Historias del porno El castillo del dolor

Toca esta vez lamentar que un espacio mítico de la ciudad de San Francisco, The Armory, ya no seguirá siendo utilizado como el mayor plató de rodaje de porno BDSM del mundo. Adiós, hermanos, al palacio del placer y el dolor.

BDSM Armory
Paco Gisbert | 06/02/2017 - 17:03

A finales de 2006, la empresa Kink.com adquirió, a cambio de 14 millones y medio de dólares, un edificio histórico del centro de San Francisco con el fin de utilizarlo como plató para grabar los vídeos que colgaba en su propia página web.

Fundada en 1997 por el británico Peter Acworth, Kink.com es la principal empresa de producción de vídeos porno de temática sadomasoquista y el edificio elegido para albergar sus grabaciones parecía destinado a una actividad como esa. Se trataba de The Armory, un edificio construido entre 1912 y 1914 a la manera de un gran castillo medieval que, en un principio, estaba destinado a ser utilizado como arsenal de las armas que utilizaba la Guardia Nacional.

Pero ese propósito duró muy pocos años. A partir de comienzos de la década de los 20 del siglo pasado, The Armory se transformó en un pabellón deportivo que acogió, entre otras actividades, combates de boxeo durante casi 30 años, hasta el punto de que era conocido en la primera mitad del siglo XX como el “Madison Square Garden del Oeste”, en directa competencia con el palacio de los deportes neoyorquino en el que juegan sus partidos los Knicks. The Armory ocupa una superficie de casi una hectárea y está situado en la esquina de las calles Mission y 14th, a tres manzanas de Market Street, la principal arteria de la ciudad.

The Armory

 

Templo de placeres oscuros

Tras unos años sin una actividad precisa (sirvió como edificio turístico, decorado de películas como ‘El imperio contraataca’ o lugar para la construcción de decorados para la ópera de la ciudad), Acworth compró el castillo para dedicarlo a la producción de películas porno.

Sin embargo, su proyecto encontró la oposición de las asociaciones de vecinos del barrio de Mission, en el que está enclavado. Las negociaciones a tres bandas entre el propietario de Kink.com, las asociaciones de vecinos y el ayuntamiento de la ciudad permitieron que, a mediados de 2007, la compañía pudiera dedicar parte de su propiedad a filmar escenas X, mientras otra parte del edificio se destinó al turismo y el deporte. Pero el trabajo de la compañía de BDSM hizo del edificio un símbolo de la liberalidad sexual de San Francisco, una ciudad que, no lo olvidemos, acogió el primer barrio de mayoría homosexual del mundo, Castro, y vio nacer una de las ramas pioneras del porno americano, gracias a los hermanos Mitchell y su O’Farrell Theater.

BDSM

 

En casi diez años, Kink. com rodó en sus platós una media de 100 escenas mensuales. En ellas han actuado muchos de los grandes intérpretes del porno moderno, representando fantasías sadomasoquistas para el público especializado, pero su actividad tampoco ha podido escapar de la polémica. En 2013, la empresa fue acusada de malos tratos por parte de dos actrices que habían sufrido lesiones mientras trabajaban grabando escenas, justo la misma semana en que Acworth era detenido por posesión de cocaína. Dos años más tarde, varias de las mujeres que acusaron a James Deen de abusos sexuales situaron su delito en los platós de The Armory.

Hace unas semanas, Kink.com anunció oficialmente que dejará de producir porno en el castillo del dolor. La crisis ha azotado particularmente a una empresa que todavía se sustenta económicamente por las cuotas de quienes entran en su página para ver los contenidos que cuelga, no en la publicidad que genera el rating de visitantes, como ya hacen otras productoras.

De manera que Kink.com reducirá notablemente su ritmo de producción y, en consecuencia, abandonará el castillo para rodar en otras localizaciones o en la calle, como ya hace en la serie ‘Public Humiliation’ que tanta controversia generó en ciudades como Barcelona. El castillo del dolor, centro de peregrinaje de un turismo que podríamos llamar “pornográfico”, cierra sus puertas ¿para siempre? al triple X.

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