La mancha blanca Faye Reagan hace el baile del pollo

Todos los meses, la escritora sevillana Elisa Victoria dedica un perfil a una estrella del porno en ‘Primera Línea’. La última ha sido Valentina Nappi. Y uno de sus textos más recordados, este que dedicó hace unos meses a Faye Reagan.

Faye Reagan
Elisa Victoria | 20/02/2016 - 10:24

A las animadoras americanas les encanta apropiarse de la pista para hacer el baile del pollo cuando el capitán del equipo solicita tiempo muerto con su corte de pelo a la última.

No sé si Faye Reagan ha sido animadora en la vida real pero os aseguro que en mis sueños agita los pompones con más chispa que la niña Marisol cantándole al cielo que la vida es una tómbola.

La he visto en un vídeo con el pelo muy naranja recogido en dos coletas altas fingiendo haber cumplido los 18 esa misma primavera, y el tío de la cámara la invita a celebrarlo agitando las alitas. Ella va un poco sobrada, como todas las pelirrojas cuando por fin se dan cuenta de que las pecas y el fuego y la piel de palacio son dones celestiales muy cotizados por la gente de la tierra. Yo soy del terreno, está claro.

Esa belleza renacentista no perece por mucho que la dictadura de los rayos UVA cale a las masas. Me pregunto si pasó momentos difíciles en los 90, cuando la palidez estaba tan mal vista y ella con sus pezones blancos recién florecidos.

En mi colegio se metían mucho con los pecosos. Faye Reagan me recuerda a dos compañeras de clase que tuve, ambas de aire nórdico y encendido. La primera, Mercedes, un palito de escoba reservado y con buenas notas, era tan cobriza que le daba tiempo a quemarse en una sola hora de educación física. De repente le salieron tetazas y fue reclamada por el bando del peligro. La perdimos.

La otra se llamaba Macarena y venía de uno de los peores barrios de la ciudad. Llegaba siempre tarde con el pelo espeso y caoba mal recogido por una goma barata. Qué guapa era Macarena.

Faye Reagan se me antoja una mezcla entre las dos. La típica malota con un deje dulce, físico privilegiado y expresión desafiante que se las apaña para pasar de curso sonriendo una vez a la semana.

Nuestra relación ha ido mejor así. Creo que si la hubiera tenido también en mi clase me habría enamorado de ella en silencio, aguantando los caneos de su pandilla a todo lo largo de la escalera. Menudo coraje me habría dado verla enrollarse con uno de esos ingratos que se ponen la gorra tan alta, apenas rozando la cabeza. Qué sabrán ellos de las pieles de palacio.

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Amarna Miller: "El discurso contra el porno tiene las patas muy cortas"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados