Historias del porno El fabuloso destino de Ovidie

Comenzó en el porno como actriz X y, en 18 años, se ha convertido en un icono feminista, una realizadora X alternativa y una directora de documentales que pone en tela de juicio el X actual

Ovidie
Paco Gisbert | 20/04/2018 - 10:00

Rocco de aventuras en París‘ es una de las películas que Rocco Siffredi produjo, dirigió y protagonizó siguiendo el esquema de cine gonzo que ideó John Stagliano unos años antes con el propio semental italiano como protagonista. Un esquema que incluye a Rocco de turista en un país extranjero en el que encuentra “casualmente” a chicas con las que practica el sexo. En esa película aparece una joven de 19 años, estudiante de filosofía, que daba sus primeros pasos como actriz X y que eligió el seudónimo de Ovidie para trabajar en ello. Lo hacía en una larga secuencia en la que Titof retozaba con Estelle Desanges, Ksandra y ella misma, un cuarteto en el que Ovidie solo practicaba sexo oral.

Aquella chica que debutó en una película de Rocco sin follar con Rocco había nacido el Lille en agosto de 1980 con el nombre de Éloïse Betch y, desde que escogió su seudónimo dejó bien claro que no era una actriz porno al uso: Ovidie es el nombre de un personaje del cómic ‘Destin farceur‘, de Ptiluc, una rata que vive al margen de la sociedad. Y, desde esa misma perspectiva, la nueva actriz X del porno francés se planteó el reto de cambiarla desde dentro. Ella misma impuso sus propias reglas a la hora de rodar, como la utilización de preservativos por parte de los actores o la negativa a hacer escenas anales.

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Entre 1999 y 2004, Ovidie participó en una treintena de filmes, bajo las órdenes de directores como Fred Coppula, Alain Payet o Yannick Perrin, pero también tuvo tiempo para dirigir tres películas propias: ‘Presas del orgasmo‘, una adaptación X de un filme de Ed Wood, ‘Esclavos de Lilith‘, considerada la primera cinta del porno galo destinada a un público femenino, y ‘Sexualité: Mode d’emploi‘, un vídeo de educación sexual para adultos con sexo explícito. Además, la actriz norteña también tuvo papeles en cuatro películas convencionales e incluso en una de ellas, ‘Le Pornographe‘, de Bertrand Bonello, interpreta a una actriz X y tiene sexo explícito en una de las secuencias del filme.

El reto de Ovidie

Pero a Ovidie, el cine como actriz y realizadora X se le quedaba muy pequeño. Pronto empezó a diversificar sus trabajos en prensa y en literatura, sobre todo a raíz de la publicación de su libro ‘Porno Manifesto‘, una obra en la que la autora se declara “trabajadora del sexo” con orgullo y en la que sienta las bases de lo que serían sus trabajos posteriores. Convertida en un icono del feminismo, Ovidie ha colaborado en decenas de medios de comunicación, ha publicado cómics y ha intervenido en coloquios y dado conferencias sobre sexualidad, feminismo y filosofía.

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El gran reto de intentar cambiar la industria del porno desde dentro lo ha asumido como directora de sus propias películas y documentales. ‘Le Baiser‘, por ejemplo, es una película sobre la bisexualidad en la que se ponen en cuestión las escenas presuntamente lésbicas del cine porno; ‘X Girl contre Supermacho‘ cuenta una misma historia sexual desde los puntos de vista de una mujer y de un hombre; o ‘Liberté sexuelle‘, convierte en ficción una reflexión sobre la telerrealidad y el sexo en grupo.

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Si sus películas de ficción son rompedoras, los documentales tienen un aire combativo que hace reflexionar sobre la evolución del porno en los últimos años. El canal por cable Sundance TV emite estos días ‘Pornocratie‘, una película de 80 minutos de duración en la que la propia Ovidie recorre los grandes templos de filmación del porno actual para intentar explicar por qué la pornografía se ha convertido en un objeto al alcance de todo el mundo, incluso de los menores de edad, gratuito y peligrosamente pedagógico. La conclusión a la que llega es que, detrás de la gran mayoría de compañías de distribución y producción de porno, hay una gran empresa (o un conglomerado de empresas) cuyo único objetivo es lavar dinero y que opera en paraísos fiscales.

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No es la única conclusión a la que llega este excelente documental, ya que en él se puede apreciar cómo el porno ha involucionado hacia un tipo de prácticas extremas en las que las mujeres salen muy mal paradas, pero que no pueden evitar, como si fuera un interminable bucle. Ovidie pone el dedo en la llaga sobre el lugar al que ha llegado el porno en nuestros días y cómo se está convirtiendo en un peligroso modelo educativo para los jóvenes y los adolescentes. Una película imperdible para todos los que se asoman de manera más o menos habitual a los llamados ‘tubes‘ triple X.

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