Vicio y subcultura Holly Hendrix, pequeña pero matona

Holly Hendrix
Javier Blánquez | 23/01/2017 - 16:24

El premio AVN a la mejor actriz porno revelación del año no es un ninguna broma, y en gran medida se ha convertido, en cuestiones de meterla y sacarla, en algo parecido al Oráculo [Oráculo no va con segundas, guarros malpensados] de Delfos, una especie de brújula para no perderse entre lo más valioso de las jóvenes starletts, en un GPS del porno que viene.

Si repasamos las estadísticas de años anteriores, veremos que algunas de las agraciadas con tan insigne reconocimiento han sido bestias de la industria como Ginger Lynn, Jenna Jameson, Stoya o, si nos limitamos únicamente a los últimos años, chicas que en la actualidad ganan dinero a espuertas y follan por los descosidos como Abella Danger, Mia Malkova o Carter Cruise –y también alguna retirada prematura, como Remy La Croix, la vencedora de 2013, que últimamente había perdido el mojo–.

En definitiva, cuando tus compañeros de profesión y los fans con el manubrio mejor engrasado del planeta te señalan como la gran revelación del año, no hay que darle más vueltas: es que eres la hostia haciendo guarreridas españolas delante de una cámara. El seXto sentido –nos gusta hacer bromas a lo Gabriel Rufián– no engaña.

 

¿Estaba cantado?

Este año parecía que todo el pescado estaba vendido, ya que en todas las quinielas sonaba que la starlett of the year de 2017 sería Holly Hendrix, cosa que finalmente ha sucedido. En las otras categorías tampoco ha habido grandes sustos –Greg Lansky como director del año, Mick Blue como semental más completo del ejercicio y, para sorpresa y regocijo de la facción más extrema de ‘Primera Línea’, nuestra adorada Adriana Chechik como female performer of the year, un premio merecidísimo para quien, este año, ha llegado a tener hasta cuatro penes simultáneamente dentro de su anatomía sin que apenas se le corriera el rímel–, y esta especie de ‘normalidad’ previsible en los resultados podría hacernos pensar que en el porno de hoy todo se ha vuelto previsible, que no hay grandes sacudidas, que estamos en un periodo-valle de normalidad.

Pero eso no es así, porque aunque lo de Hendrix se veía venir, lo que esta pequeñaja trae al porno es un aire de cerderío renovado, de un regreso del hardcore. Se dice de Holly Hendrix que, si es capaz de prolongar su carrera y estar varios años en la industria, el horizonte al que podría aspirar es al de Belladonna.

Holly Hendrix

Decir eso es decir mucho, muchísimo, pero no menos cierto es que, desde que se retiró Sasha Grey –la gran ídolo de nuestra Holly, como pueden imaginarse–, todavía no ha habido una estrella del porno gonzo que sea capaz de conjugar una imagen alternativa con una insaciabilidad que roza en lo altamente pervertido y una predisposición a experimentar con los extremo. Quizá Adriana podría entrar en esa categoría, pero Adriana no tiene la imagen disidente, con tatuajes y cierta predisposición al feísmo, que había en Belladonna: ella es la más bestia, pero sus ojos azules y su glamour –ese que, de tanto en tanto, le lleva a rodar escenas soft con Blacked, HardX o Elegant Angel– le hacen competir en otra liga.

 

Nacida para triunfar

En cambio, Holly Hendrix no hace más que dejar una huella profunda en los márgenes del mainstream. Ella es más de Evil Angel y de Reality Kings, de esas orillas sucias en las que los pornófilos son bestias peludas sin sofisticación, y todavía no ha llegado el momento de que Jean Val Jean la ensarte en una mansión con piscina, sábanas blancas y pétalos de rosa en la almohada, mientras la habitación emite un perfume a incienso y una banda sonora de Chambao.

Lo más impactante de Holly Hendrix es su precocidad en todo, algo que en el porno siempre se tiene que entender como un arma de doble filo. En la actualidad, y con 19 años, es una veterana que ha exprimido al máximo su primer año y medio de experiencia, que se subió al vagón del porno extremo a las pocas semanas de tener la mayoría de edad y que al cabo de dos meses ya se estaba fogueando en el anal, sin ningún tipo de planificación especulativa a largo plazo, que es lo que más se lleva en estos tiempos en los que una carrera en el porno más se parece a un plan de negocios diseñado por un MBA de ESADE –de esto ya hablaremos otro día, de esa tendencia a dosificar estudiadamente el debut anal, el debut interracial, el debut en la DP y otras primicias–.

