Historias del porno: Impura al 99,44 %

¿Quién dice que las actrices porno no saben actuar? La historia del género nos muestra múltiples ejemplos de lo contrario, pero ninguno tan elocuente como el de Marilyn Chambers, una actriz dramática con trayectoria y fundamento que, además, follaba de vez en cuando ante las cámaras.

Marilyn Chambers, leyenda del cine X
Paco Gisbert | 14/05/2013 - 9:52

El padre de Marilyn Briggs trabajaba como directivo en una empresa de  publicidad a finales de la década de los 60. Por eso, cuando su hija le explicó que quería ser modelo trató de persuadirla para que se alejara de aquel “negocio despiadado” en el que soñaba introducirse.

Pero Marilyn no le hizo caso, porque pensaba que la mejor manera de convertirse en actriz, su verdadero sueño, era empezar posando como modelo. Así que se presentó en varios castings y, a duras penas, comenzó a ganarse la vida anunciando champús y ropa. Un día recibió una llamada de la multinacional de productos para el hogar Procter & Gamble en la que la invitaban a presentarse a una prueba para presentar un nuevo producto: un jabón para niños denominado Ivory Snow. Marilyn hizo la prueba, consiguió ser la imagen del nuevo jabón, pero se olvidó del tema. Le dijeron que el lanzamiento al mercado del nuevo producto iba a demorarse al menos un par de años.

Cambio de rumbo

Pocas semanas después, la actriz de Providence (en el estado de Rhode Island) fue contratada para participar como actriz en un pequeño papel en ‘El búho y la gatita’, de Herbert Ross, una película protagonizada por Barbra Streisand que se rodaba en Nueva York. Había acudido al plató en compañía de un amigo y alguien le ofreció sustituir a la actriz que tenía que hacer de novia de Robert Klein. Ese día, Marilyn supo que quería dedicarse al cine. Que quería ser como su admirada Ann-Margret.

Cuando ‘El búho y la gatita’ se estrenó en la Costa Oeste, los productores tuvieron el detalle de invitarla. Pasó una temporada en Los Ángeles y, aunque solo le dio tiempo de hacer una breve excursión de tres días a San Francisco, se enamoró de la ciudad de la bahía, de sus cuestas, sus tranvías y su modo de vida.

Cuando volvió a Nueva York, decidió mudarse a la otra parte del país en busca de un futuro mejor. Pero su situación económica no mejoró por mucho que ahora viviera cerca de las estrellas de Hollywood. Al borde de la desesperación económica, un día vio un anuncio en el ‘San Francisco Chronicle‘ en el que se convocaba un casting para un largometraje. Acudió a unas oficinas de Tennessee Street y, cuando supo que la película a la que optaba era un porno, se dio media vuelta dispuesta a abandonar el local. No es que fuera una mujer puritana, pero aquello la superaba.

Cuando iba a salir a la calle, la abordó un tipo que la convenció para que se quedara un rato a charlar. Era Jim Mitchell, quien la invitó a fumar marihuana y la convenció para que se dejara llevar por sus intuiciones. De aquella conversación salió un acuerdo: Marilyn sería la protagonista del filme.

Un clásico

La película se llamó ‘Tras la puerta verde’, la dirigieron los hermanos Jim y Artie Mitchell y Marilyn Briggs actuó en ella con el nombre de Marilyn Chambers. Poco después del estreno, los ejecutivos de Procter & Gamble tuvieron la feliz idea de lanzar al mercado las cajas con el nuevo  jabón Ivory Snow. En ellas aparecía Marilyn, con un bebé en los brazos, sobre la leyenda “Puro en un 99’44 %”.

Aquella feliz casualidad tendría consecuencias. Artie Mitchell descubrió la caja de jabón en un supermercado de la ciudad e inmediatamente tuvo una revelación. Hizo suya la frase promocional y la transformó en “Impura en un 99’44 %”, que serviría como reclamo para relanzar ‘Tras la puerta verde’. Procter & Gamble retiró inmediatamente todas las existencias del nuevo jabón, mientras la película de los Mitchell se convertía en uno de los grandes éxitos de público y crítica del porno de los 70.

‘Tras la puerta verde’ y una inocente publicidad de jabón para niños hicieron de Marilyn Chambers la gran estrella del porno de la Costa Oeste de los Estados Unidos en la década de los 70. Se convirtió en uno de los absolutos referentes del porno americano, pese a que filmó muy pocas películas en aquellos años. Sin embargo, su fama, más allá de los estrictos corsés del cine para adultos, le llevó a participar en algunos filmes convencionales, entre ellos ‘Rabia’, de David Cronenberg. Nunca llegaría a ser Ann-Margret, como había soñado, pero fue, para muchos, la mejor actriz dramática que jamás ha dado el porno en su historia, una mujer que se creía lo que estaba haciendo y lo transmitía a la cámara como nadie.

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