Historias del porno La chica de las palomitas

Recuperamos en nuestra página web las Historias del porno de Paco Gisbert con un rendido homenaje a una pionera inclasificable, inspiradora del post-porno, la ecosexualidad y demás ideas excéntricas y estimulantes.

Annie Sprinkle
Paco Gisbert | 02/09/2016 - 10:15

A mediados de los 60, el Valle de San Fernando no era aún el barrio residencial de las afueras de Los Ángeles en el que se concentraba la mayor parte del negocio del porno, como ocurriría un decenio después. Seguía siendo una zona de construcciones bajas, tranquila y segura, en la que vivía gente de todo tipo.

Allí pasó su infancia y parte de su adolescencia Ellen Steinberg, una chica nacida en Filadelfia cuyos padres, maestros, habían emigrado a California por cuestiones laborales. Ellen era una adolescente tímida y poco preocupada por el sexo que vio cómo las mismas cuestiones laborales que la llevaron a California la obligaron a marchar a Panamá cuando tenía 14 años.

En el país centroamericano, Ellen comenzó a darse cuenta de que atraía a los hombres, aunque su carácter apocado le impidió llegar a nada más que cogerse de la mano con uno de sus novios. Dos años más tarde, la familia Steinberg regresó a Los Ángeles y Ellen, que había dejado un noviete en la ciudad del canal, pidió a su chico que fuera a visitarla en su motocicleta. El chaval cumplió sus deseos y, en su primer encuentro, la chica tímida de Filadelfia perdió la virginidad y descubrió lo que era el sexo.

 

Los años salvajes de Ellen

El novio se quedó a vivir en Los Ángeles, pero no por mucho tiempo. A los pocos meses, ambos se marcharon a Arizona, a vivir en una comuna artística. Ellen ya era una hippie de manual y su pareja, un artista fabricando muebles psicodélicos.

Annie Sprinkle

 

La relación duró hasta que Ellen empezó a sentirse atraída por otros chicos de la comuna y decidió abandonar a su novio y marcharse a vivir a Tucson, la segunda ciudad más importante y poblada del estado. Allí alquiló un pequeño apartamento y consiguió diversos trabajos, desde limpiadora a empapeladora de pisos. Un día respondió a un anuncio que ofrecía empleo en una sala de cine del centro de la ciudad, el Plaza Theater, y acabó contratada para vender palomitas de maíz en el vestíbulo del local.

Lo que no sabía Ellen es que el Plaza Theater era entonces una sala X, después de haber vivido sus años de gloria como teatro especializado en espectáculos de burlesque, y que esa condición tenía un riesgo. Tres meses después de empezar en su nuevo trabajo, la policía entró en la sala y la clausuró por obscenidad dejando a Ellen sin trabajo pero con el recuerdo de haber visto allí una película que cambiaría su vida: ‘Garganta profunda’. Al poco tiempo encontró un nuevo empleo en un salón de masajes.

Algo menos de un año después, Ellen Steinberg recibió en su domicilio una citación en la que se le emplazaba a declarar como testigo en el juicio que había iniciado el estado de Arizona contra los responsables de ‘Garganta profunda’, a los que acusaba de obscenidad. Ella se quedó atónita; al fin y al cabo solo era la chica de las palomitas y nada sabía de los responsables de aquella película que, por otra parte, le había entusiasmado cuando la vio.

Annie Sprinkle

 

Pero, como buena ciudadana, acudió al juicio y, en una de las salas para los testigos, conoció a Gerard Damiano, el director de la cinta juzgada. Y, en su mitomanía, Ellen estaba tan fascinada por él que lo primero que le dijo fue “¿Me enseñarás a hacer una garganta profunda?”. Pese a la diferencia de edad entre ambos (46 él, 18 ella) Gerard Damiano y Ellen Steinberg mantuvieron un romance que se prolongó más allá del juicio. Siguieron en contacto e incluso Damiano invitó a Steinberg al estreno de ‘El diablo en la señorita Jones’ en San Francisco.

En la ciudad de la bahía, Ellen comprendió que en Nueva York le irían mejor las cosas y decidió mudarse para iniciar una carrera en el mundo del entretenimiento para adultos con la ayuda de Gerard. Pero tenía que procurarse un nombre artístico y eligió el de Annie Sprinkle, que utilizaría durante los 20 años siguientes, en los que fue actriz porno y prostituta, y durante el resto de su vida, cuando se convirtió en divulgadora de la sexualidad, artista, doctora en sexualidad humana e inventora del ‘postporn’.

Annie Sprinkle

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Jimena Lago: "El valor de una actriz X no se mide por el número de pollas que le meten"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados