Vicio y subcultura El porno descubre la noche

Greg Lansky le ha devuelto al porno la nocturnidad y la alevosía. Gracias a sus nuevas series Blacked Raw y Vixen Raw, el triple X yanqui empieza a teñirse de una oscuridad realista y sugerente que promete ser tendencia.

BlackedRaw
Javier Blánquez | 16/01/2018 - 12:29

Le voy a pedir que se haga una pregunta y la responda. Medítela con pausa y cuidado, porque es importante. Ahí va: usted, cuando folla, ¿a qué hora del día lo hace?

A pesar de que hay diferentes tipos de biorritmos que alteran el funcionamiento del cuerpo en toda clase de personas –lo que hace que haya tres tipos de momentos estelares para el coito: antes de desayunar, antes de la siesta y antes de dormir–, lo que dicen las últimas encuestas publicadas en los periódicos es que, la gente que folla, lo hace primero cuando le dejan, y segundo cuando pueden.

Y lo que es poder, suele ser por la noche, porque a diferencia de una élite sexual que tiene plena disponibilidad, las personas normales deben dedicar el día a ganarse el sueldo, a facturar, a levantar el país. En conclusión: salvo excepciones, la gente folla cuando oscurece, y gracias. ¿Ha meditado usted bien la respuesta? No nos la diga, ya lo sabemos: usted también.

 

El porno es diurno

Esta costumbre es la que convierte al porno en un artificio, en una ficción, en una mentira muy elaborada, porque veamos la escena que veamos, en cualquier productora, en cualquier país, el porno casi siempre se representa a la misma hora, alrededor de las doce del mediodía, cuando hay buena luz solar que baña los cuerpos jóvenes y los ilumina para que resplandezcan las perfecciones de la piel, de las formas y de las curvaturas.

BlackedRaw

 

Vas a cualquier plataforma –Brazzers, Mofos, Vixen, HardX, Analized, nos da igual–, y el porno es exacto como un reloj, sea en la piscina o en una habitación de hotel, en una mansión o en un adosado en Benidorm: cuando el sol está alto se encuentran dos personas, o más, y por arte de magia se despierta la chispa del deseo y entonces él desenfunda más rápido que Clint Eastwood, ella se abre de piernas sin negociar y 40 minutos después hay un baño lácteo copioso.

Pero los caminos del vicio en la vida real son otros, y normalmente el porno no los ha representado con naturalidad. Conocer a alguien en un bar y pagar una habitación de hotel cutre, la primera que aparezca, podría ser un escenario habitual. Tener una cita por Tinder, soportar varias horas de charla y cena para que luego ella te invite a su casa, cuando ya son las 2 y lleváis una botella de vino en el cuerpo.

Que te pique la entrepierna y sacar el móvil, buscar contactos antiguos y lanzar mensajes crípticos para ver si alguien pica, y si pica pedir cita para media hora más tarde. Ojalá el sexo fuera tan sencillo, y hubiera una hora al día para darle rienda suelta, como los obreros tienen su pausa para el bocadillo y los funcionarios tienen su hora de desayunar –que suelen desayunar a las 11, o sea, sería el segundo desayuno, como los hobbits–, y entonces nuestra vida sería como el porno, algo guionizado, con reglas, dejando tiempo para lo demás, siempre a una buena hora.

 

La realidad es oscura

¿Por qué no hay un porno más realista que, además de representar el sexo como una cosa animal, se adaptara también a los horarios de la gente normal?

BlackedRaw

 

En el cine, si hay que rodar escenas de noche y con lluvia, se hace –a menos que haya directores que decidan que les da palo, y por eso no ganan Oscars–, y en el porno tendría que haber, por tanto, equipos dispuestos a trabajar a las tres de la madrugada para representar un coito conejero en un piso de estudiante de Erasmus que vuelve con su ligue después de haberse fugado de un club de reggaetón.

Por eso tiene un punto de maniobra hábil la serie Blacked Raw que hace unos meses inauguró el empresario Greg Lansky, pues aunque las situaciones que desencadenan el coito siguen siendo inverosímiles, al menos ha empezado a recurrir en el porno a otro tipo de dramaturgia: la cita nocturna en hotel que, lógicamente, se graba de noche y con luz artificial.

Blacked Raw fue un experimento y, aunque le ha llevado tiempo, ha terminado por funcionar. Hasta ese momento, el porno en interiores con muchas sombras no era dominante, y estaba muy limitado a subgéneros como el sado y la dominación, que suele hacerse en mazmorras donde ya va bien un poco de oscuridad y mal rollo envolvente.

Pero incluso en muchas escenas de interior sin luz natural –en habitaciones de bachiller estuprada–, la luz siempre era blanca, parecía que en vez de un foco hubiera una ventana. En todo lo que es la cosa Raw, en cambio, la luz es un recurso mínimo para seguir la acción, que es lo que se abre camino entre las sombras y los bordes negros; en ese limitado espacio es donde la iluminación surge del brillo de espadas láser con forma de pene zaíno y de las pupilas azules de la actriz, porque hay una sensación de cerrado, de humedad, de noche negra, que ha traído aire fresco al porno. Sigue sin ser realista, pero al menos nos resulta más natural al biorritmo. La gente folla de noche, no cuando llega el repartidor de Amazon o el del butano.

BlackedRaw

 

Últimas tendencias

Esta semana ha sucedido una cosa interesante: una de las últimas escenas de Vixen, la productora de Greg Lansky especializada en cuerpos esculturales y bellezas griegas, allí donde el porno no tiene género –ni interracial, ni anal–, sino que los géneros pueden darse en un contexto de lujo y belleza incomparable, allí también se ha dado el paso a la estética Raw.

No existe una división Vixen Raw como tal –seguramente la haya más adelante, y esto podría ser un ensayo–, pero la escena llamada ‘Club VXN’, con Xander Corvus como semental y dos presencias femeninas primaverales, la siempre delicada Ariana Marie y su amiga Sofi Rian, es una escena nocturna en plan ‘Eyes Wide Shut’ con luz exterior filtrándose por las ventanas. Esto es importante porque Lansky es el rey de la uniformidad: no cambia nunca el plató ni tampoco las luces, y para ‘Club VXN’ ha decidido hacer lo mismo de siempre, pero a otra hora.

Seguramente, la decisión sea más empresarial que estética. Si ya tienes un plató fijo para tus producciones, incrementarás el beneficio si después de rodar la escena de la mañana dejas todo como estaba –después de cambiar las sábanas, que estarán pringosas de semilla viril– y luego haces la escena de la noche, doble clin clin por menos trabajo.

Pero la decisión tiene sus ángulos creativos, y este es el más notable: por fin, en el porno mainstream americano actual, hay gente que se lo monta de noche, como el resto de los mortales. Y no es el único caso, lógicamente: cada vez más hay productoras que han tomado nota de la estética Raw y han experimentado con porno nocturno en interiores: Reid My Lips, la productora de Riley Reid, lo está haciendo, y también está rodando escenas de ese tipo la escultural Eva Lovia, que desde hace un tiempo solo trabaja para su web.

Y, sobre todo, ha recogido el guante con mucho acierto Pure Taboo, una productora que intenta darle un toque de arte y ensayo al porno, con una fotografía muy cuidada, intentando jugar sobre todo con la luz solar, pero que en interiores consiguen una estética de claroscuro para sus historias con un punto de mal rollo.

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Muchas de sus últimas escenas, en las que participan actrices como Elena Koshka, Gina Valentina, Piper Perry o Casey Calvert, tienen esta estética entre cruda e indie, y juegan con iluminaciones que nos resultan más naturales, porque precisamente parecen más correlativas al biorritmo de las personas, que se despiertan a las ocho y follan de noche, y normalmente no tienen acceso visual a un montón de detalles que en el porno sí se ven porque las escenas tienen más luz que un concierto de Skrillex.

Lo interesante, de hecho, es que ahora que parece que el porno quiere imitar a la vida, a ver si de una vez nos dejan que nuestra vida imitara también al porno y un día, al llegar a casa, estuviera esperándonos Natalia Starr arrellanada en el tresillo, con su voz de cazalla, ofreciendo sus encantos.

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