Vicio y subcultura Engordar está de moda en el porno

La apuesta por la delgadez de Keisha Grey, opina Blánquez, puede ser un paso en falso: en el porno moderno, lo que se lleva cada vez más es la rotundidad de más. Engordar un poco es tendencia y va camino de convertirse en estupendo negocio. Lean, lean.

Mia Malkova
Javier Blánquez | 19/12/2017 - 9:00

Hace unos días, Keisha Grey inició una de estas encuestas informales que se hacen en Twitter y se dirigió a sus fans con una pregunta muy sencilla: ¿qué Keisha te gusta más, la curvy o la delgada?

La pregunta tenía todo el sentido del mundo porque Keisha Grey ha pasado por algo que a toda actriz porno le llega tarde o temprano, que es la transformación física, y que en su caso no ha tenido nada que ver con ninguna operación de cirugía estética, sino con horas y horas de disciplina en las máquinas de cardio del gimnasio.

Keisha, que era una actriz tirando a rellenita, que se había construido pacientemente una legión de fans gracias a su moderada exhibición de lorzas –a los pechos abundantes y naturales había que añadir unas caderas con más arco que la fachada de la catedral de Burgos, y una barriguilla de esas que lucen una discreta molla que, en trances como el de cabalgar sobre un semental en la posición del cowboy inverso, marcaba una graciosa trayectoria de ascenso y descenso–.

Keisha Grey

 

No es que Keisha estuviera gorda, pero entraba dentro de esa categoría, tan potente en el porno de estos últimos años, que es la curvy imperfecta, división de la que ya hablamos aquí y que tiene como grandes madrinas a mujeres con generosos radios y diámetros como Angela White y Valentina Nappi.

 

Un resultado inesperado

Pero a medida que Keisha empezó a cuidar su dieta y a practicar ejercicio físico, empezó a tonificarse. Al principio de todo, estaba en el punto correcto: había limado unas cuantas asperezas grasientas de sus pantorrillas, la cara se le afiló un poco, las piernas se le volvieron más macizas y compactas, y el tronco mantenía un perfecto desequilibrio entre el peso ideal y el peso real –o sea, todavía había lorza–.

Pero si insistes en ejercitarte y dejas de comer productos Panrico, llega un momento en el que –como decía la encuesta– se pasa de ser Curvy Keisha a transformarte en Lean Keisha. Las últimas escenas de la moza de Tampa en Vixen, por ejemplo, son un ejemplo exacto de esa transformación: parece otra persona, y si la comparamos con la casi adolescente que debutó en el porno hace cuatro años –que tenía una cara que parecía pan de oro–, el contraste es cada vez más rotundo. Keisha se ha quitado quilos y, hay que admitirlo, está que lo parte.

 

Pero la encuesta en Twitter lo dejaba claro: votaron 8.500 personas –que ya son más que las que las empresas demoscópicas entrevistan para, por ejemplo, ofrecer un sondeo de voto en unas elecciones autonómicas–, y el 84% prefería a la Curvy Keisha. La mayoría de los comentarios, en cualquier caso, parecían sacados de un libro de autoayuda: “a mí me gustan las dos”, “yo prefiero que seas feliz”, “queremos que estés sana”, aunque el sentir general estaba resumido en el tuit de un usuario que se hace llamar Mr. 9 Pulgadas y que decía lo siguiente: “la Keisha redondita es absolutamente maravillosa. Está buena, me inspira los deseos más cachondos y me la pone durísima en 30 segundos. La nueva Keisha todavía está buena, pero con curvas eres maravillosa. ¡Vuelve, por favor!”.

Y todo esto tiene que ver con una certeza que la realidad nos ha demostrado: hay mercado para la mujer curvy, y no todo el mundo comparte el canon de belleza inspirado en las top models esqueléticas y las proporciones áureas. Se puede ser una diosa de nuestro tiempo con algunos quilos de más. Es difícil que vuelva la Keisha rechoncha, pero el pueblo ha hablado: con lorzas nos ponía más.

 

El camino inverso

Esto tiene que ver con el hecho de que, en el porno americano actual, se está viendo cada vez más el otro tipo de transformación: pasar de la delgadez a la curva sin que a las chicas les importe demasiado ni tampoco a los usuarios de sus escenas. Es más, tenemos diferentes casos de actrices que no habían encontrando su lugar hasta que, tachán, en el paso de unos meses abandonaron la esbeltez original y se mostraron ante la cámara con un atisbo de celulitis, una manifestación temprana de papada o barriguilla, o esa cualidad de la piel mal tonificada, esa superficie áspera y adiposa.

Maddy O'Reilly

 

Vamos a centrarnos en el caso de Maddy O’Reilly. Cuando apareció en el mercado del porno, Maddy era algo así como la perfección en un modelo de chica que venían representando actrices como Riley Reid: poco pecho, figura tirando a recta, sin muchas curvas –juntas protagonizaron un vídeo de esos en los que había litros de squirting, una absoluta guarrada, por cierto–.

