Vicio y subcultura La irrupción de la clase del 97

El relevo generacional está garantizado en el porno. Javier Blánquez pasa revista a las jóvenes actrices que han debutado en el último año y que vienen a apuntalar una industria que, cada vez más, se ha obsesionado con la búsqueda del elixir de la eterna juventud.

Naomi Woods
Javier Blánquez | 26/04/2016 - 9:33

Ser estrella del porno es como ser futbolista profesional: tu vida laboral es relativamente corta, sólo llegan a alcanzar ese estatus -es decir, consolidarse en el negocio, ganarse bien la vida- un puñado selecto de chicas privilegiadas, pero si consigues prosperar y afianzarte, te espera una etapa de mucho dinero, fama y admiración.

El porno no deja de ser una rama del negocio del espectáculo, y por lo tanto está lejos de ser una ONG: una vez se entra en la maquinaria, hay que empezar a producir un beneficio, y quien no sirva para esto -por falta de predisposición de ánimo, condiciones físicas, carisma sexual o edad– rápidamente desaparecerá del mapa. La historia del porno, de igual manera que está plagada de nombres míticos -todo lo que va de Traci Lords a Sasha Grey-, también abunda en ‘one hit wonders’, en actrices que lo intentaron y, pese a todo, pasaron por la industria de puntillas, dejando para el recuerdo un par de escenas prometedoras y poco más.

 

El porno ahora mismo

En los últimos años, la vida natural de una actriz porno se ha alargado gracias al boom de la categoría MILF, y ahí hemos tenido el ejemplo de Lisa Ann para demostrar que se puede estar en activo y rindiendo al máximo desde los 18 años hasta bien entrados los 40: quien quiera follar delante de una cámara y hacerlo durante una carrera de más de dos décadas, tiene las condiciones a favor para intentarlo. Y así, muchas actrices veteranas y con un cuerpo marcado por los estragos de la edad han encontrado su público y han conseguido resistir a la tiranía de la carne fresca y juvenil.

Alex Mae

 

Pero la realidad de la industria no es tan idílica como estas palabras pueden hacer pensar. Estrellas MILF hay muy pocas –Veronica Avluv la que más-, y no todas las chicas del negocio pueden alargar su carrera indefinidamente. De hecho, entre los extremos delimitados por lo teen y lo MILF existe una franja de edad -que comienza, aproximadamente, a los 28 años, incluso antes- en el que la industria del porno empieza a considerar que ya no eres ni lo suficientemente joven, ni lo necesariamente madura, para contentar a un público de nicho.

Durante años, muchas actrices han estado trabajando a destajo, abriéndose puertas en la industria a medida que iban abriendo también partes de su anatomía, pero llega un día en que ya no hay nada nuevo que mostrar, dejas de estar de moda, y las llamadas para rodar decaen. Todo eso sin contar circunstancias como que puede haber un matrimonio, un embarazo o un hartazgo de la situación que desemboque en retirada.

Y lo que viene después, generalmente, no es bueno: las actrices porno siguen cargando con un estigma que dificulta su ‘reinserción laboral’. Lo normal es que las más espabiladas se pongan detrás de las cámaras, gestionen su propia productora y se hagan representantes de jóvenes talentos. Las que no, se tendrán que buscar la vida como sea. O ganar la lotería.

 

La nueva hornada

Y a pesar de todo, siguen entrando chicas nuevas en el porno cada año. Cada temporada nos descubre sus propias debutantes, chicas que empiezan a grabar escenas y que, si satisfacen las expectativas gracias a los indicadores habituales -dinero que generan en descargas, seguimiento en redes sociales, conversación en internet alrededor de sus encantos, satisfacción que pueda provocar la escena en sí-, conseguirán ir escalando en el negocio. Y a medida que avancen, obligarán a que otra chica incorporada al sector algunos años antes empiece a perder fuelle, a disminuir su presencia y, finalmente, a retirarse. Es un ciclo de vida cruel y breve.

Lo más raro en el porno es cumplir los 30 años y seguir en activo. Esto no era así en los 80 o en los 90, antes de que la moda teen se fortaleciera. Había razones para no contratar adolescentes -en inglés, ‘teen’ es una franja de edad que abarca hasta los 19 años-, ya que muchas venían con el carné falsificado y los problemas legales empezaban a ser importantes. Pero el público es el que manda, y al aumentar la demanda de cuerpos que describiríamos como aniñados, cada vez fue más necesario reclutar a las actrices tan pronto como pasaban a obtener la mayoría de edad legal. Es paradigmático el caso de Sasha Grey: el día en que cumplió los 18, inmediatamente se ofreció para hacer porno. No había que perder ni un solo minuto.

