Vicio y subcultura Jennifer Lawrence, ¿la más deseada del planeta?

Llega la hora de hacer balance de lo que ha dado de sí este año tan golfo y tan vicioso. Y Blánquez abre la veda con una reflexión que roza el sacrilegio: ¿No será que Jennifer Lawrence ha perdido todo el misterio y ya no es la mujer más apetecible del universo?

Jennifer Lawrence
Javier Blánquez | 28/12/2016 - 10:30

Muchos todavía recordamos con añoranza, con una lágrima deslizándose por nuestra mejilla, aquel ya lejano día del 31 de agosto de 2014, posiblemente uno de los más intensos de nuestras tristes vidas.

La fecha no engaña: estaban a punto de acabarse las vacaciones y el verano, por este orden, y nos encontrábamos con la disposición de ánimo que se tiene en estas ocasiones: al borde de la depresión, con desgana por todo, deseando que pasara lo peor. Y de repente, nos empezaron a llegar fotos al móvil y todo se iluminó con un nuevo y reverberante resplandor de gozo, empezaron a entrar vía whatsapp toneladas de imágenes de celebrities en pelotas, enseñando las tetas y posando ante el espejo, incluso algunas fotografiándose en pleno acto sexual con trozos de carne insertados en su anatomía, o dejando para la posteridad una instantánea de una copiosa eyaculación corriendo por su espalda como si fuera el curso del Amazonas con destino al océano Atlántico. Y cuando eso sucedió, fuimos felices, muy felices.

 

De entonces a ahora

Seguramente, Jennifer Lawrence, una de las principales afectadas por lo que popularmente ya se conoce como ‘el fapenning’ o ‘celebgate’ –o sea, la filtración masiva, vía 4chan, dispositivos móviles y paquetes en formato zip a través de los sitios de torrents, de cientos y cientos de fotografías eróticas explícitas robadas directamente de los teléfonos móviles de un centenar de famosas del cine, la moda y la música– nos desearía lo peor por palabras como las del párrafo anterior.

Según Lawrence, no sólo quien robó las fotos y las difundió, sino cualquiera que las miró detenidamente –e incluso las almacenó en su móvil u ordenador portátil, por si acaso– debería estar viviendo en la vergüenza, pues aquello no era material para paja, con perdón, sino que consistía en dar pábulo a una ofensa criminal, y el simple acto de mirar las fotos también debería ser un delito.

Jennifer Lawrence

No le quitaremos la razón: lo que le hicieron fue algo sucio que dejaba muy comprometidas su privacidad y su imagen, que atentaba contra su honor y que colocó a una de las actrices más queridas y deseadas –no necesariamente por este orden– de Hollywood en una situación de máxima vergüenza. Es cierto que debería ser delito incluso mirar. Pero miramos, qué le vamos a hacer y, que nos perdone J.Law, lo que vimos nos gustó una barbaridad.

 

Esplendor en la red

Recordemos el contexto. Era 2014, y en ese momento, a sus 24 años, Jennifer Lawrence era sin lugar a dudas la mujer más bella del universo.

Varias de sus películas de aquel momento habían conseguido alzar a una joven actriz del circuito indie hasta las más altas cotas de la industria mainstream, todo ello gracias a su participación en la franquicia X-Men haciendo de Mística –incluso con todo el maquillaje digital azul nos gustaba–, su papel protagonista en el ciclo de ‘Los juegos del hambre’ y, por supuesto, su actuación en ‘El lado bueno de las cosas’ (2012), comedieta familiar y buenrollera junto a Bradley Cooper, y que le valió un Oscar en febrero de ese mismo año.

Cuando el Oscar, lógicamente, la cosa se desmadró: J.Law había acudido a la ceremonia con el aura de ganadora virtual, que ilumina los rostros con luz divina, y además con un vestido espectacular que le daba aires de divinidad romana. Luego ganó, se pegó una hostia contra las escaleras, se emocionó muchísimo, lloró un montón, y todo el mundo terminó por enamorarse perdidamente de ella. Era la mujer perfecta, para qué negarlo.

Dadas las circunstancias, sólo hay que imaginar qué hubiera sucedido si, de repente, alguien asegura tener fotos de la mujer diez tal como vino al mundo, en plan modelo del ‘Clima’, mostrando sus atributos y su hucha rasurada con todo lujo de detalles, incluidos dos dedos de su amante entrando al calor de sus cavidades, e incluso con toda la cara bañada en semilla o practicando felaciones, y que encima aquel afortunado poseedor del maná pornográfico estaba dispuesto a compartir esas fotos a cambio de nada –o de unas risas–.

Había salido de todos nosotros el instinto primario, la capa reptiliana de nuestro cerebro primitivo, y habíamos acudido en masa a hacernos con ese botín en formato jpg, con la única intención de saciar el morbo. Una vez saciado el morbo, a otra cosa: las fotos se guardaban en depósito en una carpeta para nunca más volver a verlas, o se borraban, y a otra cosa.

