Historias del porno: Lo más profundo del mar

Nueva entrega del rincón de la nostalgia triple X de Paco GIsbert, dedicado esta vez a una mujer que lo fue todo en la vida, de figurante en la comedia italiana a amante de futbolistas o musa de Gerard Damiano pasando por los programas de máxima audiencia de la RAI e incluso la política.

Moana Pozzi
Paco Gisbert | 13/08/2013 - 14:50

 

El 15 de septiembre de 1994, el Telegiornale del mediodía de la RAI abrió con un titular luctuoso. No era la muerte de un político, un futbolista o un personaje de la cultura o las artes. Aquel día, el programa informativo anunció, antes de las noticias sobre la situación social de Italia, la muerte en un hospital de Lyon de Moana Pozzi.

Este hecho da idea de la popularidad de una actriz queridísima y considerada como un mito del mismo calibre que Sofia Loren o Gina Lollobrigida. Moana fue presentadora de televisión en programas de máxima audiencia, actriz en películas convencionales (trabajó a las órdenes de Dino Risi o Federico Fellini) y amante de personajes famosos, como los futbolistas Falcao y Tardelli, el actor Massimo Troisi o el político socialista Bettino Craxi.

Pero, sobre todo, fue actriz de cine X, durante la época en que Europa era un páramo en cuestión pornográfica, y una incipiente figura del porno americano en el momento en que la muerte se cruzó en su camino y dejó a todo un país y a una legión de aficionados huérfanos de su encanto.

La bella genovesa

Su vida fue la de una actriz vocacional. Nacida en el barrio de Prà Palmaro, un suburbio al oeste de Génova, el 27 de abril de 1961, Moana, cuyo nombre en dialecto polinesio significa “lo más profundo del mar”, era la mayor de una familia de tres hermanos que, por la profesión de su padre, ingeniero nuclear, había pasado parte de la adolescencia de los niños en España, Canadá y Brasil.

Al contrario que sus dos hermanos, Maria Tamiko, también actriz porno con el seudónimo de Baby Pozzi, y Simone, Moana manifestó desde muy joven su vocación dramática. Quería ser actriz y, con tal propósito, a los 18 años dejó Brancciano, donde se había instalado su familia tras años en el extranjero, para marchar a Roma a probar suerte en algunas de las producciones que se rodaban en la capital.

Un día conoció al agente de Edwige Fenech, que le ofreció un pequeño papel en ‘La patata bollente’, una película dirigida por Steno en la que también participaba Renato Pozzetto. Su papel consistía en mostrar una teta en una escena del filme y Moana pensó que, con el dinero que le pagaran, podía costearse sus estudios en la escuela de teatro Fersen.

Nuevos horizontes

Aquella experiencia le dio dinero, pero no satisfacciones. Pozzi odiaba la comedia erótica italiana y quería hacer otras cosas. Por eso, cuando su novio americano de entonces le propuso rodar un porno, aceptó. La película se llamaba ‘Valentina ragazza in calore‘, la dirigió Raniero di Giovanbattista y Moana apareció acreditada con el nombre de Linda Hevert.

En un principio, aquella experiencia no habría pasado de ser una anécdota en la carrera de la aspirante a actriz si no hubiera sido porque, unos meses después, Moana se encontró en una discoteca romana con Riccardo Schicchi y Cicciolina, los verdaderos “capos” del porno italiano de comienzos de los 80, que habían visto la cinta. La Pozzi se quedo fascinada por la personalidad de Schicchi y su musa y, con ellos, comenzó su carrera en el porno.

Pero Moana no fue una actriz porno en el sentido que le damos al término hoy en día. Fue una artista. Una mujer capaz de ser presentadora de televisión en programas de máxima audiencia en la RAI, de participar en películas de cine convencional y de trascender el mundo del cine X para convertirse en un mito en vida. Una mujer que luchó por dignificar su trabajo como actriz cuando los sectores más reaccionarios de la sociedad italiana intentaron quitarle su trabajo como presentadora, que no dudó en marcharse a los Estados Unidos para rodar con Gerard Damiano cuatro películas que relanzaron la carrera del director de ‘Garganta profunda’ y que llegó a entrar en política, como su amiga Cicciolina, para reivindicar la libertad sexual con el Partido del Amor.

Dentro de unas semanas se cumplirán 19 años del día que un cáncer de hígado se llevó a Moana y arrebató del corazón de los italianos uno de esos amores que dejan una huella indeleble. Italia sigue llorando a Moana aunque ella sigue viva en espíritu en el recuerdo de todo un país. Quizás porque los grandes mitos nunca mueren, aunque, desde hace casi cuatro lustros, vivamos sin ella.

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