Vicio y subcultura Cate Blanchett es una diosa

Verla con el cabello moreno ala de cuerpo en las primeras imágenes de ‘Thor: Ragnarok’ ha activado de nuevo nuestra adoración por la australiana Cate Blanchett, tan deliciosa como de costumbre a sus espléndidos 48 años.

Cate Blanchett
Javier Blánquez | 23/10/2017 - 12:22

Comenzamos la escritura de este texto con el absoluto convencimiento de que nunca es tarde para arrodillarse ante Cate Blanchett y, si fuera necesario, ponernos a su plena disposición para lo que haga falta: aceptaríamos cualquier cosa, como hacerle la compra, llevarle los niños al colegio o dejarnos pisar por sus zapatos de tacón; nos ataríamos la correa del perro y nos dejaríamos llevar por el parque a cuatro patas, le abanicaríamos con plumas de pavo real y hasta nos tiraríamos por un barranco a su primera orden.

Cuando aquí oímos o leemos el nombre de Cate Blanchett, lo primero que hacemos es ponernos firmes en señal de respeto y luego lo que ella disponga, porque no hay ninguna mujer en el universo con mayor autoridad moral para ser la ama de un ejército de esclavos plegados a su voluntad.

¿Acaso hay una planta más espectacular, una nobleza más ilustre, una rubiez más deslumbrante? Y decimos que nunca es tarde porque, siendo honestos, el momento más espectacular de Cate Blanchett fue hace ya más de 15 años, cuando apenas había cumplido los 30 y se metía en la piel traslúcida de Galadriel, la reina de los elfos en Lothlórien, el bosque mágico de la Tierra Media.

 

La elfa de nuestros sueños

Su participación en la trilogía de ‘El señor de los anillos’ fue la confirmación de que el mito de una sex symbol para la eternidad se había grabado a fuego divino en una losa de mármol, como en las tablas de la ley de Moisés, y confirmaba nuestras sospechas –cuando, todavía post-adolescentes y con las hormonas alteradísimas– de que aquella actriz australiana que había dado vida a la reina Isabel de Inglaterra en las dos partes de ‘Elizabeth’ estaba hecha de la misma materia que los sueños.

Cate Blanchett

 

Desde entonces, lo que hemos tenido con Cate Blanchett es un enamoramiento permanente y una obsesión que, aunque ha evolucionado durante todo lo que llevamos de siglo, jamás se ha apagado, lo que dice mucho del radiante carisma de la que ha sido la actriz con menos papeles de relleno en todas las carreras del siglo XXI, porque incluso haciendo papeles menores, o en películas indies, siempre ha metido el dedo allí donde había chicha, ya fuera a las órdenes de Woody Allen, Wes Anderson, Terrence Malick, Peter Jackson, Martin Scorsese, David Fincher y Ridley Scott, por no decir ya Steven Spielberg y Todd Haynes.

Si no te estoy pidiendo que me lo mejores –diríamos, imitando a José Mota–, pero iguálamelo. Cate Blanchett es como el lema de ‘El Intermedio’: mañana más, pero no mejor, porque es imposible.

Cate Blanchett es inigualable, para qué mentir. Cumplidos los 48 años en mayo –es de la cosecha del 69, el mismo año en el que nació Carl Craig, y si no saben quién es, ahí está Google–, cada nuevo paso que da en su carrera en el cine, en el teatro o en la publicidad es un avance seguro hacia la eternidad.

Seguramente saldrá ahora el típico tío listo que vendrá con el argumento de que nunca será una sex symbol tan memorable como Marilyn Monroe, porque le faltan curvaturas del espacio-tiempo, ni que tampoco responde al prototipo de la MILF de aplomo incuestionable, y si vamos película por película, y etapa por etapa, otras actrices han tenido repuntes más espectaculares y mayores salarios.

Cate Blanchett

 

Pero ahora fijémonos únicamente en la película desde el principio hasta el final: mientras muchas promesas se han quedado por el camino y otras bellezas se han marchitado como una flor con la llegada del frío, Cate está en ese punto de su carrera en que nunca le faltarán ofertas, como en su día Katherine Hepburn –a quien interpretó en ‘El aviador’, con un todavía joven Leonardo DiCaprio, aún no sometido a la adiposa dictadura de los michelines cerveceros– o desde hace un tiempo Meryl Streep.

 

Lo que la hace única

Su hecho diferencial, como el euskera para los vascos, es su apariencia helenística o angelical, o sea, una perfección de las líneas y un equilibrio de las formas que bien podría haber sido modelo para los lienzos de un maestro italiano del Quattrocento, o bien una versión en carne pálida de las efigies griegas y romanas que, en piedra de las canteras de Carrara, adornaban los palacios de los patricios y los reyes.

Cate Blanchett es una expresión intermitente de la divinidad en todas las épocas, que a veces se ha manifestado en la figura de Helena de Troya, Cleopatra, Juana de Arco, la apariciones marianas de la Edad Media –nada que ver con Rajoy, que últimamente también aparece– y la libertad guiando al pueblo en el cuadro de Delacroix, pero sin enseñar una teta, que ya nos gustaría.

