Vicio y subcultura La misteriosa vida sexual de Rihanna

A Blánquez le mosquea sobremanera lo poco (o casi nada) que ha trascendido de la vida sexual de Rihanna en los últimos años. ¿Qué extrañas conjuras y turbios secretos pueden esconderse detrás de tan sospechoso eclipse informativo? ¿Quién demonios se está llevando al huerto a la de Barbados y cómo consiguen que no se sepa?

Rihanna
Javier Blánquez | 03/02/2016 - 19:18

Esta semana nos hemos enterado de que una de las cosas que más le gustan a Kanye West es que le metan el dedo por el culo mientras se la chupan, y esta revelación, no por inesperada -aunque él lo niegue de manera furibunda en Twitter, hace años que sospechamos que el rapero tiene esa parte de su anatomía como una de las más predilectas, un frondoso y oscuro jardín cerrado que se abre sólo (y solo) en las grandes ocasiones-, nos ha hecho cavilar sobre un montón de cuestiones importantes.

Resulta que de la mayoría de las estrellas del hip hop y el R&B conocemos con detalle una buena parte de sus hazañas sexuales, y no son pocas -tenemos, por ejemplo, a Snoop Dogg, un tipo que hasta ha rodado porno, y que cuando maneja la Visa Oro es para pasarla por entre la raja de dos nalgas femeninas, antes que en la terminal electrónica de una tienda de artículos de lujo-, pero hay varios rincones ignotos que nos mosquean profundamente.

 

Los secretos de Ri-ri

El caso más doloroso es el de Rihanna. La cosa va así: se trata, posiblemente, de la tía que está más buena del mundo entero, posiblemente la señora más cotizada si en el tema del atractivo sexual hubiera un índice IBEX parecido al de la bolsa, y lo viene siendo desde al menos nueve años, cuando recién estrenada su mayoría de edad protagonizó el vídeo de ‘Umbrella’, la canción que la catapultó a la fama.

Normalmente, de toda esta clase de superestrellas conocemos el historial básico de sus conquistas. Por ejemplo, sabemos que a Michael Jackson le gustaba relacionarse con menores, y que Madonna mezclaba los negocios con el placer hasta que conoció a Sean Penn. De Julio Iglesias se sabe sin entrar en detalles que ha follado más de lo que podríais acumular todos los que estéis leyendo este texto en una sola vida, y de Prince que, bajo esa apariencia ambigua de sarasa aristocrático del siglo XVIII, se esconde un perforador implacable que ha dado cuenta de innumerables señoritas de más de metro ochenta.

Pero, ¿y de Rihanna? Estamos a 2016, acaba de publicar nuevo disco -titulado muy acertadamente como ‘Anti’, porque parece que vaya contra todo lo que es ella: tiene anti-hits, es Anti-Rihanna y, en general, bastante anticlímax, y ahí está su anti-encanto-, sabemos que va a empezar una gira mundial, que tiene las finanzas en ebullición gracias al pastizal (25 kilos) que le ha soltado Samsung a modo de patrocinio, y que seguramente se sienta más diva que nunca, lo que le dará pie a hacer todo lo que le salga de la chona cuando le apetezca, ya sea trasnochar, cerrar un centro comercial entero para hacer sus compras, bañarse en leche de burra o ir a por el pan en helicóptero.

Pero cuando se trata de establecer un historial de novios, ligues, rollos y amantes, incluso de fijar con datos fiables cómo están las cosas a día de hoy, la cosa se complica. ¿Tiene pareja oficial Rihanna? Un día parece que sí, y al otro que no. ¿Le va la carne o el pescado? ¿Le gusta en hotel, en su casa o sólo estando de gira? Son demasiados misterios.

Rihanna

 

En realidad, Rihanna sólo ha tenido un novio oficial duradero: Chris Brown, aquel que le llenó la cara de manos en 2009 y que fue condenado a pisar la cárcel por violencia doméstica. Aquella pareja parecía fuerte y duradera, una nueva réplica del binomio Whitney Houston-Bobby Brown, incluso con sus cosas peligrosas, aunque Rihanna no fumara crack -sería un drama para sus dientes como perlas de Ceilán-.

Pero el rollito sórdido, que se podría haber limitado a salir mucho de noche y encargar botellas de champán de mil dólares -o sea, una cosa convencional pero con glamour, que es lo que hubiera hecho Beyoncé-, cruzó una línea roja inaceptable cuando Chris Brown se convirtió en un maltratador convicto, y desde entonces Rihanna no ha vuelto a ser la que era. Desde entonces, su vida privada es un fortín.

