Vicio y subcultura Kendra Sunderland: fue bonito mientras duró

Ha sido uno de los cuerpos más bellos y una de las profesionales con mayor instinto para el marketing que ha dado de sí el porno reciente. Kendra Sunderland, la bibliotecaria de Oregón, lo deja a los 22 años.

Kendra Sunderland 17
Javier Blánquez | 22/01/2018 - 8:54

Este domingo, vía webcam, y enseñándonos un canalillo de infarto gracias a las extensas áreas de piel que deja adivinar la lencería Vixen, Kendra Sunderland anunció a sus fans que dejaba el porno.

Sus argumentos, en esa grabación de apenas dos minutos, eran muy sencillos y escuetos: cuando entró en el porno, muy a finales de 2015, lo hizo con la intención de abandonarlo pronto porque tenía ganas de volver a la universidad y completar sus estudios. No olvidemos que Kendra era conocida, antes de fichar por el emporio de productoras de Greg Lansky, como la chica de la biblioteca de Portland, una viciosilla con mirada de ratón que, mientras hacía ver que estudiaba algo sobre biología marina, se desabrochaba la chaqueta y el canesú y, utilizando la cámara de su ordenador portátil, le mostraba a un selecto grupo de fans online las bondades de sus ubres.

El primer vídeo célebre de Kendra, ya se sabe, es el de las tetas jugosas y abundantes bamboleándose frente a la cámara mientras detrás suyo se percibe un fragor de estudio e intelectualidad, con la mala fortuna de que, mientras ella mostraba su pechuga al ancho mundo, el ancho mundo detectaba dónde se había hecho la grabación y le cayó un expediente disciplinario por obscenidad.

Kendra Sunderland

 

Su fracaso académico

Total, que por muy buena estudiante que fuera, Kendra también era una cerda inmoral para los estándares de la universidad, y durante un tiempo no le dejaron pisar las aulas.

Y de ahí su entrada en el porno: si no puedes matricularte, ¿qué haces? Ella tenía la ventaja de haberse construido un fandom extenso, gente que pedía más dosis de webcam de la misma manera en que un yonqui pide otra puntita antes de volver a casa a comer techo, y entonces Kendra se sacó un dinero con los vídeos privados, donde se masturbaba y hacía otras cosillas húmedas, hasta que alguien se dio cuenta de que ahí teníamos materia animal de primera clase y, cómo no, su ingreso en el porno profesional era cuestión de días.

Desde finales de 2015 hasta principios de 2018, que es cuando se ha publicado la, hasta ahora, última escena de Kendra Sunderland –un quinteto interracial en Blacked con Alexa Grace y Tali Dova, y con dos sementales de ébano de la categoría de Jason Luv y Jax Slayher–, la carrera de Kendra se ha circunscrito a lo más selecto, y en total, contando incluso escenas en webcam de desnudo y dedos entrando en grutas rosadas, lo que le ha aportado a la historia y al fondo documental del porno no son más de 30 escenas, lo que hace una media de una al mes –si sólo contamos las que son hardcore, en realidad son 17, divididas entre las compañías Blacked y Vixen–, y este bagaje convierte a nuestra Kendra en dos cosas: primero, una anomalía en el porno, porque ha trabajado muy poco, y segundo, en un exitoso producto de márketing, porque habiendo follado tan escasamente acumula una masa de fans en las redes sociales que se cuenta en 237.000 seguidores en Twitter y más de medio millón en Instagram. Más que una estrella del porno, es una estrella del pop.

Kendra Sunderland

 

Sus detractores

No es ningún secreto que, dentro del mundillo, se ha visto a Sunderland como una oportunista y una mala performer. Ambos puntos de vista son discutibles, pero también tienen parte de razón. Keisha Grey, la mayor disseadora del momento, llamó a Kendra, muy despectivamente, “el palo de escoba con tetas”, viniendo a decir que lo único que tenía era unas glándulas mamarias superlativas, pero la misma capacidad de movimiento que un portero de futbolín.

Y si vemos escenas de nuestra mujeraza, pues la verdad es que hay que darle la razón. Kendra no es una máquina sexual instintiva como, por ejemplo, lo son Casey Calvert, Holly Hendrix, Abella Danger o Adriana Chechik, actrices que siempre quieren llevar la iniciativa y que dirigen sus escenas –salvo que el guion diga otra cosa– hacia el lado duro del porno.

Hay chicas en el gremio que hacen más de lo que se les pide, como por ejemplo lamer con mayor dedicación de la prevista el miembro viril de su partenaire, o besar con lengua, o repasar a conciencia el ojete, y luego están las que se tumban y esperan a que la taladradora haga su trabajo, mientras mentalmente repasan la lista de la compra. Kendra digamos que no le ponía ninguna pasión extra, y por eso no hay ninguna diferencia entre verla en una escena o tener delante una muñeca de plástico, excepto aquel aspecto en el que ella era excelente, que era en la presencia física.

Kendra Sunderland

 

Porque, hay que admitirlo, el suyo es uno de los cuerpos más privilegiados del porno: piernas largas y esculturales, buenas curvas rematadas en los senos más generosos y proporcionados del momento, sin nada de plástico, pelo rubio oscuro de verdad, con unos rasgos faciales reconocibles y unas cejas del mismo color que el pubis. Así que en el porno, más que verla como a una actriz, la veíamos como una pintura del renacimiento italiano, como una Venus que, en vez de salir del mar, salía de la piscina con un semental afro para decirle ‘cómeme tó lo negro, negro’. Y él, claro está, no le hacía un feo.

