para copular salvajemente, y no únicamente para ganar dinero.

 

Crónica de un lento ocaso

Hay otra circunstancia que explica el lento ocaso de Asa Akira, y es la edad. Cumplió 30 años en enero, y esta circunstancia es la que le impulsó a escribir un libro para explicar –en parte– lo que siente una estrella del porno al entrar en esa zona gris en la que aún no es una MILF, pero tampoco una teen, y que es la peor de todas para trabajar en un negocio con una esperanza de vida laboral más corta que la del fútbol o la gimnasia artística, y tan ferozmente competitivo que no permite ni un solo paso en falso.

En cualquier otro caso, cumplir 30 sin estar en la cumbre habría sido fulminante para cualquier chica. En el caso de Asa Akira, no es tan grave, sobre todo porque Asa, además del sexo en ebullición, tiene otra gran virtud, que es su poderoso carisma y su dimensión como comunicadora.

Ejemplos: en las últimas galas de los premios AVN, ella ha sido elegida como maestra de ceremonias, y cuando se planteó el proyecto del reality porno ‘The Sex Factor’, no parecía haber ninguna alternativa mejor a Asa Akira para presentar el programa. Son maneras de reconocer algunas obviedades que no deberían caer en saco roto: que Asa ha sido todo en el porno, que mantiene un papel de relevancia incluso al haberse confinado en un nicho pijo y medio softcore, que su imagen sigue siendo arrebatadora y que es de las pocas chicas en el negocio que, además de operaciones de estética y hormonas revueltas, tiene talento para las artes. No es que tenga dos carreras y estudios musicales, pero al menos sabe escribir, y lo hace con gracia.

Asa Akira

En 2014, Asa Akira publicó su primer libro: ‘Insatiable.Porn: A Love Story’ –que se llegó a traducir al español en una edición chapucera con el título ‘Sólo para adultos’, y que posiblemente haya sido un pinchazo, ya que nunca lo hemos visto en una sola librería–, y resulta que era milagroso por una razón inusual: por primera vez, había un buen libro sobre porno escrito por una actriz porno.

 

Sin tapujos

Nos explicamos: ¿no os ha ocurrido alguna vez abrir unas memorias sobre alguien del sector, ya fueran las de Jenna Jameson, o las de Lisa Ann, o incluso las de Tera Patrick, y sentir que aquello, además de mal escrito, no hablaba de lo que realmente nos interesa, que es de las interioridades del negocio, con lenguaje explícito y clarificador? Al final, en vez de un libro sobre porno, parece como si leyeras sobre glamour, o sobre superar vidas adversas, y luchar por tus sueños. Mierda de autoayuda sin penetración, o sea.

Asa Akira, en cambio, explicaba con todo lujo de detalles –y con mucha gracia, además– cómo se prepara una actriz para una escena anal con lo del ayuno, el enema y tal, cómo se rueda un gang bang con cinco negros que parecen un cuadro de Velázquez y cómo es la vida de una estrella del porno al margen del porno, que suele pasar por ir de clubes de striptease, fumar hierba e ir a hacerse las uñas.

Asa Akira hablaba sobre managers, sobre cómo funcionan los contratos y de cómo no es recomendable follar fuera del plató con actores con los que trabajas habitualmente, a menos que te enamores, que es lo que le pasó cuando Toni Ribas se saltó el guion –lo de guion es un decir– en una escena gonzo que no debía incluir anal, y él insertó su alfanje de carne en el orificio incorrecto para que explosionara la reacción química y surgiera una pasión incontenible.

Dos años después de aquel ‘Insatiable’, Asa Akira ha vuelto a escribir otro libro, ‘Dirty Thirty’ (Cleis Press, 2016), por ahora sólo en inglés, y es como la continuación de aquél pero con algunas diferencias.

Por ejemplo, aunque hay historias de dentro del porno y de su relación con la productora Wicked, y de cómo es la semana de los premios AVN en Las Vegas (una tortura con jornadas de trabajo de 16 horas en tacones, sobre todo), básicamente de lo que habla Asa es de dos cosas: de su vida en pareja –y, por ejemplo, de cómo estuvo tentada de ponerle los cuernos a Toni Ribas con un tipo tetrapléjico que conoció en un avión–, de cómo tienen baños, habitaciones y estudios separados, de cómo se gestionan los celos en un sector tan promiscuo y de cómo es la relación con Mark Spengler, el mánager más poderoso del porno.

Y, sobre todo, es un relato sobre cómo es cumplir 30 años y sentir que tu carrera comienza a enfilar el declive. Asa Akira es consciente de que le queda poco tiempo en la cumbre, lo asume y lo explica con sinceridad. También nos cuenta sus planes de futuro: tener o no tener hijos es una duda poderosa, engordar o no engordar es una lucha constante (piensa arrojar la toalla cuando cumpla 40, si es que no se reconvierte en MILF, o en directora de escenas), y sin duda quiere escribir más libros.

Libros que seguiremos comprando, lógicamente, si persiste en su mejor virtud: explicar el sexo y el porno sin guardarse nada, sin esconderse detrás de un personaje falso y sin eufemismos, llamando a las cosas por su nombre, al pan pan y al coño coño. Un consejo innecesario: cuando lo leas, utiliza solo la mano izquierda.

 

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