El sexo de Lucía ¿En la cama con Trump?

En Lucía y el sexo, nuestra experta en revolcones y éxtasis manifiesta su solidaridad femenina con Melania Trump, la mujer que comparte cama con el nuevo presidente de los Estados Unidos.

Melania
Lucía | 09/03/2017 - 8:30

Donald Trump, ese nuevo dolor de muelas que tienen los americanos (los que tienen sentido común, los que le han votado no) y el resto de la humanidad, se preocupa de cosas importantes: a saber, volver a armar a las personas con problemas mentales que antes de su llegada al Gobierno no podían disponer de este tipo de material.

Esto es muy tranquilizador: vamos, que a este señor le preocupan los inmigrantes que llegan de fuera, pero no le quita el sueño lo más mínimo que en su propia casa haya personas de, vamos a decirlo suave, capacidades mentales mermadas, con un pistolón en el bolsillo… Otra medida importante ha sido prohibir que los transexuales puedan elegir a qué baños de la escuela quieren ir. Ya lo digo, cosas importantes para el destino de su nación y que dicen mucho de su mala baba.

Imaginarse a Trump en la cama requiere un cierto estómago. O, más bien, un estómago a prueba de bombas. Yo soy muy gráfica, será porque me he pasado media vida trabajando con fotógrafos. Así que solo imaginarme a ese hombre desnudo me da un soponcio, hiperventilo, me mareo incluso.

Melania 2

 

A buen seguro tiene vello en el pecho del mismo color que el de su pelambrera en la cabeza y no quiero ni hablaros del vello púbico. Puaj. Y carnes blanquecinas y flácidas, porque es ya un hombre de una edad y en un estado de forma aparentemente no muy bueno. Algo así como un ser gelatinoso, que se le mueve todo, típico de un cuerpo que ha hecho más bien poco deporte y se ha comido muchas hamburguesas.

 

Tipo estrella

Estoy segura de que Trump en la cama debe ser tipo estrella. No me malinterpretéis, no que vaya de “yo soy el presi”, que también, sino que, por su corpulencia y su rictus, debe ser de éstos que hace la estrella del mar: o sea, se recuesta y espera a que la sufrida Melania lo haga todo.

Esto me recuerda a un militar con el que cometí el error de encamarme: yo me lo imaginaba muy aventurero, por aquello de que había estado en la antigua Yugoslavia. Pero no, el sujeto se recostó en la cama, piernas flexionadas como si estuviese en la playa, y allí se quedó esperando a que yo pasara a la acción.

Lo mismo me pasó con un jugador de waterpolo, que yo imaginaba también (notaréis que soy una gran “imaginadora”) muy dinámico y era de los de follar cansado, o sea, que movía poco el culo y a los cinco minutos escasos te decía “sube tú”. Le faltaba añadir: “que yo me canso”.

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Pues así debe ser el nuevo presidente de los USA: me lo imagino encima de Melania, por poco tiempo eso sí, sudoroso y rojo como un cangrejo y pegando grandes resoplidos, como de foca mayor. Y seguro que es también egoísta. O sea, que si te corres, Melania, bien para ti, y si no, pues es tu problema. Porque si “America First”, este señor debe pensar también “Me, first”. Resoplido. Y vuelta a mover el culo con aparente ímpetu. O eso intenta, con goterones de sudor resbalando por la frente y empapando a su “pobre santa”.

 

Tú manda, que yo obedezco

Al igual que mi waterpolista, míster Trump dirá en un momento determinado “sube”, y Melania obedecerá solícita y se las tendrá que ver y desear para gozar con un falo que a mí se me antoja pequeño, porque solo personas de miembros viriles pequeños muestran ese interés desmesurado por tener posesiones materiales caras y feas, como su cadena del váter en su jet privado, que es de oro (la cadena, no el jet). Así, la primera dama pensará en su laca de uñas mientras él la penetra, lo mismo da que sea por vía vaginal que por el culo, o en las próximas joyas que quiere comprarse. Pensamientos trascendentales.

O puede que la ponga a cuatro patas y él la penetre, mientras le golpea el culo con la mano: “has sido mala Melania, has sido mala, papá te va a dar su merecido, no me gusta que te pongas en plan demócrata, zorra, zorrilla”. Resoplido. Por supuesto, Melania hará como que le gusta mucho y emitirá grititos de placer y algún que otro “Oh my God”. Lo cual animará al presi, que seguirá penetrándola, resopla que resopla.

Por favor, no me pidáis que describa aquí cómo me imagino el éxtasis de Trump, ya una vez soñé que le amamantaba, al poco tiempo de ser elegido, y me desperté con náuseas. No quiero imaginarme su corrida pero fijo que al final grita “America first”, tras lo cual desfallecerá cayendo como un mazo en la cama. Resoplido.

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