Elle Alexandra no es de este mundo

Tan guapa que casi duele y hasta cuesta creerlo. Elle Alexandra lleva cinco años dedicada en cuerpo y alma al porno lésbico, la actividad humana que ha elegido para dejar claro más allá de toda duda razonable que ella es cosa muy, muy seria. Y que lo suyo no es, no puede ser, de este mundo.

Elle Alexandra
Redacción | 13/02/2016 - 0:20

Me gustan los penes, ¿qué puedo decir?”. Elle Alexandra se había convertido en el último par de años en una de las jóvenes actrices porno más populares entre las lesbianas. Webs de ambiente como AfterEllen.com le dedicaban artículos y reseñas que más bien parecían declaraciones de amor. La constelación de Lesbos parecía rendida a sus pies.

Sin embargo, su alarde de sinceridad en una entrevista reciente, admitiendo por fin, y más allá de toda ambigüedad calculada, su indiscutible querencia por los penes masculinos, cuanto más grandes mejor, va a hacer imposible que se siga hablando de ella como la más guapa de las intérpretes homosexuales fuera del armario, que era el título (honorífico) al que venía optando últimamente.

Antes de que afirmase su heterosexualidad en términos bastante explícitos (“por supuesto que me acostaría con una chica dulce, guapa y con sentido del humor como Emma Stone antes que con un cretino presuntuoso que solo se preocupase por su musculatura, pero debo reconocer que la mayoría de mis relaciones sexuales fuera del trabajo han sido con hombres”, declaró también), Alexandra permitió que se acumulasen los rumores sobre sus verdaderas tendencias.

Llegó a decirse y escribirse por ahí que tenía una relación estable con Charlotte Stokley, que Malena Morgan y ella eran novias desde el instituto (algo que sonaba verosímil dada la genuina química que se les intuye en la escenas que han realizado juntas) o que estaba en una relación poliamorosa con Dillion Harper y Brett Rossi, de las que se habría enamorado durante un rodaje.

 

La cruda verdad

Pero nada de eso ha resultado ser cierto. Simples rumores, alimentados al parecer por una broma inocente que se le fue de las manos: en una entrevista a dúo con su amiga Heather Vahn en la alfombra roja de los AVN de 2013, las actrices afirmaron entre risas que llevaban mucho tiempo enamoradas la una de las otra y que acababan de casarse en Las Vegas. Incluso exhibieron un par de supuestas alianzas que debían ser baratijas de mercadillo.

La tomadura de pelo se hizo viral en las redes rosa, y Elle, de facciones nórdicas, ojos claros, piel lechosa y espléndida cabellera pelirroja (de hecho, es la actriz norteamericana que más recuerda físicamente a nuestra Amarna Miler), empezó a aparecer con insistente frecuencia en las listas de las lesbianas más sugerentes del porno.

Parte del equívoco viene alimentado también porque la actriz apenas ha realizado hasta la fecha escenas con hombres. Solo unas cuantas, casi todas en los albores de su carrera. Pero eso se debe a la pésima opinión que le merece, según ha declarado también, el porno heterosexual que se hace ahora mismo, en el que se valora mucho más la capacidad para dilatar el esfínter hasta extremos inconcebibles que el magnetismo sexual y la fotogenia.

Como decíamos en el artículo que dedicamos a Shyla Jennings hace unos días, la inmensa mayoría de las actrices que filman porno lésbico no se acuestan con mujeres en su vida privada. Notables excepciones son la formidable pareja profesional y sentimental que forman Katsuni y Stefani Morgan, así como Lily Cade (felizmente casada con otra mujer) o Zoe Britton.

Son mucho más frecuentes las que se definen como bisexuales o bicuriosas pero no parecen serlo en realidad, como la propia Jennings (también casada, pero con un hombre) o Georgia Jones, que presumió de devorar mujeres a dos carrillos hasta que volvió a entrar en el armario para convertirse, por un corto periodo, en novia oficial de Charlie Sheen. Elle Alexandra ni siquiera pertenece a este último grupo, por mucho que a sus 25 años haya fornicado ante las cámaras con un centenar largo de mujeres y señale a la también pelirroja Emma Stone como (teórico) objeto de deseo.

 

Hija de la contracultura

Disquisiciones al margen, lo que sí parece ser rigurosamente cierto es que Elle nació el 2 de junio de 1991 en Bakersfield, California, que sus padres eran una pareja de hippies fumetas de vida itinerante y alternativa (“en las casas de mis amigos había ambientadores y aire acondicionado, en la nuestra, sándalo y barritas de incienso“) y que fue finalista en un concurso de belleza adolescente de su ciudad natal a los 16 años.

Al cumplir los 18, empezó a posar como modelo para prensa masculina y poco después probó suerte en el hardcore. Con 20 recién cumplidos, después de posar para ‘Playboy’, optó por reorientar su carrera renunciando a los gonzos heterosexuales que solían ofrecerle para centrarse en escenas solitarias, lésbicas y fetichistas, el pequeño pero confortable nicho profesional en que se mueve desde entonces mientras progresa, en paralelo, su carrera como modelo.

Que no es de este mundo cae por su propio peso. Es de una belleza etérea, relajada, muy poco terrícola. Y que era cuestión de tiempo que nos fijásemos en ella resulta del todo evidente.

Por cierto, vive en Los Ángeles y sigue soltera y sin compromiso. Y le gustan los penes.

 

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