Vicio y subcultura Blacked Raw, el lado (más) oscuro de Greg Lansky

Ya hemos podido hincarle el diente a lo último de Greg Lansky, Black Raw, el portal de los que se pirran por el porno más áspero, sucio y directo.

Kylie Page
Javier Blánquez | 30/10/2017 - 15:54

Se puede asegurar sin pudor que Greg Lansky ha creado un estilo propio en el porno, como Guardiola en su día lo hizo en el fútbol o David Fincher en el cine. Hay que decir que no es un estilo nuevo, sino una vuelta de tuerca de algo que ya existía –del mismo modo en que Guardiola viene de Cruyff y de Luis Aragonés en la Eurocopa del 2008, y Fincher de Hitchcock y Brian de Palma–, pero que de tan personal y, sobre todo, de tan exitoso, parece que haya sido todo idea suya.

En el caso de Lansky, de lo que trataba su fórmula era de encontrar el punto de unión exacto entre el porno chic con muchachas guapísimas y actores con la musculatura bien tonificada, un tipo de ñogo-ñogo estiloso y dulce a la vista como el que estaban trabajando a principios de esta década compañías del porno alternativo como X-Art, y equipararlo al gonzo hardcore que se había apoderado con la estética del rollo duro, ese que muestra sin pudor anos muy abiertos, largas felaciones con litros de saliva cayendo espesamente de la punta del glande para abajo, y a veces dobles penetraciones.

Hay que decir que Lansky se ha beneficiado de una circunstancia nueva en el porno moderno: las actrices son cada vez más bellas, sus ojos son más azules y sus cuerpos son más marmóreos, así que el lujo escaso que se permitían compañías como X-Art –tener follando a mozas con cuerpos de modelos, que de tan primorosas que eran no permitían por sus cavidades entrara ni un dedo–, él lo ha tenido a granel.

Sloan Harper

 

La estética de una generación

De este modo, en la estética Lansky hay glamour, belleza y sexo duro, algo que ya estaban tratando de afinar productoras como Hard X y Elegant Angel, pero que el director francés ha sabido culminar básicamente haciéndose con los servicios de las principales actrices del momento, a las que paga generosamente, las invita a pasar un fin de semana en su yate fondeado en el puerto de Miami, las filma con exquisitez y cuidando el esplendor de la luz natural, que reposa sobre su piel como si fuera un producto L’Oreal, y además nunca las deja en manos de actores bárbaros y mal depilados, sino al cuidado de expertos folladores con cuerpos Danone que, lógicamente, además de ser excelentes profesionales, les ponen como motos, de modo que las escenas se benefician de lubricación natural y química potencialmente explosiva.

Total, que si ellas (y ellos) disfrutan, el producto Lansky se lanza al mercado con un márketing inteligente a base de pasión, belleza, aspiración social, hipsterismo y una estudiada galería de cuerpos variados, que van de la chica delgada a la curvy jugosa, y de la rotunda amazona levemente operada a la rubia cañón: es un diseño perfecto. Ni qué decir tiene que, desde que funcionan sus tres líneas de producto –Blacked, Tushy y Vixen–, hay un nuevo público para el porno. De igual manera que hay gente que sólo consume Uniqlo, Atlético de Madrid o pizza Tarradellas, también hay pornófagos que no salen de Lansky. Lansky les (nos) da todo lo que necesitamos.

Blacked Raw

 

Así que cuando se anunció que habría una cuarta pata para sostener el imperio Lansky, una cuarta marca con la cual el rey del porno había a darnos nuevas escenas semanales, empezamos a dejar volar la imaginación. ¿Con qué más nos podría obsequiar? A Lansky le falta una línea exclusivamente lésbica, en la línea de We Live Together, así que esa podría ser una posibilidad: si tienes a las mejores chicas del momento, déjalas retozar solas, mientras se exploran la almeja. O también podríamos imaginar una línea asiática o latina, porque hay un filón en el porno con etnias diferentes a la caucásica y la negra, y quién sabe, igual había olfateado el dinero por ahí.

 

Un nuevo producto Lansky

Pero la solución era más evidente: lo que le faltaba por hacer a Greg Lansky no era añadir una nueva línea de gonzo chic a su empresa, sino diversificar su empresa con algo que no fuera Lansky por definición. Si sus detractores le han acusado de no ser excesivamente duro en las escenas, ni siquiera cuando hay estrenos anales en Tushy, lo que tenía que hacer Lansky era volverse más bruto, más áspero, más sucio, y así fue como dio con su nueva productora, Blacked Raw.

Como Blacked –o sea, sexo interracial con sementales zaínos que más bien parecen sacados de una ganadería de Miura o Victorino–, pero sin todo elemento cool. Se trataba de poner a follar a las mujeres más deseadas del porno con las máquinas mejor dotadas del talento negro actual sin que hubiera ningún elemento hipster. Sucio, crudo y a poder ser mal iluminado.

Blacked Raw

 

El acierto ha sido absoluto, porque si se consolida Blacked Raw como un producto reclamado por el público –además, teníamos la impresión de que Blacked estaba perdiendo punch en las últimas escenas–, eso le abre la posibilidad a Lansky a inaugurar en unos meses una línea Tushy Raw –sexo anal pero mucho más sórdido– y Vixen Raw –cuerpos perfectos haciendo las mayores guarreridas españolas–, con lo cual podrá mantener el dominio del porno actual habiéndole dado la vuelta a la tortilla.

 

A por todas

Por supuesto, la línea Raw no es nueva en cuanto a cómo se representa el acto sexual, pero viniendo de Lansky, nos parece que es un paso adelante en su empeño de satisfacer la demanda de su público, que quizá echaba en falta cosas como que las actrices se tomaran su tiempo para repasarle con esmero, como un gato se mojaría el pelo, todo lo que sería la zona inguinal de su partenaire, con lo que tendríamos gratos ejemplos de beso negro –en ojete ídem– y lo que comúnmente se conoce como ‘comerle los huevos por detrás’ a alguien. Bien por Lansky.

Blacked Raw se lanzó el pasado jueves, con diez escenas de golpe, se actualizó en la noche del domingo con otra pieza más protagonizada por la canadiense August Ames, y ya sabemos perfectamente de qué va el rollo. Si Blacked y Tushy siempre son escenas diurnas, Blacked Raw es 100% nocturno: se simula la visita a un hotel de la protagonista, que puede ser una amante, una cita de Tinder o una prostituta –aunque, a diferencia de la serie Tonight’s Girlfriend, no se ve el acto de pagar, así que sería más bien una escena de adulterio a través de portales tipo Ashley Madison–, y mientras llega al hotel ella se graba con su teléfono móvil, comentando lo excitada que está de encontrarse con esa maravilla de la naturaleza tallada en ébano.

 

Directo a la yugular

A continuación, y con un enfoque completamente rectangular y vertical –inspirado por la cámara del iPhone y por las películas de Xavier Dolan–, Lansky nos muestra los prolegómenos del acto, y luego ya pasa al full HD con todo el ritual erótico, que pasa por las habituales fases de la felación, el repaso de las bolsas colgantes, el coito en diferentes posiciones, la germinación final, y luego una coda en la que la pareja comienza a hacerlo otra vez, en la ducha, en la piscina o en el jacuzzi.

Blacked Raw

¿Es lo mismo? Sí. ¿Es más elegante? Todo lo contrario, es más sórdido. ¿Es nuevo? No, pero nos lo parece. ¿Es más excitante? Eso estará por ver.

Si nos tenemos que valer de una escala Lansky, Vixen sigue siendo la joya de la corona, y quizá nos rindamos a sus pies definitivamente cuando decida hacer Vixen Raw. Otro detalle interesante de Blacked Raw es que no hay escenas anales –en Blacked sí hay, incluso DPs–, así que esto sería un aviso de que se está preparando Tushy Raw. Sea como fuera, resulta que el tipo ha vuelto a hacer una maniobra hábil que descoloca a sus rivales, como Rajoy el otro día, y sigue estando al mando de la situación.

Las actrices que han accedido a rodar para Blacked Raw son las habituales en el imperio Lansky –además de August Ames, tienen su escena Lana Rhoades, Kylie Page, Kendra Sunderland, Tasha Reign, Abigal Mac y las debutantes Chole Scott y Sloan Harper–, y no tardaremos en ver cómo ídolos de Primera Línea como Keisha Grey, Eva Lovia o Valentina Nappi se enfrenten a bichos monstruosos como Jason Luv –el nuevo rey del porno negro, un tipo con más tatuajes que Gucci Mane, la estrella del rap–, el dueño del mayor rabo oscuro del gremio, Dredd, o Davin King. De quien no se ha vuelto a saber nada es de Julio Gómez, aquella especie de columna de humo negro que duró dos escenas, supuestamente porque no podía aguantarse el esperma durante más de diez minutos.

Blacked Raw

Conclusiones: amanece una nueva etapa para el porno interracial, que había perdido prestigio en los últimos años, y Lansky diseña su maniobra hábil para seguir haciendo caja y tener contentas a las chicas de su harén particular.

Ahora sólo falta que doble (o triplique la apuesta), y quien esté esperando en la habitación de hotel no sea un búfalo de Senegal, sino un francés con cara de querer invitarte a quesos y vino como Jean Val Jean. Lansky, no sabemos qué nos das, pero nos mola.

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Janice Griffith: La actriz porno fumeta que odia el sexismo y el racismo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados