Vicio y subcultura Jenna Sativa, reina del cunnilingus

No busquen más. La reina del sexo entre mujeres es esta californiana de 24 años, lesbiana chic y prestidigitadora del sexo oral. Vicio y subcultura se rinde a esa explosiva belleza nacida en Los Ángeles y con raíces cubanas y brasileñas.

Jenna Sativa
Javier Blánquez | 06/07/2017 - 12:38

Si echamos un vistazo rápido al palmarés de Jenna Sativa como actriz porno, observaremos que en el último año su éxito se ha disparado como si fuera un cohete lanzado a la estratosfera, y que se ha llevado a casa algunos de los trofeos más preciados de la industria: ‘Lesbian performer of the year’ en los premios AVN de 2017 y en los XBIZ de 2017, y ‘Reina del Cunnilingus’ en los Spank Bank Awards de este año.

Teniendo en cuenta que su entrada en el porno se produjo a mediados de 2014, y que su nombre no empezó a hacer ruido hasta un año después, a finales de 2015 –aprovechando el vacío de poder que dejó la retirada de la más importante actriz lésbica de la última década, Malena Morgan–, podemos llegar fácilmente a la conclusión de que el ascenso de Sativa al trono de las chicas que delante de la cámara sólo comen almeja y hacen la tijereta ha sido meteórico, y que tal como está configurado ahora mismo el segmento de las escenas lésbicas le espera por delante un largo reinado.

Hace sólo un año parecía que la reina del futuro iba a ser Shyla Jennings, vencedora en las ediciones de 2014 y 2016 en los AVN, pero eso ya no parece tan claro. Jenna Sativa ha llegado aquí para dominarlas a todas, como si en su dedo llevara el anillo de Sauron. Seguramente, durante un tiempo habrá una pugna por el poder, al estilo de los enfrentamientos entre Rafa Nadal y Roger Federer de hace unos años, en los que no parecía haber una hegemonía clara –Shyla Jennings ha sido la mejor artista lésbica en la entrega de trofeos en 2017 de los premios XRCO–, pero si hacemos caso únicamente de la proyección mediática, seguidores en redes sociales y estrategia de imagen, está claro que Sativa lo tiene todo para ganar.

Con Shyla Jennings

 

Buenas amigas

Al parecer, a Shyla y a Jenna les une más la amistad que la rivalidad, y han rodado escenas juntas con una química explosiva, pero si nos fiamos únicamente de la repercusión en Instagram, la red social preferida por los voyeurs con inclinación al softcore, está claro que la gente está con Jenna: casi 600.000 seguidores frente a los 115.000 de la ninfa alemana, que en cualquier caso tiene argumentos para sostener la siguiente idea: aunque no sea el género del que más se hable, el porno lésbico sigue siendo una de las variedades más consumidas porque siempre tiene en cabeza bellezas como ellas, que más parecen lirios recién cortados de la pradera que marañas de píxeles.

Cuando Jenna Sativa irrumpió en el porno, daba el perfil exacto de lo que tenía que ser una actriz lésbica de éxito. Siempre se dice que lo que los grandes estudios –Reality Kings, X-Art, incluso Vixen y ahora también la nueva plataforma LesbianX– nos venden como porno lésbico es, en realidad, un artefacto pensado para excitar la mirada masculina, y no la femenina. Y no les quitaremos la razón: son numerosas las quejas de las lesbianas de verdad, pancarta en mano, gritando en las redes aquello de ‘no nos representan’ cuando en una escena lo más que se ve es una pausada continuidad de chupeteos de pezones, labios vaginales y morros, y a veces –oh, qué atrevimiento– incluso de ojete limpio.

Pero lo que no se ve es la parte más intensa de la sexualidad lesbiana: puños metidos hasta casi rozar el clítoris con el codo, juguetes monstruosos, tijeras muy largas y profundas, strap-ons y, en definitiva, un tipo de jerarquía sexual en la que hay una mujer dominante y otra que se deja hacer cositas, y no primeros planos de muñecas de piel sonrosada.

Jenna Sativa

 

Actrices ‘gay for pay’

En el porno hay muchas actrices que sólo hacen escenas con otras chicas no por convicción lésbica, sino por miedo a dar el paso a rodar escenas con hombres. En algunos casos, todo forma parte de una calculada estrategia: empezar en el porno lésbico poco a poco y luego rodar la primera boy/girl scene –como ocurrió en su día con diosas del momento como Eva Lovia, Kenna James o Kylie Page, cuya historia aparece documentada en uno de los documentales de la serie ‘Hot Girls Wanted: Turned On’–, para luego no volver nunca más a ese otro territorio, mucho peor pagado.

