Historias del porno: Más falsa que Traci Lords

Cinco años después de que estallara el caso Traci Lords, otra menor, una canadiense llegada a Los Angeles, se metió en el mundo del porno antes de cumplir los 18 años. Cuando la pillaron, fue despedida fulminantemente de los platós.

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PACO GISBERT | 09/10/2013 - 11:04

Las expectativas de futuro de los padres de Diane Purdui Stewart se fueron al traste cuando su rebelde hija, que había destacado de adolescente como gimnasta y cantante de jazz, se mudó a Los Angeles, desde su Toronto natal, para probar fortuna en el mundo del cine.

Comenzó haciendo striptease a los 15 años y su bonita figura e inocente rostro atrajeron la atención de Erica Boyer, quien la presentó al productor Jim South para que la contratara como actriz de películas X. Stewart fabricó una tarjeta de identidad falsa, en la que constaba que era mayor de edad, y comenzó a trabajar en el porno, cuando todavía no había cumplido los 17 años, con el nombre de Alexandria Quinn.

La historia se repite

Pero esa adolescente con un aspecto similar a Traci Lords era una mujer caprichosa y, el 27 de marzo de 1991, el mismo día en que cumplía 18 años, decidió regalarse a sí misma un flamante deportivo. Compró el coche y enseñó su tarjeta de identidad real al vendedor para que este se cerciorara de que tenía la edad reglamentaria para hacer la transacción. Sin embargo, el aspecto juvenil de Quinn levantó sospechas en el empleado del concesionario, que llamó a la policía para evitarse problemas legales. La policía de Los Angeles comprobó que la tarjeta de identidad que había exhibido Quinn para realizar su adquisición era legal, pero contrastó los datos con los antecedentes de la chica y descubrió que la tarjeta de identidad que había usado Stewart para el seguro de desempleo mientras trabajaba en la industria del cine X era falsa.

En una de esas curiosas contradicciones que tiene la vida, las fuerzas del orden supieron que había hecho porno ilegalmente cuando la ley la amparaba por ser mayor de edad. Exactamente igual que le había ocurrido, casi cinco años antes, a Traci Lords.

La historia se repitió y el FBI ordenó confiscar todas las películas porno en las que había intervenido Alexandria Quinn siendo menor de edad, entre ellas las dos mejores que protagonizaría en su larga carrera en el cine X: ‘Culitos amorosos‘ (‘Buttman’s ultimate workout’), de John Stagliano, y ‘Mujer pantera busca hombre felino‘ (‘Curse of the Catwoman’), de John Leslie.

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Sin embargo, el escándalo no tuvo, ni mucho menos, la repercusión que había alcanzado años atrás el caso de Traci Lords, por la rápida actuación de la industria, que la apartó de los platós a causa de sus mentiras. Pese a la réplica de Quinn, que, en un programa de televisión, cargó contra productores y directores culpándolos de su adicción a la cocaína, la cosa no pasó a mayores. Al fin y al cabo, Alexandria Quinn no gozaba, ni mucho menos, de la popularidad que atesoró Lords en su tiempo.

El retorno de la hija pródiga

Víctima de sus propios engaños, Alexandria estuvo apartada de la industria del porno durante cinco años, hasta que en 1996 se puso en contacto con diversas productoras para retomar su carrera como actriz. Fue perdonada y, con unos pechos aumentados tras su paso por el quirófano, participó en un buen número de películas mediocres que no consiguieron sacarla de los apuros económicos que padecía y que la llevaron, incluso, a ofrecer sus servicios sexuales en un diario de Houston en 1998.

A partir de 2000, comenzó una nueva carrera para Alexandria Quinn, al especializarse en papeles de mujer madura, pese a que sólo rondaba los 30 años de edad. Hasta 2006, cuando se retiró del porno a mucha distancia del modelo que había querido imitar en los comienzos de su carrera.

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