Échate un Casquet Así se desarrolla una escena porno

Casquet sigue con su política de colarse hasta la cocina en los rodajes triple X para contarnos lo que se cuece entre bastidores. Esta vez, ha dedicado todo un artículo a cómo se graba, se sufre y se disfruta el porno que se está haciendo ahora mismo en España.

Así se graba porno
Noemí Casquet | 04/07/2014 - 11:11

Cuando entré en el mundo del porno, sentí una mezcla de sentimientos antagónicos. Por una parte, estaba sumamente excitada porque iba a descubrir la trastienda de un mundo que siempre me ha fascinado. Por otro lado, tenía miedo de acabar viéndolo exclusivamente como un trabajo y llegar al punto de no retorno, es decir, aburrirme con la que hasta entonces había sido mi mayor afición.

Por ese motivo, llegué un pacto conmigo mismo: hacer todo lo posible para separar el trabajo del placer. Supongo que te preguntarás si me excito en los rodajes porno a los que acudo como periodista o maquilladora. Por norma general, no, porque te pones en situación y asumes con naturalidad el papel que te corresponde en ese momento. Estás por lo que estás. Además, una cosa es el resultado final, la escena tal y como la disfrutas en casa. y otra muy distinta su proceso de elaboración. No tiene nada que ver el trabajo en directo con el disfrute en diferido.

¿Cómo se desarrolla una escena porno? Para empezar, partamos de la base que casi nada es lo que parece, como ocurre en cualquier película. Pero eso no quiere decir que se falseen necesariamente las corridas o que las erecciones se mantengan por medios artificiales. Son cosas que ocurren, sin duda, forman parte de la profesión, pero os aseguro que yo todavía no las he visto.

 

A veces, ni se presentan

El primer paso, por obvio que parezca, es coordinar a todos los participantes. Nos movemos en un mundo en que no todos los actores y actrices produzcan deserciones de última hora: hay gente que no se presenta, sin darte ninguna explicación, y que cuando la buscas ha desaparecido sin dejar rastro.

¿Qué hacer si algo así ocurre? Piénsalo: has movilizado a todo tu equipo para que un actor o actriz no aparezca. En estos casos, se suele buscar a algún sustituto de última hora. Y si no hay nadie disponible, se graba un ‘solo’ (es decir, una masturbación más o menos adornada) y listo. Pero poco más se puede hacer, al margen de rezarle a todos los dioses para que la persona a la que esperas no se olvide de ti y aparezca.

Una vez reunido el equipo, hay que trasladarse a la localización previamente consensuada. Un lugar, a ser posible, bien iluminado, amplio, que ofrezca posibilidades suficientes y que tenga una estética atractiva y adecuada. Si algo de eso falla, el resultado no será el mismo.

Por norma, los cámaras y el fotógrafo van invadiendo toda la zona designada para la escena. Montan los enormes focos, los flashes, limpian las cámaras, acomodan el escenario, tropiezan constantemente con los cables e intercambian entre ellos tecnicismos audiovisuales que jamás entenderemos.

La maquilladora debe trabajar de forma rápida y eficaz. El tiempo es oro en un rodaje porno y siempre se alarga. Su trabajo es esencial ya que debe potenciar la belleza de las actrices para que el cliente final pueda disfrutar de ello. Lo mismo pasa con los actores, quienes también suelen recibir algún retoque.

 

Así se graba porno

En cuanto está todo listo, se da paso a las fotografías. Quizás sea lo más aburrido de una escena porno. Se realizan muchísimas fotos, aproximadamente unas 500. Primero posa la actriz, que va desnudándose poco a poco, y le sigue su compañero que ya debe estar empalmado para la sesión. Eso significa tener a tu lado a un tío masturbándose constantemente mientras está comiendo, bebiendo o hablando contigo. Durante la sesión de fotos hay sexo, pero nada pasional. Algo así como meterla y estar unos segundos quieto posando para que todo quede perfecto. Y la erección tiene que aguantar siempre.

Cuando el fotógrafo acaba de realizar su trabajo, se inicia el rodaje. Normalmente se graba primero la parte de la llamada “comedia”. Sí, aquello que muchos de nosotros nos saltamos para ir directamente a la acción, lo poco que queda de los ‘argumentos’ que tenían las películas porno hace no tantos años. En algunos casos, esta parte se complica debido a la falta de habilidades escénicas de muchos actores y actrices, pero en otros puede resultar francamente divertido.

Ya tenemos las fotografías realizadas y la comedia grabada. Ahora pasamos a la acción: el sexo. Los cámaras deben estar muy concentrados para captarlo todo y los actores deben tener muy en cuenta todas las posturas que el director les ha pedido que realicen. En muchos casos, se les permite ir a sus anchas y que disfruten del polvo. Al fin y al cabo, una buena escena de sexo es proporcional a una buena follada con muchos orgasmos que poco tienen de ficticios. Y eso sí que excita.

No se suele detener el espectáculo en ningún momento, sobre todo si el actor tiene problemas de erección. Como se corra antes de tiempo o se le baje, se echa a perder  el trabajo de todos, con la enorme responsabilidad que eso implica.

Previamente se pacta si se realiza anal o no, ya que las actrices deben prepararse días antes para ello. Siguen dietas, utilizan lavativas para limpiar la zona y se dilatan antes de rodar para que todo vaya seguido. También se pacta cómo será la eyaculación y cómo acabará la escena. En muchos rodajes no se cumple lo establecido previamente y los actores y actrices llegan a mejorar la idea. Debemos tener en cuenta que son profesionales del sexo ficticio y que saben perfectamente aquello que mejor queda frente a cámara.

A medida que avanza el sexo, el ambiente se va cargando de diversos aromas: babas, fuerte olor a genitales, semen, sudor… Además de los gemidos constantes y el sonido de los cuerpos chocando. Una gozada, vamos.

Cuando la escena finaliza, lo habitual es que se aplauda, como cuando aterriza un avión de Ryanair. Los actores y actrices se dan una buena ducha mientras los demás recogemos todo el material.

Luego suele haber un ratito de tertulia, en el que se suelen repasar las anécdotas del día y se comenta lo que ha ido bien y lo que ha ido mal, y por último cada uno se va a su casa. Hemos trabajado unas diez horas para crear un producto de 20 minutos. No está mal, ¿verdad?

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