Cualquiera de las actrices que más gustan ahora –Keisha Grey, Sara Luvv, Riley Reid, Mia Malkova– tuvo que empezar en algún momento, y lo normal es entrar en la industria a los 18, por afición y por curiosidad. El porno corresponde con dinero, y es una forma lucrativa de ganarse la vida, pero lo que busca la industria, más que chicas necesitadas de ingresos, son chicas con muchas ganas de experimentar con su sexualidad.

Apartir de ahí, comienza la selección natural. Muchas llegarán arriba, tendrán una buena racha durante tres o cuatro años, y posiblemente a partir de ahí su presencia en el circuito baje. Pero si nos ponemos a investigar quién es quién en la ‘clase del 97’ -fue en 1997 cuando nacieron las mozas que, hoy, con 18 o 19 años recién cumplidos, están dando sus primeros pasos en el porno-, podremos intuir quiénes serán las estrellas del futuro inmediato.

 

Un mundo de posibilidades

Hay una chica, en particular, que ha ascendido como la espuma en muy poco tiempo. Se trata de Naomi Woods, la cabeza de pelotón de este grupo de teens: nació en 1996, debutó el año pasado, y se la conoce como la Khaleesi del porno gracias a su cuerpo mínimo, sus cejas negras y su melena platino, que le da mucho parecido a Daenerys, el personaje de Emilia Clarke en ‘Juego de Tronos‘.

Naomi Woods

 

Naomi Woods responde perfectamente a las necesidades de ese público que busca conceptos como ‘barely legal’, ‘teen’ o ‘petite’: ese tipo de chica que está en la frontera entre la edad adulta (legalmente, lo es, por supuesto) y un look abiertamente adolescente. El ascenso de Naomi está siendo meteórico: las series más populares del momento, como Lubed, Blacked o HardX, han contratado sus servicios sin excepción. El cuerpo inmaculado, sin bisturí ni tatuajes, es una rareza que Woods aprovecha bien. Ella es, junto a Piper Perry (un año mayor que ella, pero igualmente lanzada al estrellato), la actriz más importante en las categorías teen actuales.

¿Detrás de Naomi Woods, quién hay? Si tuviéramos que apostar por una chica que en el futuro pueda sostener una carrera activa y apoyada por los fans, lo haríamos por Liza Rowe, también de 1996 (no es del 97 por 20 días, pero no nos vamos a poner quisquillosos) y ya cómodamente instalada en los primeros peldaños del mundillo, en cartera de productoras como Wicked Pictures, y muy entregada en todas las escenas que ha rodado por el momento. Liza empezó como actriz teen para fetichistas -era de las que rodaban sus escenas con los brackets puestos-, pero desde hace unos pocos meses ya se ha consolidado como una bomba sexual de piel bronceada, potorro peludo y mirada lasciva.

También nos gusta Chloe Couture, una rubia espigada con cara de pan, posible recambio en el futuro inmediato, por su aspecto físico, de figuras consolidadas como Riley Reid o Lexi Belle. Chloe está teniendo un recorrido fulgurante, rodando para Mofos, Lubed o Reality Kings, y coincidiendo delante de la cámara con Liza Rowe o Naomi Woods, lo que empieza a dar una sensación de química, de familia y de jerarquía: incluso llevando muy poco tiempo en el porno, la industria tiene los mecanismos para iniciar una selección natural muy pronto y empezar a descartar a las chicas que no aportan nada sustancial, y promocionar a las que tienen una aceptación casi inmediata. Esas que progresan, normalmente, coinciden en los mismos platós fornicando como tigresas.

Así, mientras Aubrey Gold está creciendo y sus escenas se multiplican, y participa en tríos con MILFs y demás variantes en las que una teen recién iniciada puede prosperar, otras tienen un crecimiento más lento o un carisma más discutible. La ucraniana Tennila, que es una rubia escultural, parece haber tenido un comienzo en falso: hay poco material suyo, y relativamente antiguo (por antiguo queremos decir del otoño pasado). Lo mismo ocurre con Lady Dee o Ariana Brown, que no han terminado de despuntar todavía, pero que merodean por el circuito juvenil coleccionando algunos polvos eficientes. Quizá, lo mejor para posicionarse, sea incluso buscar un nicho más específico: Brooke Lynn Santos, además de tener 18 años, encaja en la categoría latina, y está posicionándose para ocupar un lugar de privilegio en ese segmento.

Necesitaremos un año, por lo menos, para ver cómo se reconfigura el star system del porno a partir de estas nuevas entradas de chicas en el negocio. Algunas serán estrellas por un tiempo, y otras desaparecerán. Y mientras decimos esto, la clase de 1998 ya está empezando a pedir turno en los castings que les den acceso a la industria. Una rueda imparable que eleva a los cielos a unas elegidas y retira prematuramente a la gran mayoría de aspirantes.

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