Historias del porno La huida de Jennifer Welles

Otra gran pionera que pasó a mejor vida. El cine X empieza a ser ya una industria con varias décadas a cuestas, de ahí que cada vez haya que decirle adiós más a menudo a algunos de sus primeros héroes, como la estupenda Jennifer Welles.

Jennifer Welles
Paco GIsbert | 17/07/2018 - 16:12

Comenzar a hacer porno cuando has superado los 30 años es una rareza hoy en día, salvo en los casos de esas MILF’s que llegan al circuito mainstream dispuestas a comerse lo que el mundo no les dejó saborear en el pasado. Hace casi medio siglo, era una locura.

El porno daba sus primeros pasos y las chicas que participaban en los loops que se rodaban en las inmediaciones del Times Square neoyorquino o en la zona universitaria de San Francisco estaban interpretados por prostitutas con ánimo de reciclarse laboralmente, estudiantes con dificultades para pagarse los estudios o actrices de teatro con poca suerte incluso en los circuitos alternativos. Pero una mujer con más de 30 años no era normal.

 

Debutante tardía

Jennifer Welles tenía 32 años cuando empezó a hacer porno, en los lofts de la calle 42, junto a un grupo de pioneros que harían arrancar la historia del cine X, todavía ilegal. Gente como Jamie Gillis, Shaun Costello o Fred Lincoln, como Jason y Tina Russell o Linda Lovelace.

Jennifer Welles

 

Llegó allí después de una larga y azarosa carrera en el mundo del espectáculo de segundo nivel, tras haber sido cantante y bailarina en clubes exclusivos en los años 50, artista de burlesque en la primera mitad de la década de los 60 y actriz de películas eróticas en la segunda mitad de esos años. Había nacido en marzo de 1937 en una comunidad rural del norte de Nueva Jersey y, a mediados de los 50, se había trasladado a Nueva York en busca de fortuna.

Hizo de todo, pero principalmente cosas relacionadas con el mundo del espectáculo y el erotismo. A comienzos de los años 60 conoció al trompetista Manny Duran, un músico texano que había tocado en la banda de Dizzy Gillespie y que acostumbraba a formar parte de conjuntos de jazz, y se casó con él. Con su flamante nombre de casada, Lisa Duran, apareció como modelo de varias publicaciones eróticas en aquella década y bailó ligera de ropa en espectáculos de burlesque.

En 1968, cuando el matrimonio Duran pasaba por dificultades económicas, Lisa comenzó a presentarse a cástings para aparecer en películas de bajo presupuesto. Así, en dos años, trabajó como secundaria, o simplemente figurante, en una decena de filmes de sexploitation, en los que su única misión era enseñar las tetas sin excesivas excusas argumentales. Movida por el dinero, Lisa completó sus ingresos participando en algunos loops rodados en Nueva York, lo que la erigió como una de las pioneras del género pornográfico.

Jennifer Welles

 

Corto pero intenso

No es de extrañar, por ello, que con la legalización del porno y la generalización del formato de largometraje, Lisa Duran diera un paso al frente para convertirse en una de las primeras estrellas del cine X norteamericano, con el nombre de Jennifer Welles.

Su principal hito fue ‘Honey Pie’, un clásico anónimo de 1973 producido por el infatigable Al Goldstein. En total, Welles tomó parte de una veintena de títulos X en una carrera que se prolongó hasta 1977 y que culminó con una obra personal, ‘Inside Jennifer Welles’, una especie de película autobiográfica que contaba su vida y que estaba escrita, interpretada y dirigida (con la ayuda de Joe Sarno) por ella misma.

Jennifer Welles

 

Tras protagonizar la película de su vida, Welles llamó uno a uno a sus amigos para comunicarles una importante decisión: se retiraba del porno, marchaba de Nueva York e iba a romper todos los lazos que la unían a la industria de entretenimiento para adultos. Una huida deliberada en toda regla. Así lo hizo, tras divorciarse de Manny Duran y volverse a casar con un agente inmobiliario que le prometió una vida de felicidad a cambio de abandonar el que era su trabajo hasta entonces.

Se refugió en un remoto pueblo de Arizona, donde poseía un rancho en el que cuidaba animales y recogía perros abandonados. Llevó esa vida incluso después de separarse de su segundo marido, a los pocos años de su desaparición pública, muy feliz de haber elegido un nuevo camino. Y en ese rancho falleció el pasado martes 26 de junio a los 81 años de edad.

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