Échate un Casquet: El olor de Carolina Abril

Casquet continúa con sus crónicas gonzo sobre los entresijos del sexo nacional. Esta vez, rememora para nosotros el día que le tocó entrevistar a una Carolina Abril en pleno trajín, haciendo honor al lema que la ha hecho famosa: “¡Viva mis pajas!”.

Carolina Abril
Noemí Casquet / Foto: Rock Pepe | 28/01/2014 - 13:09

Los festivales eróticos son experiencias abrumadoras. Lo primero que te impacta es ver cómo follan a escasos metros de ti, cómo te salpican algunos squirts, cómo la gente se avalanza para conseguir el mejor plano en su móvil o para grabar en su retina el striptease de una diosa del sexo.

En mi caso, sin embargo, lo que más me impactó al principio fue el intenso olor a sexo. Cierta vez, leí un artículo periodístico en que se narraba la visita a un club liberal poniendo especial énfasis en ese aspecto: el olor que impregnaba la atmósfera. Sí, ese peculiar perfume que queda flotando en el ambiente cuando llevas horas follando, te levantas para ir al baño y por un instante crees que tu habitación se ha convertido en una pescadería de barrio.

Cuando pisé por primera vez el Salón Erótico de Barcelona, la mezcla de apetitosos efluvios ajenos que percibí nada más cruzar la puerta de cristal hizo que se disparase mi cóctel de feromonas, estrógenos, testosterona y demás sustancias químicas, contribuyendo a humedecer hasta el último rincón de mi sexo. Vamos, que me puse cachonda perdida.

Sin embargo, el gran recuerdo olfativo del Salón es el que conservo de la última edición hasta la fecha, la del pasado mes de octubre. He fantaseado con él día y noche, y no importa reconocer que me ha proporcionado orgasmos impresionantes.

 

Carolina, sus olores y yo

Era sábado y el Salón Erótico de Barcelona ardía. Yo pasé la tarde micro en mano, entrevistando a los ganadores de los Premios Ninfa-Primera Línea 2013. Todo transcurría sin grandes sobresaltos hasta que llegué al stand de Actrices del Porno, donde se encontraba Carolina Abril. Una lolita morena, con sus gafas de pasta, su sonrisa picarona y su culo digno de peregrinaje. Una mujer que me pone muy, muy cachonda.

Cuando llegué, Carolina iba a lo suyo, haciendo webcam, totalmente desnuda y masturbándose.

-¿Queréis que le haga la entrevista ahora?- pregunté un tanto superada por las circunstancias.

-Sí, sí, ningún problema-, me respondieron.

Me acerqué. Me miró. Me mojé. Todo en menos de un segundo. Estaba temblando de la excitación. Joder, ¡tenía a Carolina Abril masturbándose a un par de palmos de mí! No pude articular palabra. Se me olvidó el lenguaje. Me quedé absorta contemplando la manera en que sus dedos estimulaban su hinchado clítoris.

– Carolina, ¿qué significa para ti….?-, balbuceé.

Empezó a gemir. Un murmullo que hizo latir mi entrepierna.

-No te escucho bien–, me dijo ella.

 

¿A qué huele?

Así que me acerqué un poco más. Casi hasta tocarla. Y ahí estaba aquello. Ese olor que me resultaba tan familiar. El que te acerca el límite cuando estás cachondísima y te bajas las bragas, dispuesta a masturbarte. El de coños que piden que les acerques la lengua. Así olía Carolina Abril, y juraría que aún queda un recuerdo de ese olor en mis fosas nasales.

Como guinda, Carolina empezó a asomar la webcam a su vagina, de manera que un plano ginecológico de sus partes íntimas apareció en la pantalla que yo tenía justo delante, poniendo aún más a prueba mi profesionalidad y mi compostura.

Acabé la entrevista como buenamente pude y me despedí de la actriz. Cuando salí, seguía respirando su abrumadora esencia. Al recordarla, aún fantaseo con ella. ¿Perdí una estupenda oportunidad de penetrarla salvajemente con mi micro… o con mi lengua? Mejor no. Mejor no mezclar los negocios con el placer. Aunque el recuerdo permanece. Y mis deseos, también.

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