Vicio y subcultura ¡Basta de marcas de bikini en el porno!

Nuestro rincón del vicio lanza una reivindicación estética de mucho calado: nada de tomar el sol con un bikini de dos piezas, los desnudos integrales los queremos con morenos integrales. Como debe de ser.

Ariana Marie
Javier Blánquez | 08/08/2018 - 8:57

El porno lo podemos entender de muchas maneras: como espectáculo sexual, como vademécum de posturas para amantes ávidos de información práctica para sus coitos, como refugio de voyeurs, como catálogo de prácticas inusuales para solaz de miradas inusuales.

Pero también se puede observar como una celebración del cuerpo: en el porno aparecen personas desnudas, con construcciones corporales muy distintas, pero generalmente esplendorosos, jóvenes, bien conservados, curvilíneos, tersos, bien torneados, con músculo, fibra, pelo y plástico. Ahora más que nunca, el porno es un carrusel de milagros anatómicos que, además, se cuidan constantemente para mantener el esplendor que transmite una belleza canónica, como sacada de un frontispicio romano.

Hubo una época en la que actores y actrices practicaban una cierta dejadez física e higiénica, y aunque son míticas las escenas de Ron Jeremy y otros actores silvestres de su misma cuerda, con pelambre, grasilla y requesón disimulando que por debajo hay una persona que podría haber servido como modelo para el Discóbolo de Mirón, todo eso ya ha pasado a mejor vida.

Salvo bestias por encima del bien y del mal como Manuel Ferrara, que se pasea por los platós con más pelo que un perro de aguas y barriga cervecera, últimamente los actores son chicos fibrosos, guapos, con rutina diaria en el gimnasio, y las chicas unas sílfides que, de estar todavía vivo Petrarca, inspirarían los más armoniosos sonetos que jamás haya conocido la poesía.

Ariana Marie

 

Viejas costumbres

Por eso, habiendo tanto culto a la belleza y la perfección anatómica de las huestes del ramo, no terminamos de comprender algunas cosas que todavía se siguen haciendo en el porno de hoy. Antes decíamos que Manuel Ferrara sigue pareciendo una bestia silvana, un híbrido entre persona y bosque, con más vegetación corporal que la taiga siberiana, y todavía hay fans críticos que le recriminan que no vigile un poco más la dieta y pase una hora diaria en el gimnasio, haciendo ejercicio.

Él, evidentemente, no hace ni puñetero caso, porque su estatus es divino y lo que le da de comer es el buen funcionamiento del motor de bombeo, y no el chasis. Y en el ámbito femenino hay otro síntoma de descuido que no terminamos de comprender, y que también nos provoca perplejidad.

Hablamos de la marca del bikini que muchas actrices lucen en algunas escenas. Puede parecer una tontería, pero tienen que creernos, no es así. Cuando una actriz porno se presenta en una escena y se le nota que ha estado tomando el sol y que ciertas partes de su cuerpo han estado protegidas por unos trozos de tela, aquí está pasando algo raro que no tiene una explicación lógica.

Alli Rae

 

Si estuviéramos en 1970, se podría comprender: en aquella época, en la que lo más que sabíamos sobre el bikini y su funcionamiento era lo que habíamos visto en Ursula Andress en la escena de la playa de 007 contra el Doctor No (1962), era normal que existiera todavía cierto pudor.

El topless no se instauró como tendencia hasta bien entrados los años 80, cuando poco a poco el mundo se iba modernizando, liberalizando y desaparecían viejas reticencias conectadas con el puritanismo religioso. Hubo un tiempo en el que ver a una señora destapándose la parte superior del bañador para recibir el abrazo de Febo podía resultar chocante: lo de ver tetas en público era nuevo, y en los medios de comunicación apenas había.

 

Tras la revolución sexual

Pero todo aquello cambió: poco a poco empezamos a ver más topless en las playas, incluso se pusieron de moda las playas nudistas –en las que uno podía pasearse con todo el taller colgando, y había tanta costumbre lo raro era ver a algún señor víctima de una erección imprevista, porque esos impulsos entre los nudistas se reprimen con profesionalidad escrupulosa–, y a medida que se normalizaba la visualización de las berzas en el espacio público, el topless se extendió a otros formatos, como las piscinas, las terrazas particulares, los solariums de los gimnasios y, por supuesto, las máquinas de rayos UVA.