En el siglo XXI, una época en la que vamos renovando el stock de mitos sexuales y exaltaciones de la belleza pura con demasiada celeridad, Blanchett es una constante astronómica, una garantía de infinitud en la que siempre puedes confiar. Pasarán los años y su vejez será noble y beatífica, será la demostración de que la perfección es como la energía, que en vez de destruirse se transforma.

Cate Blanchett

 

Martillo y dios del rayo

Toda esta alabanza de Cate Blanchett tiene que ver con su nuevo papel importante, en ese caso el de Hela, diosa del infierno, en la tercera parte de la saga del dios nórdico del trueno, ‘Thor: Ragnarok’, que dirige Taika Waititi para Marvel Studios.

Ahora habrá quien diga que vaya mierda de excusa, puesto que Thor es claramente una franquicia de hostias y efectos especiales, con actores musculosos, conflagraciones cósmicas y bichos generados por ordenador, y que es indigno de Cate, una señora como dios manda, aparecer en películas que no sean, como mínimo, tan buenas como ‘Blue Jasmin’, aquella maravilla de Woody Allen en el que hacía de ricachona arruinada por la crisis en su fase de histérica, por no decir loquísima del coño. Pero es que hay un detalle que no debe pasarse por alto. ¿Cuál? Siga usted leyendo, no le va a defraudar.

La mayor prueba de resistencia o de estrés que podía sufrir la belleza veraniega de nuestra Cate, ahora entrando en su estadio otoñal –su ciclo es como el del Marqués de Bradomín en las ‘Sonatas’ de Valle-Inclán, pero en élfico–, era la de sacrificar el principal de sus activos y virtudes, o sea, la melena rubia, que establece el vínculo perfecto entre el ideal vikingo y la residencia en una mansión californiana

Cate Blanchett

 

Nos enamora Cate porque su cabello gongorino era de los que competían con el sol en brillos dorados, ya fuera en las películas del Señor de los Anillos o en ‘El curioso caso de Benjamin Button’, un momento dulce de su carrera en el que estaba llamada a compartir pantalla con Brad Pitt, el único varón a su altura.

Pero en ‘Thor: Ragnarok’ es una villana malvada, una diosa surgida del trasmundo con habilidades mágicas capaces de torcerle el culo a las divinidades blancas del Valhalla –que aquí llaman Asgard–, e incluso a la bestia verde llamada Hulk, y con buen criterio la han caracterizado de morena con textura de color de ala de cuervo.

Y qué quieren que les diga, incluso cambiando de color de pelo tenemos a una Cate que nos hace chorrear la baba primigenia, con el añadido de que si antes nos parecía ángel de otra dimensión, ahora transmite el morbo de la femme fatal chunguísima, por la que nos dejaríamos humillar día y noche a cambio de un poco de atención y varios insultos en la cara.

 

Recatada pero irresistible

Cierto es que en la caracterización aparece ultramaquillada y tapadísima, pero ante el contraste del rímel negro, sus ojos azules resultan más cortantes y penetrantes, y eso es tan letal como un golpe en el cogote del martillo Mjiolnir, que en la película, precisamente, acaba hecho añicos por la fuerza y la magia de nuestra mujer peligrosa.

Cate Blanchett

 

Hay que decir que las películas de superhéroes, últimamente, están siendo un refugio extraordinario para muchas actrices de más de 45 años que, de una forma u otra, consiguen mantener viva la llama de las sex symbols que fueron: Robin Wright en ‘Wonder Woman’ como lideresa de las Amazonas, o Esperanza Aguirre griega lanza en ristre, o Marisa Tomei como tía de Spiderman, o Gwyneth Paltrow –recién ingresada en el club- como Pepper Potts, la asistente de Tony Stark… No cabe discusión alguna: Cate Blanchett nos parece una elección estupenda.

¿Y el futuro? Para 2018 ya tiene comprometidos tres papeles importantes: uno, el protagonista en ‘¿Dónde estás, Bernardette?’, adaptación de un éxito reciente de la chick-lit más ligera, pero que va a dirigir nada menos que Richard Linklater; otro, a las órdenes de Eli Roth en ‘The House With a Clock on Its Walls’ –suponemos que dará miedo y habrá sangre–, y finalmente el papel de co-protagonista de ‘Ocean’s Eight’, una adaptación de la película de atracos de Steven Soderbergh, pero en plan ‘Cazafantasmas’, con un elenco brutal de mujeres imponentes: Rihanna, Sandra Bullock y Anne Hathaway, entre otras. Mujeres a las que Cate no tiene nada que envidiar.

Ya le gustaría a Rihanna pisar el mismo suelo que ella y que encima se lo besáramos. Así que aunque camine por el valle de la muerte y ahora nos la hayan teñido de un color negro más espeso que el alquitrán, para nosotros Blanchett siempre será una diosa.

 

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