Historias del porno Buttman al rescate

Hace 28 años, Buttman, un perseguidor de culos femeninos con nombre de superhéroe chungo, aterrizó en el porno para cambiar, involuntariamente, el destino de la industria. Esta es la historia del hombre que se ocultaba tras de él.

Jodi Taylor
PACO GISBERT | 12/04/2017 - 10:50

Con 17 años, John Stagliano se matriculó en periodismo y literatura en la universidad mientras soñaba con ser jugador profesional de béisbol y convertirse en la estrella de los Cubs, el club más antiguo de su ciudad natal, Chicago.

Pero un día se dio cuenta de que las clases de danza y teatro estaban llenas de chicas guapas. Así que, John, que ya veía que aquello de hacer home runs en Wigrey Field era un sueño imposible y se conformaba con ser algún día profesor de literatura en un instituto del Medio Oeste, se cambió de carrera y se apuntó a arte dramático, aunque solo fuera por ver los culos de sus compañeras de clase embutidos en mallas de ballet.

 

Un actor de chicha y nabo

Aquella decisión cambió la vida de John. Al acabar la universidad, comenzó a buscarse la vida en los más diversos oficios, con su currículo de bailarín bajo el brazo.

Solo encontró algunos trabajos como modelo y stripper, mientras completaba su exiguo sueldo escribiendo relatos eróticos para un pequeño periódico de California. Incluso participó en un loop pornográfico, en 1974, que le daría lo lo suficientes contactos como para, en 1982, con 30 años recién cumplidos, entrar en la industria del porno.

stagliano

Desde sus comienzos en el triple X, Stagliano ejerció como actor y director. Era un actor del montón, un tipo sin demasiada gracia y sin unos atributos sexuales como para impresionar a nadie, que, además, demostraba sus habilidades danzarinas bajo cualquier pretexto. Había que verlo bailar antes de verlo follar.

Un suplicio. Sin embargo, pronto se reveló como un director original, un profesional que sabía dónde colocar la cámara y que sacaba de los actores y actrices lo mejor de sí. Así que, poco a poco, dejó de situarse delante de las cámaras para encontrar su espacio detrás de ellas.

 

El nacimiento de Buttman

Un día de 1989 en las oficinas de su productora, Evil Angel, fundada dos años antes, tuvo la ocurrencia de producir una película en la que el protagonista fuera el propio camarógrafo.

No era una idea muy original, pues el cine ya lo había experimentado muchos años antes (en ‘La dama del lago‘, de Robert Montgomery) sin excesivo éxito, pero era la primera vez que alguien filmaba porno con una cámara subjetiva. Y, de esa manera, mataba varios pájaros de un mismo tiro. Por un lado, acercaba el porno a uno de sus objetivos, la identificación del espectador con el protagonista de las escenas sexuales.

Por otro, ahorraba costes, pues al convertir al protagonista en camarógrafo (o viceversa) fundía en una misma figura director y actor. Y, por último, esperaba dar un nuevo impulso al cine porno, en peligroso declive después de los escándalos y las persecuciones de que había sido objeto en la década de los años 80.

Todo eso lo consiguió con un personaje: Buttman.

buttman

Buttman (literalmente “hombre culo”) fue el protagonista de la mayoría de las películas de Stagliano durante los años 90. Era un tipo que con una cámara iba buscando las chicas con los mejores culos que encontraba a su paso con el sano objetivo de practicar el sexo con ellas.

Unas veces lo conseguía; otras no. Y lo grababa todo: los éxitos y los fracasos. El propio Stagliano era Buttman, un tipo que era él mismo en la época de la universidad, cuando buscaba culos en las clases de arte dramático, pero con nombre de superhéroe chungo.

 

El legado de Buttman

Buttman cambió la historia del porno hace casi 30 años.

No solo porque, en las películas de sus sagas, debutaron estrellas mundiales del cine X como Zara Whites o Alexandra Quinn, sino porque introdujo una forma de hacer porno que acabaría matando involuntariamente la narratividad de las películas X. Involuntariamente porque el objetivo de Stagliano era justamente el contrario: construir un relato en el que el narrador fuera el propio espectador.

Desgraciadamente, la idea acabó pervirtiéndose hasta convertirse en polvos sin ninguna justificación argumental unidos entre sí para conformar una película X, el antecedente más próximo a las actuales escenas producidas para internet.

Como un auténtico superhéroe, Buttman llegó al rescate del porno a comienzos de la década de los 90 para darle una solución de futuro. Bautizada desde el comienzo con el nombre de ‘gonzo‘, su propuesta no tiene nada que ver con lo que entendemos como ‘gonzo’ en el porno actual, pero puso las bases para el desarrollo posterior de una industria que, con los años, se ha alejado de su esencia narrativa para focalizarse en el sexo puro y duro.

Justo lo contrario de lo que se le ocurrió a Stagliano hace más de 28 años.

 

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