Vicio y subcultura Así se ganan la vida las actrices porno

La de actriz X es una profesión sin convenio, sin seguridad social y sin vacaciones pagadas. De ahí que las modelos eróticas tengan que recurrir a otras actividades para redondearse el sueldo.

Jenna Sativa
Javier Blánquez | 26/02/2018 - 9:59

El porno, como mercado laboral, es un terreno un tanto espinoso.

Como ya hemos dicho otras veces, es un sector en el que las carreras son cortas, la competencia es feroz, el desgaste físico rápido e imparable, y además subsiste desde hace años en medio de una crisis que no se puede superar, desde el momento en que –como ha ocurrido con la música– el porno se encuentra gratis y abundantemente en internet, y por tanto hay un desfase enorme entre la gente que lo consume pagando y la que se masturba como un mono sin soltar ni un euro.

De vez en cuando, en las conversaciones que tienen las actrices porno más populares del momento entre ellas o con sus fans, aparece una cruzada que se resume en el hashtag #payforyourporn. Básicamente, el tema de conversación sale cuando un varón adulto interpela a su estrella favorita en Twitter, le dice que estaba bellísima en determinada escena, o cuantifica el volumen de esperma que expulsó viéndola gemir mientras acometía el ritual –vulgo dicho, las abluciones– de antes de irse a dormir.

Esto, que debería ser motivo de agasajo para la actriz de turno, se convierte en una ofensa: del mismo modo que no le dices a un escritor que has robado su libro, ni a un músico que te has bajado su disco, no le digas a una actriz porno que te has pajeado lo más grande sin haber abonado la suscripción mensual a la página de la productora que financia sus escenas. Porque aunque parezca que las actrices porno se alimentan solo de ruidos corporales, no es cierto: tienen que comer también, tienen que ganarse la vida.

 

Reivindicaciones recurrentes

Una queja constante en el porno desde largo tiempo es que está mal pagado y mal financiado. Que ya no es como antes, cuando las estrellas se podían hacer millonarias en pocos años y tener una vida confortable si sabían administrar bien sus ingresos y no gastárselos en cocaína y operaciones, y cuando se podían hacer películas bien cuidadas y con muchos medios.

Cómo ganarse la vida

El porno de hoy, ya se sabe, salvo cuatro cosas que dirige Axel Braun o la gente de Wicked y ocasionalmente Digital Playground, es gonzo con los mínimos medios, siempre en las mismas localizaciones, sin guion, sin vestuario, sin apenas inversión en una buena producción, salvo peluquería, maquillaje, cámara y el tipo que sirve los canapés (a veces, en los rodajes no hay ni canapés).

Y como todo es barato, la paga también es modesta: una escena se tarifa entre 300 y 800 dólares, dependiendo del estudio y del caché de la actriz –es decir, para llegar a cobrar 1000 dólares por escena, tienes que añadirle pluses como el anal, la DP o hacerlo con un actor de piel tirando a oscura, y encima tener premios y estar entre las chicas más buscadas del momento en la red–, pero mientras estrellas hay pocas, chicas del montón hay muchas. Y lo actores, ya no digamos: ellos siempre cobran menos que ellas.

Los estudios pagan poco porque las descargas de pago son poco frecuentes, y hay que obtener un margen de beneficio. Hay excepciones, por supuesto: algunos estudios que han renunciado para siempre al DVD y otros mercados secundarios, como los canales de pago de la TV por cable y los cines (¿sigue habiendo cines porno?), han desarrollado un buen márketing en internet y han conseguido ofrecer un servicio parecido al de Netflix o Spotify, es decir, a cambio de una tarifa plana mensual o anual, tienes escenas a porrillo en HD y fotos exclusivas.

Cómo ganarse la vida

 

Esto es lo que permite que la industria no se hunda y que a las actrices se les pague aún bien –pongamos 400 dólares de media por escena, 15 escenas al mes: 72.000 dólares al año–, pero esos números son bajos teniendo en cuenta que la mayoría de chicas duran una media de entre 18 meses y dos años en el porno, y que luego tienen que volver a la vida civil. Es dinero rápido y a lo mejor hasta fácil, pero no es para siempre.

 

Menudo tren de vida

Y sin embargo, en Instagram vemos a un montón de actrices que, cuando no están haciendo porno, llevan un tren de vida alto: portan ropa de marca, conducen buenos coches, tienen apartamentos para ellas solas en primera línea de playa, fuman mucha hierba. ¿Cómo se financia todo esto?

Porque hay que tener clara una cosa: no puede ser que llevando 15 meses en el porno vayas por el mundo como si fueras Nicole Kidman. Hay algo que falla, y es que los números de los ingresos no siempre cuadran con los de los gastos.

Y aquí está la clave del asunto: todas las estrellas del porno con las que izas la bandera cada mañana tienen pluriempleo; el porno da dinero, pero no suficiente dinero para llevar una vida de opulencia y gasto, y la pregunta pertinente es cómo se complementa el salario para vivir a lo grande. ¿Con sobres en B? Ojalá fuera tan fácil.

Keisha Grey

 

1. Giras por clubs de strip-tease
En el porno, para las chicas, rodar escenas es el primer paso para darse a conocer y tener oportunidades allí donde de verdad se mueve el dinero. Es lo mismo que ocurre con los disc-jockeys que producen discos, que nadie compra ya los vinilos, pero todo el mundo los escucha gratis en internet, y eso les permite sacarse bolos en clubes, donde ganan la pasta gansa de verdad. En el porno es igual: si ruedas en Vixen, por ejemplo, ocurrirá que luego te llamarán más productoras, pero también los bares de strip-tease de las grandes ciudades. Muchas veces, las actrices aplazan escenas porque tienen una gira por diferentes locales, a los que van como Paquirrín a las fiestas: cobrando un caché por anunciarse que aparecerán –eso atrae clientes, que luego pagan las copas caras–, y luego bailando o desnudándose, lo que les permite reunir propinas. Con un solo club, ya tienen pagado el alquiler del mes. Haciendo uno al menos por semana, los ingresos se multiplican.

2. Las webcams
Hay gente que paga mucho dinero por ver a webcammers porque el directo personalizado ofrece algo que el porno no puede darte: la sensación de que eso es sólo para ti, y que puedes interactuar con la actriz. Al final, las webcams no son más que una manera de sablear al personal, porque pagas por el tiempo que estés conectado y lo bueno tarda en llegar –es como los programas nocturnos de Tarot, o las antiguas líneas de teléfono eróticas–, pero hay tanta gente enganchada que no les importa gastarse una buena cantidad de dólares por sesión, que luego van a pasar casi íntegramente a la actriz. Por eso, cuando una actriz se retira –es el caso de Kendra Sunderland–, normalmente sigue haciendo webcams o servicios de suscripción: porque es pasta fácil que nunca se agota.

Jenna Sativa

 

3. Suscripciones privadas
Las actrices que tienen renombre lo primero que hacen es abrirse redes sociales y una web personal, porque a través de las redes puedes promocionar tu trabajo –seguir a chicas como Jenna Sativa o Keisha Grey en Twitter es algo así como recibir diariamente 50 RTs de gifs en los que aparecen chupando cosas, o trocitos de película sin censurar–, y también decirle a la gente que, si quieres más, hay canales exclusivos en los que se ofrece material que no existe en otra parte. Primero fueron los snaps privados –o sea, como una webcam pero en Snapchat: actrices que hacen una relación, o enseñan las tetas, y para verlo tienes que pagar para que te den acceso–, y últimamente son canales como Only Fans, algo así como una gran plataforma social en la que las actrices porno buscan patronazgo o financiación a base de ofrecer fotos exclusivas, escenas de masturbación y otros fetichismos. Una parte de la suscripción de cada miembro revierte en la actriz, y esta se lleva un pico interesante.

4. Montar tu propia web
Desde el verano, la popular Eva Lovia no ha grabado ninguna escena con ninguna productora importante. Y desde hace más de un año, a Riley Reid no se la ve tanto como antes. Angela White tiene un montón de escenas este año, pero las más trabajadas y las más potentes –y también las más exclusivas– sólo se pueden ver en su web. Por ejemplo, Riley Reid ha puesto en circulación varias orgías para su propia plataforma, Reid My Lips, y Angela White se reservó su primera escena con creampie vaginal para su web, y hasta llegó a pagar a Manuel Ferrara para que hiciera los honores. Y Eva Lovia no deja de colgar fotos nuevas, escenas especiales –lésbicas y con carne en barra–, y únicamente por suscripción. Cuando se ha detectado que hay una base de fans fiel, es tan sencillo como atraerlas vía redes sociales a tu cortijo. Y si consiguen varios miles que pagan religiosamente cada mes, eso es una pasta.

Alina Lopez

 

5. Seguir en el porno, pero en otros ámbitos
Montar una web es, en definitiva, montar una productora, y hay otras maneras de seguir rodando escenas e ingresar un extra distribuyendo también las de otras actrices amigas que no han sido tan espabiladas, o ambiciosas. Cuando se quema la mecha inicial, lo normal es seguir en el porno como directora, llevando una agencia de jóvenes talentos y cobrando la comisión por cada trabajo, o produciendo toda la escena. Es una jugada arriesgada, porque hay mucha competencia, pero si te lo has currado, suele dar beneficios.

6. Llevar doble vida como escort
No es que sea un tema tabú, pero de esto se habla poco, aunque es vox populi que en el porno, un porcentaje alto de actrices –las que tienen mayor urgencia de dinero, no tienen reparos de ninguna clase y no tienen pareja– también se dedican a la prostitución, y llevan una agenda con bastante movimiento en colaboración con agencias que trabajan exclusivamente con caballeros que demandan alto standing. Es la prostitución que no se ve, la que no se anuncia en foros ni en periódicos, y a la que sólo se accede vía cooptación –que otro socio te recomiende– y pagando cantidades astronómicas por pasar una hora, o toda la noche, con una chica que ha aparecido en un montón de vídeos. Pueden ser escorts de un solo cliente –normalmente sugardaddies que les compran de todo a cambio de la compañía–, o escorts itinerantes que un día tienen una cita con un jugador de baloncesto, al otro con un famoso actor de televisión y al siguiente con un empresario de internet. Decimos que es un tema tabú porque muchas actrices nunca reconocerán que lo hacen, aunque en el mundillo se sabe. En su página de Twitter, la joven Alina Lopez se presenta con la frase “not an escort”, porque tiene novio. O sea, no es prostituta porque no quiere, que si quisiera, podría.

Y así es como las diosas del sexo se pagan su tren de vida.

Eso, sin contar, las listas de deseos en Amazon, una manera ingeniosa de tentar a mucho pagafantas para que le haga un regalo costoso a su actriz favorita –zapatos, joyas, libros, utensilios de cocina, bolsos– a cambio de una postal firmada, una webcam gratis o una mención en las redes sociales.

No hay demasiado dinero por rodar porno, pero rodar porno puede ser la puerta abierta a un mundo de lujos y sexo en otras esferas. Y luego hay quien se extraña de que las actrices X sean, durante el poco tiempo en que ejercen, la reinas del mambo.

 

 

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