Vicio y subcultura Jill Kassidy, la vecina de al lado

Jill Cassidy no era nuestra favorita al premio a la mejor debutante era la gran noche de los AVN. En Vicio y subcultura repasamos los méritos de esta antigua cheerleader de solo 20 años y las razones por las que nos había pasado desapercibida.

Jill Kassidy
Javier Blánquez | 29/01/2018 - 11:09

No contábamos con Jill Kassidy. Nosotros habíamos apostado principalmente por dos chicas: Chloe Scott y Riley Nixon. Las dos eran, son, como la noche y el día: la primera es el típico espécimen americano rubio y juvenil, una muchacha con aspecto de haber venido del campo para ganarse el pan trabajando duro en la gran ciudad, pero con una genética afortunada que le hace lucir más curvas que el circuito de Montecarlo, mientras que la segunda parece la hipster espabilada, tan segura de si misma, que incluso es capaz de raparse la cabeza al cero y seguir siendo irresistiblemente guapa.

Estas dos estrellas incipientes del porno actual representan dos modelos muy en boga sobre cómo moverse en el negocio a día de hoy: o ser una belleza canónica, o ser una anti-belleza violenta y excitante. Teníamos la confianza en que la gala de entrega de los premios AVN de este pasado sábado significara la consagración de una de las dos, y que Chloe o Nixon se alzara con la estatuilla en la categoría ‘Best New Starlet’, un termómetro fiable para determinar cuáles van a ser las carreras duraderas en el gremio.

Y al final resultó que este año teníamos menos poder de predicción que Paco Porras –aunque bien es cierto que llevábamos defendiendo la candidatura de Angela White como mejor porn star de 2017 desde, por lo menos, el pasado verano, y ahí sí acertamos–. De todos modos, no somos infalibles. No supimos ver que, de manera silenciosa, Jill Kassidy se estaba convirtiendo en la nueva novia de América.

Jill Kassidy

 

Las razones de una omisión

No nos habíamos fijado lo suficiente en Jill Kassidy por dos motivos. Primero, porque entre las nuevas debutantes rubias que parecen haber sido encargadas a un sastre de la belleza típicamente californiana, las que nos habían robado el corazón eran Anya Olsen –los mejores ojos del porno ahora mismo–, Natalia Starr –le dedicaremos una oda próximamente– y Chloe Scott.

Jill Kassidy también estaba ahí, con ese tono del cabello ligeramente cobrizo y unas pupilas azules tan profundas como el mar, pero a la vez transmitía una imagen de inocencia un tanto despistada que, por ende, nos despistaba a nosotros. Cuando la hemos visto actuar siempre daba la impresión de que no terminaba de tomar la iniciativa, que en el set de rodaje se cohibía. Y, sin embargo, esa actitud tiene un mercado: hay gente a la que le gusta que las chicas aparezcan en un contexto de leve dominación, que se vean forzadas a dar un paso adelante cuando ya no queda más remedio que dejarse llevar, y que tengan en los ojos ese destello de cierva acorralada.

Esa es la clase de chica que es Jill Kassidy, el símbolo de la inocencia corrompida por fuerzas ajenas a su voluntad y a su control, una víctima de las bajas pulsiones, del tardo-capitalismo, de la naturaleza animal y del Partido Popular. Tenemos la sospecha de que, al final, lo que decantó la balanza a su favor fue la suma de dos factores. El primero, que se haya convertido en los últimos meses –que ha sido cuando se han concentrado la mayoría de emisiones de votos de los pajilleros de todo el planeta– en una de las nuevas actrices fetiche de Jules Jordan, que incluso le ha dedicado un volumen de su serie ‘Ultimate Fuck Toy’, un concepto de película gonzo en la que una actriz protagoniza todas las escenas casi siempre con el propio Jordan, y que normalmente incluye algún debut importante: el primer anal, la primera DP, etcétera.

Esta serie tiene mucho valor: es la que consagró a Riley Reid en 2012 cuando Riley todavía era una post-adolescente con serios problemas cutáneos –no había suficiente maquillaje para tapar tanto acné–, y durante un tiempo fue la manera que tuvo Jules Jordan de promover a las actrices que más le apetecía tirarse, con la mala suerte de que muchas se retiraban al poco tiempo, como la tremenda cubana Abella Anderson, la rubísima Kennedy Leigh o la asiática Alina Li, que iba de heredera de Asa Akira y terminó dejando el porno tras una experiencia traumática con Max Hardcore, que se le meó en la boca.

