Historias del porno Del sátiro a la Coca

Paco Gisbert indaga en los orígenes del porno para llegar a un conclusión insospechada: puede que todo empezase con un sátiro y una ninfa en 1907, en Quilmes, muy cerca de Buenos Aires.

Porno argentino
Paco Gisbert | 14/02/2017 - 19:02

A la vera de un río, con vegetación boscosa, entre árboles y yuyos, unas ninfas corren desnudas y juegan alegremente entre sí. La apacible calma se ve transformada por un personaje misterioso: un fauno con barba y cuernos. Luego de un forcejeo leve, el fauno captura a una de ellas. Se la lleva lejos.

Después se lamen los genitales uno al otro y, finalmente, se produce la penetración con primeros planos del pene. Tras la faena, quedan saciados. El sátiro escapa cuando el resto de las ninfas intentan rescatar a su amiga. Funde en negro. Fin. El porno puede haber nacido en Argentina.

 

Un incunable del cine X

Así explica Hernán Panessi (Buenos Aires, 1986), el principal estudioso del porno argentino, el argumento de ‘El Satario’, considerada la primera película X de la historia (o al menos, la más antigua que se conserva), rodada en Quilmes, cerca de la capital, en 1907 y con intertítulos en inglés que explican mejor la trama.

En unos tiempos en los que la capital de la república gozaba de la merecida fama de ser una de las que mayor número de prostitutas acogía (era conocida internacionalmente como ‘la ciudad del pecado’) que aprovechaban el extraordinario tráfico marítimo del río de la Plata, ‘El Satario’ (título que deriva de una mala transcripción del original: ‘El Sátiro‘) parece solo la punta del iceberg de una industria que producía de la manera regular stag films pornográficos para distribuirlos en los burdeles de Inglaterra, Francia, los países balcánicos y Rusia.

Resulta curioso que Argentina, un país con escasa tradición de cine pornográfico, fuera el lugar en el que comenzó todo, el plató en el que se rodó el porno más primitivo que conocemos. Y eso es precisamente lo que trata de explicar Panessi en ‘Porno argento!’, la primera historia del cine nacional triple X, como reza el subtítulo del libro, publicado el año pasado por la editorial argentina Cuarto Menguante.

Isabel Sarli

 

Un historia insólita

Lo hace trazando un repaso muy documentado del cine licencioso en su país, que arranca en ‘El Satario’ y culmina, ocho décadas después, con Víctor Maytland, el director de referencia del porno rioplatense, al que se podría equiparar con el español José María Ponce en su papel de pionero y dinamizador del cine X en Argentina.

Forjado en el cine político de tinte social, Maytland se pasó al porno en 1989 para dirigir y producir ‘Las tortugas mutantes pinjas’, la película iniciática de la industria pornográfica en Argentina, que viene a ser una parodia cutre de la famosa serie televisiva norteamericana ‘Las Tortugas Ninja’.

La película se convirtió enseguida en un extraordinario éxito, puesto que llegó a vender más de 50.000 copias de vídeo en su distribución, directamente en los establecimientos especializados en VHS. Panessi recoge en su obra muchas de las leyendas y mitos que rodean a la grabación de aquel filme que ya ha pasado a la historia del cine de bajo presupuesto en América Latina. Tras ese arranque, Maytland ha seguido dirigiendo y produciendo cine porno.

Isabel Sarli

 

Pero el trayecto que va de ‘El Satario’ a Víctor Maytland tiene muchas paradas. Como la de la lucha contra la censura en los años 50 o 60, o la moda del ‘cine de situación en albergue transitorio’, comedias picantes localizadas en meublés.

Y, sobre todo, pasa por Isabel Sarli, la actriz erótica más importante del cine argentino en toda su historia. Sarli, conocida por el seudónimo de La Coca, protagonizó algunas de las cintas más calenturientas que se recuerdan en los años 60 y 70, gracias a su voluptuoso cuerpo, todas ellas dirigidas por Armando Bo, entre ellas filmes como ‘Carne’, ‘Fuego’ o ‘La diosa virgen’, verdaderos objetos de culto para los aficionados al cine psicotrónico.

 

Paola Fiamma

Isabel Sarli

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