Si no eres una lesbiana por convicción, lógicamente, sientes la necesidad del coito y te arde la cuenta corriente cuando ingresas el dinero ganado con una tarifa superior. Pero aún así, el porno lésbico es un nicho importante que amasa muchos visionados y descargas en internet –y otro tipo de descargas–, y si una chica consigue escalar hasta la cúspide, su estatus sería comparable, casi, al de cualquier diosa straight.

Jenna Sativa

 

Hace unos años, Malena Morgan –que jamás rodó una escena con rabo– era intocable, una diosa, un mito eterno: una belleza delicada de interiores rosados alrededor de la cual giraban un montón de estrellas –MILFs, las jóvenes sensaciones del circuito hetero– y a la que se acercaban las debutantes en busca de una profesora en las artes de Safo.

Así, Morgan amasó una colección de escenas estupendas en las que lo que más se celebraba era la belleza pura del cuerpo. Y, de repente, Malena Morgan lo dejó, y su trono quedó vacante. Parecía que el reinado iba a ser para Eva Lovia, pero Lovia se adentró en el porno heterosexual y no ha vuelto desde entonces –y menos que volverá, porque ya está en marcha su asalto al sexo anal con las cinco escenas que tiene contratadas con Tushy y de las que lleva dos; tenemos una botella de cava en la nevera para cuando concluya la serie, como ya hicimos con ‘The Leftovers’–.

Así que rápidamente se movieron dos piezas: Shyla Jennings y Jenna Sativa. Y Sativa fue la que más rápidamente caló en la mirada verrionda del espectador masculino, pues en ella se apreciaban los rasgos de la lesbiana chic que parecía triunfar en este campo: un cuerpo joven y natural, apenas mancillado por la cirugía estética, el colágeno, la silicona y los tatuajes, de senos bien proporcionados y una muy conveniente higiene capilar en el tesorito, pues es así donde más se trabaja la mandíbula.

 

Contra la rutina

Ver porno lésbico light suele ser muy aburrido –hay un código establecido en el que primero hay besitos, luego comidas de potorro alternas, luego un poco de exploración anal, y finalmente la tijera o un dildo, si hay suerte, para acabar en risitas y golpecitos con la almohada–, pero cuando hay performers como Jenna Sativa de por medio, la cosa cambia.

Con Samantha Hayes

 

El trono de Jenna Sativa parece que estará asegurado por un largo tiempo, pues nunca ha manifestado su deseo de pasarse al otro campo –al lado oscuro–, y asegura que sólo le interesa el sexo con chicas delante de la cámara.

Esa ambigüedad es la que ha levantado ciertas especulaciones, las típicas: ¿hace porno con chicas, pero luego le gustan los hombres en la intimidad de su hogar? Ella afirma que no, que es lesbiana por convicción, que nunca entrará nada carnoso por sus accesos íntimos, y sea como fuere, la estrategia es inteligente, muy bien urdida por su representante, Mark Spiegler: si hay un campo por conquistar y la competencia es escasa, es mejor reinar allí que entrar a competir en un terreno en el que hay bestias muy pardas como Adriana Chechik.

Jenna Sativa

 

Si una actriz se pasa al porno hetero, tiene que mentalizarse para recorrer todo el camino: quedarse en el porno chic como parece plantearse ahora Kenna James, la última tránsfuga del rollo lésbico –o sea, el rollo bollo–, seguramente será un error. En el softcore no hay mucho futuro.

Ahora, habiendo conquistado la portada de Penthouse –Pet of the Month en abril de 2016 y Pet of the Year en 2017–, nadie puede discutir su imperio. Y su desarrollo próximo está claro: acaparar el mercado lésbico, ser la actriz con la que todas quieren rodar –desde bellezas bien asentadas como Verónica Rodríguez, Aria Alexander o Angela White, que la tienen la primera en su agenda cuando quieren un polvo homosexual con glamour y sensualidad, hasta las maduras más cotizadas del momento, sean estas Romi Rain o Kendra Lust–, y mantenerse ahí hasta convertirse en un mito.

Si alguien puede apartar a Malena Morgan del número 1, ese mismo número 1 simbólico y mítico que todavía ostenta Sasha Grey en el porno duro, años incluso después de retirarse, es esta californiana con sangre brasileña y cubana, delicadeza de flor y ambición de emperatriz de oriente tan narcótica como la variedad del cannabis a la que alude su apellido.

Que, del cannabis, ya hablaremos otro día. Por ahora, arrodillémonos ante la reina del cunnilingus.

 

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