Y todo estaba dictado por una lógica implacable: si la misión última de tomar el sol era la de broncear el cuerpo, darle un mayor alboroto a la melanina y convertir nuestra tez pálida de raza caucásica en algo más cercano al tono de ébano de Beyoncé o Barack Obama, lo que había que hacer era conseguirlo todo de una pieza, y no a cachos, que es como se construyó el cuerpo de Frankenstein.

Veronica Avluv

 

Es decir: si usted quiere un cuerpo moreno integral, lo que debe hacer es tomar el sol en pelotas, para que el reparto de la incidencia de los rayos ultravioleta en la piel sea equilibrado y no haya diferencias entre diferentes tramos anatómicos. Y aquí es donde está el problema de tomar el sol en bikini: primero, que no es necesario, y segundo, que queda feo.

 

Una tendencia preocupante

En el porno hemos visto a varias actrices principales que demuestran que han tomado el sol, pero que no han hecho topless –ni tampoco se han bajado la parte de las bragas–, y entre los nombres que se nos ocurren estarían la primaveral Ariana Marie, uno de los rostros más dulces y cuerpos más delicados del mundillo, y la otoñal Veronica Avluv, la MILF voraz que se manifiesta como una fiera en cada escena, pero que se ve que le da apuro enseñarle las tetas al dios Apolo para recibir de él una caricia solar que haga de su piel una evolución pantone del cacao.

Nos sorprende porque, si es un descuido, no tiene demasiada lógica -en vez de fijarnos en otras cosas, nos fijamos en la discontinuidad del moreno en su espalda o en las nalgas, por ejemplo-, y si es deliberado, entonces hablamos de un saboteo a las escenas sin una recompensa clara.

Ariana Marie

 

Si se trata de pudor, algo que en una actriz porno no concebimos –sí comprendemos la timidez y la inseguridad derivada de una madurez a medias, pero no el miedo a mostrar el cuerpo en público–, hay otras formas de tomar el sol sin tener que enseñar demasiada carne.

Por ejemplo, cuando le damos la espalda al astro rey, lo habitual es desabrochar el bikini: las tetas no se ven, porque están hundidas contra el respaldo de la hamaca o la esterilla, pero al menos nos aseguramos de que el lomo quede uniformemente bronceado, algo que también podemos conseguir en el trasero bajando todo lo que se pueda la tela. Una vez nos damos la vuelta, entonces ya no hay artimañas posibles: hay que enseñar las peras y el potorro, o taparlo todo y quedarse con una marca blanca.

Igual estamos despistados y nos hemos perdido algo: ¿es la marca del bikini algo sexy? ¿Hay filias masculinas o femeninas que tengan que ver con la excitación que provoca un cuerpo a medio broncear?

Si así fuera, nos sorprendería –nunca hemos escuchando nada parecido, pero tampoco habíamos visto a nadie chupar un ojo (de la cara) en pleno acto sexual hasta que revisamos aquella escena de James Deen con Adriana Chechik en la que ella acaba con la cabeza hundida en el WC, así que partimos de la idea de que aún tenemos mucho que aprender–.

Alli Rae

 

Pero como puede ocurrir también que la marca del bikini no excite a nadie, entonces nuestra pregunta es legítima: es normal que lo haga la gente común, las mujeres con otras profesiones, pero si tu trabajo pasa por mostrar y utilizar tu cuerpo, ¿a qué se debe esta desidia, esta variación bicolor en la piel?

Qué duda cabe de que, en el acto sexual, tanto da el tono de la piel, y si hay bronce o marfil en la epidermis. Hemos visto escenas técnicamente impecables en las que la actriz lo ha dado todo, menos acceso al sol para lamerle las nalgas y las ubres. Pero estéticamente, qué quieren que les diga, no es una cosa impecable.

Plantea dudas, genera debate, no estamos seguros de que sea una expresión explosiva. Es por ello por lo que anunciamos ahora mismo, solemnemente, que vamos a abrir una causa en change.org para que, de ahora en adelante, se le impida rodar porno a cualquier actriz que no haya tomado el solo con un desnudo integral, porque el pubis nos gusta verlo del mismo tono de bronceado que una paletilla o un brazo.

Tampoco pedimos tanto, creo yo.

 

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