 

Demasiadas incógnitas

Poco se sabe de lo que pasó por la cabeza de la diva de Barbados cuando sucedió aquel episodio luctuoso. Rihanna no suele hablar sobre el tema -en una reciente entrevista explicaba que prefiere “olvidar” lo que pasó, aunque no le guarde rencor a Brown, con el que ha vuelto a verse aunque ya no sean amigos-, y lo primero que hizo fue tatuarse una pistola al lado de una teta.

También por aquella época, a finales de 2009 y principios de 2010, incrementó su ritmo de salidas nocturnas, y fue entonces cuando se aficionó muy fuertemente por la música dance, hasta el punto de que su mayor hit de esa época, ‘Only Girl (In the World)’, es la canción que conectó para siempre los mundos del R&B y la EDM. Pero ese mucho salir se tradujo en poco gossip: lo más que se dijo es que se estaba haciendo un Cristiano Ronaldo pero a la inversa, o sea, sólo salía con chicas, hasta el punto de que se alimentaron los rumores sobre una deriva bollera que de vez en cuando vuelven a resurgir: que si es muy amiga de Cara Delevingne y a Cara le gusta hacer la tijera, etc. Pero si hay algo bi, es simplemente bi-curiosidad. O no, vaya usted a saber.

Rihanna

 

El tema es que Rihanna ha tenido novios, y follamigos, pero los detalles están más clasificados que en una investigación criminal del FBI sobre el último caso de un asesino en serie en Nebraska. Después de aquel brote hedonista, a Rihanna se le ha relacionado con el jugador de béisbol Matt Kemp, con el que mantuvo un romance fugaz en 2010, y que se rompía y se volvía a recomponer cuando no se metía de por medio Khloe Kardashian, que también iba detrás de la codiciada presa.

De todos modos, Rihanna no tiene ese instinto calculador de quienes quieren pegar un braguetazo, porque en cualquier caso serían los hombres ávidos de dinero fácil los que tendrían que optar al trofeo, y si se acerca a un hombre no es por consolidar un prestigio social, sino por las dimensiones y habilidades de su taller. Algunos posibles ligues no son muy creíbles -en todo caso, aspirantes a rollo de una noche: Justin Timberlake, Justin Bieber-, y otros están más o menos contrastados: con el rapero Drake ha tenido idas y venidas, se les ha visto juntos en el baloncesto y en las discotecas, pero Rihanna siempre ha evitado presentar a la estrella canadiense como su novio oficial, quizá porque le estaría haciendo un favor –como ocurre con Kanye, mucha gente piensa que Drake es gay-.

La única pareja más o menos oficial que ha pasado por su vida es Travis Scott, un rapero joven y tatuado que será el telonero de su gira en la rama americana. Pero, una vez más, no hay pruebas que sustenten si esto es una relación asentada o simplemente el capricho de dos jóvenes en celo que, de vez en cuando, quedan y follan como conejos.

Sobre todo porque en los últimos meses han surgido dos nombres más que rompen la baraja: en la primavera pasada se le vio muy a gusto con Leonardo DiCaprio, el mayor follador de los últimos 20 años, y en verano se arrimó a Karim Benzema durante las vacaciones y la pre-temporada del Real Madrid. Lo de Benzema quedó en nada -ni siquiera su sequía goleadora es comparable a la sequía de lo otro a la que le sometió Rihanna-, y con Leo se cuenta que se han ido viendo periódicamente: hace unos pocos días aparecía una foto en la que se besaban en un club de Los Ángeles. Pero no hay nada más: son rumores, son rumores, que decía la canción del venado.

Rihanna

 

La única conclusión posible es que Rihanna se siente cómoda en su independencia como mujer, y no necesita una pareja para lucirla, teniendo a su alcance la amplia variedad de la oferta masculina mundial. Y que debe tener algún tipo de poder extraño para que, saliendo tanto por los garitos y viéndose con tanto maromo, no sepamos de ella ni una décima parte de lo que ya sabemos de Paris Hilton.

Este es un mundo injusto: gracias a un tuit de Amber Rose tenemos que enterarnos de que a Kanye le gusta que le meta la falange por el recto, y tantos años después seguimos sin tener la más mínima idea de qué clase de mujer es Rihanna en la intimidad de sus aposentos.

Si lo hace para alimentar el morbazo, hay que admitir que ha ganado.

Rihanna

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One Response to La misteriosa vida sexual de Rihanna

  1. Magda Lunática dice:

    Lo de que Rihanna es lesbiana no tiene el menor fundamento…

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