Al fin y al cabo, no debemos olvidar que somos insectos miserables con vidas tristes que, de tanto en tanto, nos consolamos con placebos de este tipo. Un día son las fotos de J.Law, o las de Ke$ha, o las de Ariana Grande, Kate Upton o Kirsten Dust, y al siguiente es un programa de Sálvame, o el nuevo estreno de una serie de HBO. Jennifer Lawrence nos toma por pervertidos –bueno, un poco sí, pero no a tiempo completo–, cuando en realidad somos seres depresivos que necesitamos nuestro chute de endorfinas para no hundirnos en el barro. Sus senos desnudos, que tanto placer hubieran dado al poeta de lo mamario, Ramón Gómez de la Serna, evitaron unos cuantos ingresos en urgencias.

Jennifer Lawrence

 

Imparable

Todo esto ocurría, además, a medida que J.Law se consolidaba como la actriz mejor pagada de todo Hollywood, con una media de 10 millones de dólares por película –suele facturar cuatro veces más en conceptos de derechos de imagen y publicidad, hasta rozar los 50 millones de ingresos sólo en 2016–, y una de las personalidades más influyentes del mundo según las listas de ‘Forbes’ y ‘Time’.

Y eso sin contar las listas de las mujeres más atractivas del planeta: ha estado en todos los rankings notables, empezando por el de ‘FHM’ (la más sexy de 2014 sin discusión), la de ‘Maxim’ y la de ‘AskMen’. En 2014, cualquiera habría dado un riñón por haber estado en esas fotos con Jennifer, dejándose hacer cosas. Era la tormenta perfecta: la mujer más espectacular, en el momento cumbre, y con el desliz más morboso.

La pregunta es: ¿y qué pasará con J.Law en 2017?

Sin lugar a dudas, su carrera va viento en popa, incluso después de que se le haya terminado la franquicia que más dinero le ha dado de largo, la de ‘Los juegos del hambre’, pero muchos de estos momentos de fama planetaria tienen que ver mucho con el cosquilleo del momento, los premios y una situación de ventaja en la que no aparecen competidoras claras.

Por ejemplo, sin dejar de querer a Jennifer como si fuera nuestra sobrina más entrañable, en 2015 nos obsesionamos mucho más con Alicia Vikander, por ejemplo, y lo mismo que nos pasó a nosotros igualmente le ocurrió a mucha más gente. No es que hayan perdido calidad sus atributos: el problema es que han perdido el misterio, ya le hemos visto hasta la partida de nacimiento, y si a eso le sumamos que se ha vuelto selectiva con los papeles y que ha bajado su ritmo de trabajo, se explica que J.Law ya no esté en el ojo del huracán y que, por tanto, haya bajado su capacidad de irradiar atención.

Jennifer Lawrence

 

Por ejemplo, en 2012, el año de su consagración, protagonizó la primera entrega de Los juegos del hambre (bombazo), ‘El lado bueno de las cosas’ y La casa al final de la calle’; en 2013 y 2014 siguió con ‘La gran estafa americana‘, más ‘Juegos del hambre’, pero en 2015 lo más que hizo fue, aparte de cerrar su tetralogía como Katniss Everdeen, ponerse en la piel de la inventora Joy Mangano en ‘Joy’, su nueva colaboración con el director David O. Russell. En 2016, todavía peor: papel menor en ‘X-Men: Apocalypse’, y ‘Passengers’, que se estrena el 30 de diciembre. Suerte que en 2017 hará una película con Aronofsky.

 

Que sí, que está de vuelta

Ahora, J.Law vuelve con ‘Passengers’ y es como si volviera Madonna con un nuevo disco: nos parece bien, nos ilusiona moderadamente, pero es todo ya muy déjà vu. Por supuesto, iremos a verla, porque hay tradiciones que no se deben romper, y por J.Law mataríamos, como Belén Esteban por Andreíta. Pero es el típico plan que, si surge otra cosa, lo aplazamos hasta otro día, que no hay prisa.

Se cuenta que su acompañante masculino en esta película romántica de ciencia-ficción (sic), Chris Pratt, mostrará su trasero en primer plano. Como esto es ‘Primera Línea’, una revista especializada en cosas heterosexuales, el culo de Pratt –más conocido como Star-Lord en ‘Guardianes de la Galaxia’– nos da un poco igual. En cambio, no se ha dicho nada de ningún destape programado de Jennifer Lawrence: lo más que podemos adivinar por el tráiler es que se le ve la espalda, un milímetro del glúeo derecho y que en algunas escenas sale en bañador. ¿Nos obsequiará con su ambrosía? Cruzamos los dedos.

Imaginamos que después de lo que ha pasado, seguramente, esté reticente a dirigir su carrera hacia el sex appeal, aunque también podría planteárselo como cobrar por lo que en otro tiempo, aunque involuntariamente, nos dio gratis. En cualquier caso, su rostro irradia rayos de supernova y su tinte rubio le queda fenomenal, ya que realza la palidez de su piel blanquísima.

Jennifer Lawrence

Ocurren dos cosas con Jennifer Lawrence: como actriz, su carrera va fetén en lo económico, aunque últimamente elija papeles que no le aportan ningún extra de carisma –insistimos: suerte que la puede rescatar Aronofsky–, y como sex symbol tiene todo lo que hay que tener, menos el misterio, que ya se lo descubrimos en los añorados días del fapenning.

¿Sigue siendo la mujer diez del universo, o ya hemos pasado página y buscamos desesperadamente a un relevo en nuestras fantasías? Parece que lo mejor de J.Law ya pasó, pero cuidado: seguro que algo se inventará, aún le quedan muchos años en la cima, si ella quiere.

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