Lo tuyo no tiene nombre, Karla Kush

Estábamos en deuda con Karla Kush, joven actriz rubísima, progresista y fumetas a la que debíamos una galería en nuestra página desde hace meses. Aquí la tenéis, para que os quede claro hasta qué punto lo suyo no tiene nombre.

Karla Kush
Redacción | 13/04/2016 - 15:52

A veces la vida te lleva por caminos por los que nunca esperabas transitar. Eso es lo que debió de pensar Karla Kush, sentada en el sofá de su casa después de haberse fumado un porro, cuando decidió, de un día para otro, comenzar a trabajar en el porno. Ya llevaba seis meses haciendo webcams, pero el paso que estaba a punto de dar sería para ella un auténtico salto al vacío.

Y es que Karla Kush había currado diez años de su vida, desde los 11 hasta los 21, como cuidadora de niños y de ancianos. A punto de cumplir 22 se convertía en actriz porno, lo cual, a buen seguro, colmaría de sueños y satisfacciones a muchos de los que habían recibido sus cuidados en el pasado. Tres años después, Kush es una de las actrices más prometedoras del circuito X norteamericano.

Sexo en el desierto

Karla nació en Las Vegas en enero de 1991 y pasó su adolescencia entre Texas, adonde se trasladó su padre cuando ella tenía 10 años, y Las Vegas, donde seguía viviendo su madre. Apasionada de la actuación, participó en obras de teatro en los colegios en los que estudió y, durante un año y medio, practicó el patinaje artístico.

Como recibió una educación conservadora, tuvo un novio, dos años mayor que ella, durante muchos años, con el que perdió la virginidad de una forma bien curiosa. Una noche comenzó a sentir calores corporales y lo llamó por teléfono para que robara el coche de su padre y ambos se marcharan al desierto de Nevada a echar un polvo. Así lo hicieron y así se desfloró Karla a la edad de 14 años.

Aquella entrada en una nueva dimensión de la sexualidad no cambió la vida de Karla, quien, sin embargo, comenzó a experimentar el sexo con mujeres y descubrió la bisexualidad. Acabó sus estudios y se marchó a vivir a Seattle, ya con 18 años, donde se casó con un oficial de la armada norteamericano, pero el matrimonio fue un fracaso. Apenas duró cuatro meses.

Tres años después, ya con otro novio, pero dedicándose aún al poco gratificante y peor pagado trabajo de cuidadora, decidió dar al salto y meterse en el porno. No se equivocó esta chica que fue una declarada fumeta hasta los 18 años y cuya filosofía de vida ha derivado hacia la alimentación saludable, que ama los animales y tiene dos gatos y una tortuga, que dibuja en sus ratos libres y que prefiere el cine clásico a las pelis de superhéroes trufadas de efectos especiales.

Porque su carrera, marcada por una estudiada estrategia en la que ha ido poco a poco, desde los vaginales hasta los anales, desde el porno con blancos hasta el interracial, promete como pocas.

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