Holly Hendrix

 

Holly Hendrix entró a saco desde el principio y con sus armas más poderosas –la inmediatez, el furor animal, la líbido depredadora, y una anatomía menuda y elástica que siempre está dando la sensación de que se va a romper a trozos, o que igual explota después de que la ensarten con carne en barra– se ha ganado a casi todo el mundo en el negocio. El premio de este fin de semana es un reconocimiento a lo obvio: es la jovencita que más se lo ha currado en 2016.

 

Sexo extremo en miniatura

Holly Hendrix es, lo que en argot valenciano, se llamaría una micromachine: una muchacha de estatura mínima –1.47 metros que hacen más pronunciados sus rasgos aniñados–, de formas compactas, aunque en su caso no haya muchas redondeces, y la típica actitud de pequeña pero matona.

Si a alguien nos recuerda, y aquí tenemos que hacer memoria y tirar de mitos de hace más de diez años, es a aquella estrella tan añorada del porno de comienzos de los 2000 que era Gauge. Gauge, tristemente retirada hace ya un tiempo, fue una de las primeras sensaciones del boom del gonzo, una máquina sexual predispuesta y abierta a todo [lo de abierta sí va con segundas] que no tenía ningún tipo de complejo en ofrecer la dilatación de su puerta trasera en un primer plano, tan cercano que casi le veíamos el prolapso, recogido por las primeras cámaras digitales. Una de esas chicas que se las metían a pares, que se bañaban en leche de burra, como Cleopatra, y si no era leche de burra era leche de semental, y que hacía que saltaran chispas en el plató.

En el caso de Holly Hendrix, la pasividad no es un defecto que se contemple: aunque no levante ni metro y medio del suelo, ya se ve que tiene la intención de lanzarse al cuello de su presa, comerse hasta el último centímetro del actor de turno y ofrecer a los dioses en sacrificio hasta el más recóndito de sus secretos.

 

¿Qué va a dar de sí?

Si hay que aventurar un futuro para el porno en los próximos años, nos permitimos un vaticinio: se producirá un cansancio de la estética glam impoluta del imperio Lansky –al que aún le queda un largo tiempo de dominio, no nos engañemos– y se virará hacia el extremo, quizá con trabajos de cámara más sutiles y entornos más cuidados, sin tanta mugre como en una producción estándar de MOFOs o Brazzers, pero con el mismo vicio desbocado, y en esa coyuntura será importante el ejemplo de chicas como Holly Hendrix, que anteponen la fiereza sexual a la desinfección del plató.

Holly Hendrix

 

Hay que tener en cuenta sus limitaciones para comprender cuáles son sus méritos: es raro encontrar chicas tan pequeñas en el porno, y más aún que lleguen tan lejos –este último año también irrumpió Piper Perry, que nos cabría en el bolsillo, pero la novedad con Piper se agotó rápido, y hay que ser un fetichista muy desviado para que te guste una rubia teñida con aparatos en los dientes–, y que además ya estén predispuestas a trabajar con los penes más gruesos. Aún no le ha llegado el momento de enfrentarse a Manuel Ferrara, el hombre cuyo tronco tiene la misma circunferencia de una lata de Coca-Cola, pero está claro que Holly busca ese encuentro a la mínima que pueda.

Tras el premio AVN a la mejor debutante del año está claro que su imperio acaba de comenzar: vamos a tener una avalancha de escenas suyas en los próximos meses, nos la encontraremos en contextos diversos –algunos muy cerdos, otros muy glamourosos, aunque sus tatuajes chonis no le ayuden especialmente a fomentarse en el circuito más sofisticado–, y comenzará la verdadera prueba de fuego: saber hasta qué punto va a tener recorrido o se va a quedar en una supernova efímera.

Son muchas las historias de estrellas jóvenes y meteóricas que ardieron rápido y se agotaron pronto, pero no menos cierto aún es que el porno de esta década necesita urgentemente su Belladonna, y que Hendrix –tan virtuosa manejando penes como Jimi lo era tocando la guitarra– es, ahora mismo, la gran esperanza de futuro. Una, enana y libre, tiene que ser al porno lo que Trump para América: la que vuelva a hacer sea grande (y sucio) de nuevo.

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
María Lapiedra: "Gustavo es muy fogoso, pero no me folla, me hace el amor".
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados