Vicio y subcultura En el porno es tendencia aprovecharlo todo

La eyaculación interna no solo vuelve a ser tendencia en el cine X, sino que además puede ser el síntoma de que el porno está adoptando últimamente una tendencia menos fálica y más ética. Incluso feminista.

Angela White
Javier Blánquez | 27/09/2018 - 11:10

Damos por hecho que, si usted está aquí leyendo, es porque el tema del porno le interesa y de vez en cuando, cuando lo apetece, también lo ve y de paso se alivia. Si ve porno con cierta regularidad, aunque sea en modo fast-forward como un servidor, para hacerse una composición de lugar, entonces sabrá varias cosas.

Primera cosa: no se puede decir que en el porno haya una tendencia que esté más de moda que las demás, porque en el porno las modas vienen y van con rapidez, y además hay tanto público que todas las tendencias son tendencia en el mismo momento, y durante largo tiempo.

O sea: imagínese que su filia son las chicas asiáticas con pechos grandes. De eso hay mucho, y nunca hay carestía, así que el hecho de que haya muchas escenas de chicas asiáticas con pechos grandes podría servir de idea primaria para intentar demostrar que eso está de moda. Lo mismo podríamos decir de actores negros con un piercing en el glande, pelirrojas con un cactus tatuado en el tobillo o señoras de más de 30 sin depilar. Hay más categorías en el porno que en la fauna marina.

Segunda cosa: incluso sabiendo que la tendencia más rara está recogida en los portales de streaming pirata, sin excepciones salvo las que infringen la ley, y que si usted quiere –pongamos por caso– una escena anal con una actriz enana y un actor con una sola pierna lo más seguro es que la encuentre, también es cierto que las estadísticas y las prácticas del momento nos dicen que hay categorías que suscitan un interés mayor, o maneras de hacer en el plató que se vuelven más frecuentes en un momento determinado.

Angela White

 

Por ejemplo, hace unos años el porno interracial –hombre negro, mujer blanca, según el estándar, aunque hay variantes– era poco más que residual, había que satisfacerse con una oferta limitada, aunque satisfactoria, de escenas de ese palo, y ahora lo interracial es al porno lo que la gastronomía al arroz, hasta el punto de que se ha creado un star system de sementales de ébano.

 

El cambiante río del porno

O sea, que hay modas, que pueden durar mucho, o poco, pero que están ahí, que las ves, y te preguntas por qué ocurre, y toda esta reflexión viene a cuento porque creemos haber detectado una corriente que vuelve, que está en auge de nuevo, pues cuando hacemos fast-forward al azar, como decíamos, muchas veces nos encontramos con los mismos finales. Como diría el chiste machista de hace unos años, el final de las películas porno no es que se casan, pero estamos cerca. El final de muchas escenas porno de ahora es que él se corre dentro.

Cuando se produjo la transición del porno de alto presupuesto, feature films y argumentos currados –lo que iba de Mario Salieri a Vivid, de Marc Dorcel a Private en su época dorada– al porno más salvaje, directo y sin tanta parafernalia –o sea, el gonzo–, no solo cambió la calidad de la composición de imagen, la decoración y el desarrollo de un mínimo guion, sino que también cambió el sexo como actividad animal, que se fue haciendo cada vez más duro y voltaico.

Como decíamos antes, el porno tiene que ver con la física en que la energía nunca se destruye, sino que se transforma, y seguimos teniendo porno de presupuesto alto y con aspiraciones artísticas –hace unos años Wicked, ahora lo que en el gremio ya se conoce como ‘Lanskylandia’–, pero la manera de rodar y ejecutar gonzo ha terminado por dominar todas las interpretaciones. Ya saben: mucho más sudor, más cerderío, más ir al grano y a veces pasarse varios pueblos –orgías numerosísimas, meter la cabeza en el wáter y tirar de la cadena, esnifar semen, etcétera–.

 

El circo del sexo extremo

Explicaba Nacho Vidal en algunas entrevistas, por la época en la que David Barba publicó su biografía, aquel best seller mítico de principios del siglo que leímos con absoluto deleite*, que una de las corrientes de moda en el porno americano, que él frecuentaba muchísimo en compañía de otros titanes priápicos como Toni Ribas, era lo que luego supimos que se llamaba ‘internal’.

Kayden Kross

 

El internal fue al porno lo que lo de Copérnico a la astronomía: un giro radical, porque implicaba una nueva narrativa sexual en las escenas. Hasta ese momento, el final de las escenas solía ser el de siempre: tras el coito llegaba la eyaculación, y ésta se inmortalizaba en un primer plano preciso, el llamado ‘money shot’, en el que se ve el pene descargando su semilla y energía vital sobre alguna parte del cuerpo de la mujer, preferiblemente el rostro o la boca, pero también servían los pies, el culo o la barriga. No era el cumshot en el argot, sino el money shot, porque era esa condición necesaria por la que el cliente pagaba. Y llegó un día en que esa eyaculación dejó de copar el 100% de los finales de escena.

Cuando los primeros actores gonzo tensaron las fronteras de la representación pornográfica, cambiando la eyaculación masculina visible [años después llegaría también la femenina, así que hay que precisar] por una eyaculación no tan visible, ciertamente hubo un cambio de tendencia. El cumshot interno tenía varias variantes, por supuesto: podía ser vaginal o anal, doble e incluso múltiple.

Y la gracia estaba no en ver cómo impactaba el chorro, sino en ver cómo salía el grumo de la caverna de Platón. Los primeros planos ya no eran the money shot, si el lento deslizamiento desde dentro de las cavidades anatómicas de un reguero blanco de materia viscosa, lo cual estaba muy bien, porque permitía que el final de la escena no estuviera cerrado del todo. ¿Qué hacer con esa deposición de calorías? ¿Se embotellaba? ¿Se secaba con una toalla?

Podríamos seguir entrando en detalles desagradables, pero había varias cosas que se podían hacer: tirarlo al suelo, depositarlo en copas o, si había al menos dos actrices, empezar a desarrollar un trasvase mucho más fácil y provechoso que el del Ebro o el del Tajo con el río Segura, que era pasarse la semilla de una boca a la otra, todas las veces que hiciera falta, rebañando con el dedo como lo haríamos con una cucharilla si tuviéramos un tiramisú delante.

Esto ya se había hecho con las corridas clásicas, pero el internal permitía una nueva vuelta de tuerca más gimnástica. Y durante un tiempo se vio mucho, luego se vio menos, y ahora se vuelve a ver más. O, al menos, eso es lo que nos parece: que en 2018 ha aumentado el porcentaje de escenas en las que el final es una eyaculación interna, y de ahí el auge de series con nombres tan evidentes Get me Pregnant.

 

Veteranos de paladar exquisito

Si hubiéramos leído mucho a Fred, diríamos que todo esto se debe a que la nueva generación que ha empezado a dominar el porno ya está en los 30 y pocos años, y tanto las mujeres que dirigen –Kayden Kross, por ejemplo– o los hombres que manejan la pasta tienen ahora mismo en su agenda personal la reproducción, o al menos fantasean con ello. El reloj biológico ha dicho que es la hora.

Angela White

 

El porno ya no es una cosa de magnates de 60 años, sino de millennials educados en internet que han construido plataformas online poderosas en las que han volcado todas sus fantasías, y llega un momento en el que la fantasía del embarazo, o jugar a la ruleta rusa del mismo, también se filtra inconscientemente en el porno. O quizá sea más fácil, y todo se reduzca al big data, y que las webs arrojen datos claros de que el consumidor actual de porno utiliza mucho esa palabra clave, quizá también por el reloj biológico o lo que sea.

Sea como fuere, fíjense: cada vez hay más escenas que culminan con el tronco erecto introducido dentro de la chica y abandonando su contenido en el interior, tras una serie de espasmos. Entonces vemos como el mascarón de proa se retira y la simiente afluye hacia la luz, y no seguiremos explicando nada más porque ya saben cómo va la cosa después, pues al salir el miembro es cuando entra la langua.

Y esto es así en todos los ámbitos, desde las producciones más sucias y violentas de marcas como Legal Porno a las más mainstream como Babes o Nubiles.

Es más: hace algo menos de un año, la gran mujer X de este tiempo, Angela White, presentó una escena en la que el gancho era que se estrenaba en la eyaculación interior. Normalmente, los debuts son para los anales (para no confundir con los grandes registros históricos, demos también un sinónimo: los rectales), para los interraciales, para las DPs, o para el anal o la DP interracial, etcétera. Pero Angela White quiso estrenarse con el internal, contrató a Manuel Ferrara, rodaron la escena, él terminó dentro de su anatomía, como le obligaba el guion, y luego sucedió algo muy mágico y romántico: la cámara no dejó de grabar y vimos cómo Angela se abrazaba al hombre del glande tupido durante más de un cuarto de hora, agradecida por los grandes momentos que acababan de pasar, sobrepasada por el gozo, o sea, el deleite*; lo que suele ser material para escenas de backstage en los extras de un DVD, ella lo incorporó a la escena.

Kayden Kross 1

 

¿Eyaculaciones éticas?

Con lo que podríamos decir que la eyaculación interior también podría tener que ver con un sesgo algo más feminista del porno actual, sobre todo allí donde la actriz protagonista ejerce de productora y marca las pautas, o la cámara la empuña una mujer, como Mason o Kayden Kross.

O sea, la eyaculación como anticipo del embarazo, o de una mayor conexión íntima y sin manifestación del poder masculino en el sexo; cuando ella pide que el final sea dentro está robando protagonismo al money shot, que es una cosa muy de potencia fálica, y se está apropiando del argumento final del actor para darle un giro a las relaciones de poder. No sé si se entiende.

Lo que sí se debería entender es que correrse dentro vuelve a estar de moda, que nunca se fue, pero que ahora está más presente que nunca. Y será por algo que no sabemos, pero si se hace es porque la gente lo pide, gusta y, quién sabe, hasta da dinero. Para forrarse en el porno ya no es necesario ser un geiser de Islandia, como decía Camilo José Cela a propósito de su célebre Cipote de Archidona, que estalla a borbotones, sino una abejita que va viajando de flor en flor recogiendo y depositando semilla buena para la vida.

———

* Recordemos el chiste clásico. Una pareja gallega está follando, y ella dice: ‘Paquiño, ¡qué deleite!’. Él responde: ‘¿Gozas, Rosiña? Y ella replica: ‘No, que qué de leite estás dejando el suelo de tanto correrte, so guarro’.

 

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