Maddy O'Reilly: La bella más bestia

Acaba de entrar en la ‘dirty dozen’, el grupo de actrices que la CNBC norteamericana considera lo más granado, la absoluta élite del porno. Basta con ver hasta qué punto se comporta como una bestia parda ávida de sexo en todas y cada una de sus escenas para comprender el porqué de su leyenda.

Maddy O'Reilly
Redaccción | 13/02/2016 - 15:23

Maddy O’Reilly está a punto de cumplir 26 años, pero estarás de acuerdo en que aparenta algunos menos.

Además, es de pechos pequeños y cuerpo menudo pero curvilíneo y tiene un saludable aspecto de buena chica irlandesa, de las que se sientan en un rincón y se portan estupendamente hasta que alguien les da de beber y desata la fiera que llevan dentro.

Su apariencia explica sin duda los papeles que suelen ofrecerle en la industria del porno.

De joven sumisa que se asoma a los placeres del sexo anal con corpiño ceñido y argolla al cuello, ávida de que le pongan el trasero como la bandera de Japón. De revoltosa teenager que le da furtivos lametones a la entrepierna de su compañera de pupitre cuando no mira la maestra.

De cheerleader lasciva que se cuela en el vestuario local para echar un polvo con el profesor de gimnasia. De niña pija que comparte sus novios con ‘madrastras’ de tan buen ver como Kendra Lust.

 

Verlo para creerlo

Pero eso no es ni mucho menos todo. Como suele decirse, en el par de años que llevamos siguiendo con interés la carrera de O’Reilly hemos visto cosas que no creerías. Naves en llamas más allá de Orión, pero también alardes de lubricidad descontrolada que nos hacen preguntarnos cómo una chica tan bella puede resultar tan bestia.

Y es que a Maddy el sexo le gusta muy marrano y, sobre todo, muy húmedo.

Para ella, un buen polvo no está del todo completo hasta que se derraman en abundancia todo tipo de fluidos. De ahí que en su Twitter hayamos encontrado incluso (y puedes creer que nos dejó sin aliento y con los pelos como escarpias) una breve escena solo apta para fans muy fans en la que nuestra chica se pinta los labios antes de recibir una lluvia dorada, como si la combinación de carmín y orina de semental le resultase irresistible.

Luego ves la coqueta libélula que lleva tatuada en la cadera y la oyes hablar con ese acento de aristócrata sureña educada en un internado que se gasta y ya no entiendes nada. Ni siquiera entiendes que en la AVN de 2015 la nominasen a un total de diez premios, en categorías tan dispares como sexo en grupo, sexo extremo, sexo entre mujeres o mejor trío, y que al final no le dieran ninguno. ¿Por qué maltratar de esa manera a una chica tan mona?

 

Escapar de Carolina

El caso es que la chica de nuestros pecados nació el 3 de mayo de 1990 en Mount Airy, Carolina del Norte. Es de origen irlandés y alemán, de familia más bien conservadora de clase media, y antes de dedicarse al porno vendió coches y trabajó de camarera en una cadena de restaurantes tex-mex.

Como en ninguno de esos trabajos se cobraba por recibir azotes en el trasero ni lluvias doradas, que es lo que a ella de verdad le gusta, O’Reilly contestó a un anuncio de ‘Se buscan modelos’ que aparecía en una peli porno particularmente guarra que estaba viendo sola en casa en uno de esos viernes por la noche de poco plan. 72 horas más tarde, sin tiempo siquiera de contarle a su mejor amiga que estaba planteándose muy en serio probar suerte en el porno, estaba en Miami rodando sus primeras tres escenas. Tres polvos de una tacada que acabaron de convencerla de que había encontrado su verdadera vocación.

Desde entonces, ha participado en 250 escenas más y ha dirigido ya un par de películas, ‘Maddy O’Reilly is a Slutwoman’ y ‘Maddy O’Reilly’s Submission’, dos espectáculos tan fetichistas y marranos como era de esperar en ella.

 

Deja que lo explique

Pero tal vez el mejor servicio que le haya hecho O’Reilly a la industria del porno (sí, la misma que la nomina para todo pero después no la premia) tal vez sea su aparición en el programa de televisión ‘Living With the Enemy’, del canal Lifetime, en el que discutió de manera argumentada y elocuente con un presunto psicólogo que intentaba convencerla de que si se dedicaba al porno extremo tenía que ser porque estaba mal de la azotea o había sufrido abusos sexuales en la infancia.

En aquella ocasión, Maddy no tuvo el menor reparo en contarle al mundo  a través de la televisión por cable que el sexo siempre ha sido su principal afición y la válvula de escape que utiliza, aún ahora, para superar su timidez. Que perdió la virginidad a los 14 años y que se las arregló para ser muy discreta y no ganarse una reputación de chica fácil a pesar de que tuvo sexo con la mayoría de sus compañeros de instituto.

También contó que no tiene el menor reparo en reconocer que es una adicta al sexo, aunque considera que hay adicciones mucho peores. Que siempre se sintió atraída por las chicas de pechos grandes y solía masturbarse viendo porno lésbico en la adolescencia, pero la primera vez que se acostó con otra mujer fue a los 20 años y ante las cámaras. Que Riley Reid es la actriz con la que ha tenido más química y que no dudaría en repetir con ella en privado. Que no tiene novio (ni novia) porque aún se siente demasiado joven para abandonar el estilo de vida promiscuo y aventurero a que se ha aficionado. Que gracias al porno ha hecho realidad fantasías fetichistas muy difíciles de llevar a la práctica en la vida real, como orgías multitudinarias o sadomasoquismo extremo en un entorno controlado.

Es más, aseguró, ante la incredulidad de parte del público, que sus padres, a pesar de su mentalidad más bien tradicional, conocen y respetan tanto su profesión como su vida privada. Y que si el porno no la hubiese sacado a tiempo de su pueblo de Carolina del Norte, hoy probablemente sería una maruja prematura, casada, con hijos y bastante infeliz.

Pero tal vez la frase que mejor define a Maddy sea esta, extraída de una entrevista reciente que, por lo demás, no tenía desperdicio: “Me divierte que la gente me vea como una buena chica, cortés y algo tímida, y que al descubrir después hasta qué punto me va el sexo duro y cómo lo disfruto piensen que estoy poseída“. Justo lo que pensamos nosotros la primera vez que la vimos…

 

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