 

Las ventajas de ir por libre

Lo más sospechoso del caso Sunderland es que, pese a estar en la industria del porno y ser una estrella mediática, en realidad nunca ha estado en la “industria”. Sus trabajos son para un solo productor, Greg Lansky, que además se inventó otra interesante herramienta de márketing al crear la serie Vixen Angel con ella en septiembre de 2016.

Vixen Angel es algo así como una distinción dentro de la corte de Lansky: cada mes, elige a una chica de las que graban escenas para él y la corona como la mujer del mes, algo así como la chica Playboy o Penthouse de turno, y durante ese mes tiene una presencia más fuerte en redes sociales, la agasaja con regalos y joyas y, en definitiva, le ayuda a vender los vídeos porno de Vixen como si fueran grandes acontecimientos de belleza.

Kendra, no se puede negar, siempre ha sido el ojito derecho de Lansky: estaba en su mansión a todas horas, sólo ha rodado para él, y hemos tenido la sospecha de que era, además, su chica personal, la que no compartía con nadie, salvo con otras hembras de la corte con las que se montaría tríos, cuartetos, poemas sinfónicos y orgías.

Con Riley Reid

 

Este punto no está confirmado –de hecho, no se le ha conocido ningún novio desde que entró en el porno–, pero no sería descabellado pensar que hay derecho a roce entre ella y su mentor. Al fin y al cabo, ha sido una colaboración muy beneficiosa para las dos partes, y en el fondo, en el porno siempre ha existido la figura de la chica con contrato de exclusividad para un estudio. Si en ese contrato luego hay cláusulas o no, como las que pone Florentino Pérez, eso ya lo desconocemos.

El problema es que estar vinculada solo a un estudio limita mucho la carrera en el porno, donde lo ideal es ser agente libre y elegir diferentes tipos de trabajo. Con Lansky, Kendra sólo hacía dos cosas: escenas glamourosas en Vixen, generalmente con Mick Blue o Jean val Jean, o porno interracial, ya que se dice que a ella en particular le gustan las estacas negras, y de hecho su salto a la primera división en el porno fue con Kendra’s Obsession, un ciclo IR que luego fue continuando extraoficialmente con varias escenas más, incluidas las de la serie nocturna Blacked Raw.

Lo único importante que le ha faltado ha sido –lógicamente– la escena anal, y ahí es donde seguramente estará el futuro inmediato de nuestra mujer. En el vídeo de despedida, Kendra decía que tenía una última escena por hacer (que igual ya está hecha) y que después volvería a la universidad para estudiar biología, porque quería trabajar en el futuro con animales exóticos (como si Jason Luv no fuera ya lo suficientemente exótico, ni lo suficientemente animal), y que mantendría activo el canal privado de Snaptchat y la webcam para recordarnos cómo de suculentos eran sus melones. ¿Cuál será esta última escena? No está anunciada, pero si hacemos caso de varias señales que flotan por la red, tiene pinta de que sería en Tushy.

 

El último coletazo

Al principio de su carrera, Kendra decía que no tenía claro si el sexo anal era lo suyo. “No me gusta mucho, no me da placer”, dijo a mediados de 2016, cuando empezó a hacer ruido en el mundillo. A medida que la gente se lo pedía, hace un año salió en Twitter diciendo lo siguiente: “Lo siento, chicos, nunca me veréis haciendo anal, no me gusta la sensación. Así que, por favor, dejad de pedirlo”.

Kendra Sunderland

 

Pero más tarde, en otra entrevista, avisaba de que cuando se acabara su contrato con Lansky no pensaba fichar por ninguna otra compañía, que dejaría el porno –en ese sentido, ya lo había anunciado con tiempo–, y que le gustaría que su retirada fuera memorable. “Quiero irme con una gran explosión, y podría ser mi primera y última escena anal. Una gran escena para ya no volver”. A finales de 2017, una vez más en Twitter, Kendra abría la posibilidad a abrir el orificio más secreto de su cuerpo serrano: el 10 de noviembre le preguntaba a los fans si les gustaría que Tushy fuera su última escena, y podemos imaginarnos las respuestas.

En algún momento post-AVN, o quizá esta misma semana, saldrá la última escena de Kendra Sunderland. Como experta en márketing que es, anunciar su retirada el domingo 21 de enero no es ninguna casualidad: eso la convertirá en la estrella de la alfombra roja de los AVN dentro de unos días y, aunque no creemos que gane ningún premio, su retirada será comentado en todos los cenáculos, mesas y habitaciones de hotel.

Con Bree Daniels

 

Sería un gran punto para Lansky anunciarlo durante esta semana, a la vez que se corona a la Vixen Angel de 2017, y tendríamos entonces la escena deseada, aquella en la que Jean Val Jean, Manuel Ferrara o Mick Blue –alguien de la santa trinidad caucásica de Lanksy– le borran a la chica de la biblioteca su cero sexual.

¿Nos jugamos algo? Si hay que despedirse, hay que despedirse a lo grande, y ya puestos, incluso subiríamos la apuesta, y convertiríamos el primer anal también en la primera DP, al estilo de Asa Akira, todo de golpe, sin dejar prisioneros. Un bello final para la historia. Otra cosa será si la escoba con tetas tendrá suficiente madera de performer para sacarle todo el jugo a su última oportunidad para coronarse como una leyenda de esta década, o quedarse solamente en estrella fugaz.

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Violeta (MYHYV): "En el sexo soy egoísta, busco mi propio placer".
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados