Isis Taylor: La bestia más bella

Apoteosis de la turgencia y la curva, la latina Isis Taylor lleva ya ocho años sentando cátedra con su cuerpo de escándalo y su energía sexual desbocada. Es, qué duda cabe, una amazona capaz de desfondar a cualquier jinete, una de las bestias más bellas del porno contemporáneo.

Isis Taylor
Redacción | 13/02/2016 - 18:03

En los últimos años, el porno ‘juvenil’, el de ‘lolitas’ y debutantes, suele nutrirse de recién llegadas de dos grandes tipos.

Por una lado están las chicas del todo por la pasta, las que se abren de piernas ante la cámara porque no tienen manías y les parece una buena manera de ganar dinero fácil, pero que lo mismo podrían dedicarse a cualquier otra cosa, y tan felices. Y luego están las ‘vocacionales’, las que buscan ampliar sus horizontes sexuales a través de la experimentación sin límites, las fetichistas y morbosas que sueñan con llevar a la práctica sus fantasías más íntimas ante millones de testigos. Las que, como Maddy O’Reilly, de mayores quieren ser Sasha Grey.

Isis Taylor, como ella misma reconoce, es más bien de las primeras. No es que no le vaya la marcha (en realidad, ha dicho en alguna ocasión que el exhibicionismo sexual le ha dado grandes alegrías en la vida), pero el porno en sí no le había suscitado más que una curiosidad pasajera antes de que alguien le hiciese caer en cuenta de que podría ser una estupenda fuente de ingresos para ella.

Para entendernos, que igual de adolescente se hacía algún que otro dedo con el estreno clandestino de la madrugada, pero no era de las que se repasaban en privado el mítico gangbang multitudinario de Sasha Grey soñando con hacer algún día algo parecido. No tenía en su apartamento una repisa con un hueco para sus futuros AVN. Ella vio la oportunidad y brincó hacia ella con desprejuiciado entusiasmo, pero si le preguntas quién era Traci Lords lo más probable es que te ponga cara de acelga y de paisaje, porque nunca ha sido estudiosa del pasado del porno ni groupie de otras actrices.

 

La belleza está en los matices

Además, hay también otro aspecto fundamental en el que Maddy O’Reilly e Isis Taylor son también polos opuestos. Mientras la sureña de origen irlandés es de aspecto tan delicado que uno se sorprende de lo que puede llegar a hacer cuando se le desata la libido en plena escena, la latina de curvas rotundas resulta de una lubricidad tan evidente que basta con verla para imaginarse de lo que es capaz.

Si Maddy es una bella muy bestia, Isis es más bien una bestia muy bella. Pero bueno, como la tesis que acabamos de enunciar debe haberte parecido una de las más delirantes y peregrinas de la historia del periodismo, será mejor que empecemos a ceñirnos a los hechos.

 

Las vueltas que da la vida

El primer tío al que me follé delante de la cámara era el novio de la directora de la escena y ahora es mi marido”. Así de bello, así de bestia, es el primer recuerdo de Isis Taylor relacionado con la industria del porno.

El hombre en cuestión se llama Ethan Hunt, es afroamericano de origen cherokee y Taylor se sorprende ahora de que la llamase por teléfono para pedirle una cita pocos días después de la escena que rodaron juntos porque, según recuerda, ella estaba muy nerviosa y le hizo una felación “horrenda”.

El nombre real de Isis es Asriela Chava Baker. Es de origen peruano, israelí y escocés. Se considera latina de piel más bien oscura pero ‘no negra’, ya que, como ella misma puntualiza, en la industria del porno solo puedes ser o negra o blanca, y eso determina casi siempre para qué compañías vas a trabajar y qué tipo de escenas van a ofrecerte.

Nació en San Francisco, California, el 23 de octubre de 1989 y al parecer tuvo una adolescencia itinerante y “muy sexual”, ya que perdió la virginidad a los 13 años y la profesión de sus padres hizo que viviese en múltiples ciudades (Louisville, Spring Valley, Nueva York, Seattle…), lo que la acostumbró a cambiar de novio con frecuencia y practicar desde muy joven el sexo casual sin ataduras ni compromisos.

Ya de vuelta en California, con 19 años y ese cuerpo de absoluto escándalo que le ha dado la naturaleza (“todas las mujeres de mi familia son de pechos y culo grande“, ha declarado, como si eso lo explicase todo), se hizo amiga de una joven modelo que se estaba empezando a introducir en el porno. Su amiga vivía en una especie de piso franco del sexo compartido con otras modelos y actrices, y juntas empezaron a acudir a fiestas en el área del Valle de San Fernando en las que se consumían todo tipo de sustancias y todo el mundo acababa fornicando con todo el mundo.

Asriela, promiscua y fogosa como ha sido ella siempre (además de bisexual o, mejor, de una voracidad sexual sin etiquetas), se aficionó a participar como espontánea en esas orgías politoxicómanas con actores y actrices porno, de manera que ponerse en contacto con el agente de su amiga y decirle que ella también quería dedicarse al negocio le resultó un paso muy natural. Iba a hacer poco más o menos lo mismo, pero cobrando por ello.

Su primera incursión no pudo ser más sencilla y satisfactoria. Acudió al set de rodaje sola, en un taxi pagado por su agencia. Le presentaron al que sería su futuro marido (fue amor a primera vista: asegura que con solo darle la mano ya se le humedeció la entrepierna), le pidieron que echase un polvo con él en toma continua empezando por el sexo oral de rigor, tuvo un par de orgasmos, a pesar de los nervios del debut, y en cuanto se duchó y se puso la ropa le dieron un cheque de 2.000 dólares.

Luego hubo que repetir parte de la escena por un problema técnico, con lo que se llevó a casa un orgasmo de propina y cobró otros 1.000 pavos, detalle que acabó de convencerla de que había alcanzado el Nirvana y dedicarse al porno la iba a hacer muy, muy feliz.

 

Sin remordimientos

Corría el año 2008, el primero de la Gran Recesión, y Taylor se lanzó a la aventura de fornicar con denuedo, como una verdadera profesional. Cierto es que se metió en charcos innecesarios, como decir que no haría porno interracial porque las compañías especializadas en el subgénero pagan muy poco (a su marido, al ser mestizo, la industria le considera también ‘no negro’), lo que le valió acusaciones de racismo que le resultaron muy molestas.

De eso hace ya ocho años. En todo este tiempo, esta mujer casada que dedica su tiempo libre a jugar a videojuegos con su marido y cuidar a sus perros ha seguido demostrando que, a la hora del sexo, es una auténtica bestia. Saca mucho partido a su trasero pluscuamperfecto y su poderosa delantera, le van los gonzos tirando a salvajes, le gusta el dolor (pero, si le dan a elegir, prefiere ser ella quien lo cause, lleva una dómina en la sangre) y es un experta en lidiar con penes de talla superlativa.

Además, ha sido chica ‘Penthouse’ y portada de ‘Hustler’, conseguido nominaciones y algún que otro premio en los AVN, los FAME o los XBIZ, trabajado para decenas de productoras (incluida la española Actrices del Porno) y administrado su página personal.

Tan bien se le da lo de administrar páginas y redes, que en 2011 fue durante un corto periodo la community manager del actor Charlie Sheen. Dada la afición de Sheen a relacionarse con actrices porno, llegó a publicarse que Isis y él eran pareja. Pero la peruana concedió poco después una entrevista para aclarar que no hubo sexo entre ellos y que ser empleada de Charlie había sigo una experiencia poco satisfactoria, porque él es tan buen tipo como mal jefe.

Así es esta chica. Bella y bestia. De las que valen para un roto y para un descosido.

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