Con Natalia Starr

 

Las otras antes que ella

El ejemplo exitoso de Riley Reid es el que nos anima a decir que la serie ‘Ultimate Fuck Toy’ es un gran trampolín de salida para el porno, y no una trampa gafe. Jill Kassidy, además, es una joven actriz con un régimen de trabajo disciplinado, que en algo más de un año ha rodado 80 escenas –una media de una por semana–, y a la que claramente le gusta estar delante de la cámara, porque es de ese tipo de actrices que mira fijamente al objetivo con su iris dilatado y que no pierde la sonrisa; es una mezcla entre el candor de Riley Reid y la belleza nórdica de Jillian Janson, de quien no sabemos con certeza si ha tomado como inspiración para su nombre artístico. Podría ser. Se parecen un huevo.

El segundo factor que ha hecho que Jill Kassidy esté hoy arriba del todo entre las debutantes de la industria X es haber participado en la cinta que en los pasados premios AVN arrasó en las categorías artísticas, las de mejor película, mejor actriz y mejor actor –que no tienen nada que ver con ‘performer’; a los performers se les presuponen habilidades para el coito, y a los actores para la actuación–.

Se trata de ‘Half His Age’, una película sobre la corrupción de una Lolita (Jill) a cargo de un profesor de escuela especialmente perverso, y que está grabada con esa textura de imagen como de filtro de Instagram que empieza a ser característica de las producciones de Pure Taboo, la nueva empresa de Bree Mills, la fundadora de Girlsway, una de las principales plataformas de porno lésbico.

Con Natalia Starr

 

Pure Taboo busca encontrar el equilibrio entre el viejo porno bien rodado, con historias detrás, y el gonzo sexualmente violento, y poco a poco va alcanzando sus objetivos: reconocimiento de la industria, preferencia de muchas actrices para trabajar con ellos, favor del público y resultados valiosos tanto en lo artístico como en lo sexual. Si hay un estudio ahí fuera que algún día pueda superar en aplauso popular a todo lo que produce Greg Lansky, aquí lo tenemos.

 

Una chica tabú

Jill Kassidy, pues, se ha convertido en una chica Pure Taboo, en una de las piezas centrales de un nuevo modelo de extender el buen gusto por el porno, y después de haberle dado el premio a la mejor starlet el año pasado a una cochina redomada como Holly Hendrix, a la que parece imposible que le quepan tantas chistorras en tan poco cuerpo, había la sospecha de que el público que vota en los AVN quería algo más conservador, más convencional, más vecina de al lado, y ahí estaba Jill, una rubia con apariencia de tímida, apocada y con un físico todavía en construcción, a la que le caen papeles de sumisión como a Ryan Gosling los de estatua; su trayectoria en el porno, pues, es un bildungsroman apasionante en el que ya ha empezado a escribir capítulos importantes: en ‘Ultimate Fuck Toy’ se estrenaba por fin en el sexo interracial. Lo cual nos lleva a la pregunta del millón.

La pregunta es: ¿el anal para cuándo? Hace poco menos de un año, Jill Kassidy decía en Twitter –red social en la que tiene 143.000 seguidores y subiendo; en Instagram son 250.000– que nunca había practicado el sexo anal en privado, y que incluso le molestaba el tacto de un dedo en la puerta trasera de su palacio.

Jill Kassidy

 

No se planteaba, por tanto, iniciarse en esa práctica, pero una cosa está clara: si quiere progresar en su carrera, y no quedarse olvidada por el camino como Dani Daniels, tarde o temprano debería pasar por ese rito y ofrecer en sacrificio a los dioses su tesoro más preciado. Seguramente, no faltarán los estudios dispuestos a ofrecer una suma generosa: en Brazzers, HardX, Reality Kings, Evil Angel y Naughty America ya la conocen, aunque hay una productora con la que todavía no se ha estrenado, y este podría ser su camino inmediato para la primavera: fichar por Vixen y preparar lentamente el capítulo para ingresar en Tushy, en vistas a que Jean val Jean ingrese dentro de su intestino grueso a continuación.

Lansky lleva unas semanas haciendo fichajes, renovando las caras de sus escenas. Ahora, a Jill Kassidy se le disparará el caché y aumentará el número de cortejos. Y en su mano está elegir un camino: o ser la nueva Riley Reid, y para eso necesita a Lansky, o tener un año de fama y luego quedar disimulada entre las hordas de chicas que vienen. No tenemos ninguna duda de que Jill elegirá bien.

 

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