Historias del porno El vídeo X mató a la estrella de la radio

Estrella indiscutible del porno yanqui de finales de los 80 y primeros 90, Tracey Adams era también una mujer culta, inteligente y comprometida que había ido a la universidad y soñado con ser locutora de radio pero nunca renegó de su éxito juvenil en el cine X.

Tracey Adams
Paco Gisbert | 25/04/2017 - 13:45

Desde pequeña, Deborah Blaisdell soñaba con ser locutora de radio, con dirigir su propio programa y, con él, enganchar a millones de personas a través de las ondas.

Para ello estudió en Baltimore, la gran ciudad más cercana a Severna Park, la localidad en la que nació, después de que, en sus años de instituto, hubiera conducido un programa musical en una radio local. Y para ello se trasladó, con sus maquetas bajo el brazo, a la soleada California, cuando tenía 22 años y todas las ganas de comerse el mundo.

Deborah estudió en el Musician Institute de Hollywood e incluso llegó a trabajar en pequeñas emisoras de radio del área metropolitana de Los Ángeles, pero esos microjobs no daban ni para pagar el alquiler de su apartamento ni para llenar su nevera. Así que, como no tenía demasiados prejuicios, un año después intentó abrirse paso en el cine convencional en pequeños papeles en los que, irremediablemente, mostraba sus exuberantes pechos naturales.

 

Todo por la pasta

Pero ni con eso le llegaba para costear sus estudios. De manera que, en 1985, aceptó entrar en la industria del porno, en los tiempos en los que el vídeo había matado a las estrellas del cine X. De hecho, Tracey Adams, el nombre que adoptó para hacer vídeos porno, apareció en la carátula de ‘Make my Night’, la primera película que protagonizó y que había dirigido Gerald Wayne. Su caso dio la razón a la famosa canción de los Buggles, popularizada a mediados de los 80, porque el vídeo (en este caso porno) mató a la futura estrella de la radio en la que soñaba convertirse.

Tracey Adams

 

Tracey Adams comenzó a hacer porno por dinero, pero, en los 15 años que duró su carrera, en los que participó en más de 300 filmes, jamás mostró rechazo hacia una profesión que consideraba tan digna como cualquier otra. Y estamos hablando de una de las actrices más inteligentes y cultas que ha dado la industria de entretenimiento para adultos en su historia. Una de las pocas que también puede presumir de tener una interesante carrera en el cine de serie B de los 80, pues con su verdadero nombre figura en los créditos de media docena de películas de bajo presupuesto.

Pese a su extensa carrera, sus excitantes curvas y su facilidad para enamorar a la cámara, Adams no habría pasado de ser una más de las cientos de actrices que trabajaron en el porno americano en los 80 y los 90 si no hubiera sido porque fue la primera estrella estadounidense que se atrevió a trabajar en el porno europeo. Filmó películas en Italia, Francia, Alemania e incluso en países con escasa tradición pornográfica en aquellos años, como Finlandia o Rusia, y trabajó a las órdenes de Mario Salieri, Riccardo Schicchi o Michel Ricaud.

Tracey Adams

Y todo pese a que, en aquellos tiempos, la producción de cine X en Europa era casi una broma; como ella misma recordaba, el porno europeo era incapaz de sacar el lado sexy de las actrices y tenía un problema muy grande cuando se rodaba en inglés: a los actores no los entendía nadie.

 

Una retirada a tiempo

En 1993 se retiró del porno “antes de ser demasiado vieja para actuar“, aunque continuó apareciendo eventualmente en filmes X, muchos de ellos de temática bondage, hasta 1999, año en el que abandonó definitivamente la industria de cine para adultos. Pero, además de su peripatética carrera en el porno, Tracey Adams destacó por su compromiso en la lucha contra la superpoblación y su rechazo a cualquier tipo de violencia, por apadrinar a dos niños pobres en países tercermundistas y por haber alquilado un bungalow en Los Ángeles para acoger a las personas sin techo que pudieran necesitarlo.

Dotada de un físico espectacular y robusto, Tracey se enorgullece de no haber recurrido a la cirugía estética para aumentar su holgado perímetro, pese a los rumores que indican lo contrario, y reivindica su condición de bisexual. Vivió durante años con su novia en un bungalow del Oeste de Los Ángeles, completó sus estudios de interpretación en la Universidad de UCLA y, a punto de cumplir 59 años, poco se conoce de su vida actual, más allá de los rumores que apuntan a que había engordado hasta superar los 100 kilos de peso.

 

Tracey Adams

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