Además, tenía una mirada feroz y el pelo tirando a rojo, más bien cobrizo, pero completamente distinto en un mundo de rubias platino y morenas latinas. Maddy empezó fuerte su trayectoria, lo probó todo a una edad muy temprana, pero no se le empezó a hacer caso hasta que no se rebajó a un nivel inferior y, con unos kilos de más y desinhibida por completo, empezó a hacer dobles penetraciones y todo tipo de cosas brutas.

Se había dado un cambio en su cuerpo: había ganado en curvas, tenía más pecho, las caderas podían soportar las embestidas de cualquier ganadería de prestigio, incluido Mike Adriano, y entre los gourmets del asunto se comentaba que, tras su cambio, Maddy era el tipo de mujer por la que muchos hombres podrían llegar a pagar una suscripción a una web bien cerda.

 

Las flores que sí hacen verano

Esto podría haber sido un caso aislado, pero no es así. Muchas jóvenes teens de hace dos o tres temporadas han empezado a engordar un poco. Sus cuerpos empiezan a parecerse más al logo de Michelin que a un palo de golf, y ahí están desde Adria Rae a Mandy Muse, y el mismo proceso ha experimentado Valentina Nappi, que ya no oculta su preferencia por ejercitarse menos –sólo cuando folla– y dedicar el resto del tiempo a arrellanarse en su sofá, mientras ve ‘The Crown’ en Netflix apurando con una cucharilla otra tarrina de helado Magnum.

Mandy Muse

 

Mientras no te conviertas en una res lechera, está demostrado que en el porno gusta un poquito de gordura, y que a medida que la industria nos bombardea con la perfección del cuerpo poco maltratado de 22 años, las chicas que ya tenían predisposición al grosor –con esos culos enormes al estilo Anikka Albrite, o el tobillo ancho de Mia Malkova– finalmente deciden liberarse y, en lugar de domesticar el carbohidrato en una máquina de pedalear o en la piscina –que además te puede armar unos hombros que ni Schwarzenegger–, prefieren dejar que el cuerpo evolucione hacia una cosa más rubensiana.

Mia Malkova ya está allí. Lo habíamos empezado a advertir en sus últimas escenas, pero en la última, que acaba de estrenar este fin de semana, la ambición rubia, la chica de la cara perfecta y la mirada azul, ya ha mostrado por completo su transformación. Hace unos meses alguien le señalaba en Twitter que tenía las tetas más grandes, y le preguntó a Malkova si se había operado. Su respuesta fue sincera y cándida: “se me han puesto así porque he engordado”.

No es que haya salido de un parto ni haya empezado a producir leche, simplemente es que su cuerpo se ha ido redondeando naturalmente, sin prisa y sin desmadrarse, y se ha depositado materia adiposa en sus ubres, y por tanto ahora lucen turgentes, maternales, y también lucen así la molleja de la tripa, el muslo y los brazos.

Como dirían los humoristas manchegos, la zagala se nos ha puesto ternesca, y así es como luce en la primera entrega de su nuevo showcase para Brazzers, ‘Die Hardcore’, una parodia de ‘Jungla de Cristal’ en la que, en futuras entregas, se abandonará al reto de la doble penetración. La primera escena es un polvo convencional, straight, y la gracia está en ver cómo luce su cuerpo joven y primaveral con unos kilos de más.

Mia Malkova

 

Hablemos de dinero

¿Es esto bueno o malo para el negocio?

Habrá de todo. Mia Malkova antes vivía de su rotundidad Barbie, de su buenez rubia, y ahora tendrá que ganarse a un nuevo público fiel que la acepte con pechos más grandes y curvas con más derrape. No creemos que sea ningún problema: al fin y al cabo, su primer activo de importancia en este mundillo fue la esfericidad casi geométricamente impecable de su trasero, que tardó mucho tiempo en abrirse a nuevos placeres, pero que una vez dado el paso funciona a pleno rendimiento.

Cuando tu tarjeta de visita es el glúteo, hay que cultivar esa posibilidad y creemos que Mia Malkova ha hecho bien. En el caso de Keisha Grey, hay una cuestión de mayor profundidad, y es que estamos ante una estrella que mueve mucho público fan, y si la gente te empezó a seguir por las curvas y luego las pierdes, quizá dejen de seguirte. Además, sabemos que a Keisha las curvas le interesan: no en vano, se refirió a una de sus archirrivales, en uno de los episodios que conocemos como ‘las idas de olla de Keisha’ –que es cuando su bipolaridad se destapa y se pone a insultar a la gente en la red–, como a ‘la escoba con tetas’, en referencia a Kendra Sunderland.

Y Kendra es ahora exactamente lo mismo que Keisha: una belleza esbelta con unos senos del tamaño de melones a la que no le vendrían mal unos cuantos kilos para convertir lo que es una autopista lista en un trazado con más curvas que el circuito de Montecarlo.

 

 

 

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